Política

La impostura malvinera

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Alberto López Girondo

El giro nacionalista del presidente sobre el conflicto soberano con el Reino Unido contrasta con un modelo económico que golpea a la industria, enajena recursos naturales y profundiza la dependencia.

Petróleo argentino. Prospección marina cerca de Malvinas en enero de este año. El Gobierno dejó avanzar el proyecto hasta el episodio de la bandera mundialista.

Foto: Getty Images

Las palabras, tan devaluadas en épocas de emociones violentadas desde las redes y ciertos Gobiernos, suelen revelar mucho más de lo que puede interpretarse a primera vista. Y las que atraviesan las sociedades, en determinados momentos, alumbran allí donde los mejores reflectores no llegan.
Ya van para dos meses que cuatro palabras pintadas con aerosol en una sábana ingresada subrepticiamente en el estadio donde Argentina derrotó a Inglaterra en el último mundial de fútbol resultó un parteaguas para una sociedad que parecía adormecida ante una crisis que no es solo económica, sino fundamentalmente de identidad. Así se entiende que, en el contexto de la «batalla cultural» que pretende imponer la ultraderecha, esa frase haya descolocado tanto a los promotores de esa corriente extremista como para que este jueves el presidente Javier Milei tuviera que recular de su conocido repudio a la argentinidad en general, y en un discurso por cadena nacional de un cuarto de hora, se vistiera de nacionalista, en un remedo grotesco de aquel general que, cuando la dictadura cívico-militar se hundía irremediablemente, conjeturó que la recuperación de las Malvinas podía persuadir a las multitudes de su compromiso con los valores de la nación, sometida a ese proyecto neoliberal que encarnaban, a sangre y fuego.


Quien no conociera los antecedentes, incluso personales, de Milei con Malvinas, se puede quedar con el mensaje de tono épico que esbozó el primer mandatario, rodeado de sus ministros. Y podría decir que comparte algunos de los puntos que resaltó, los cuales, en su nudo central, representan la posición diplomática tradicional de Argentina. «Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho. (…) Las islas formaron parte del territorio argentino desde los orígenes de nuestra nación. En 1833 el Reino Unido ocupó las Malvinas, expulsó a las autoridades argentinas e instaló una situación colonial que se perpetúa hasta nuestros días. Esto implica que los isleños, al ser una población implantada en un territorio usurpado, no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación y que cualquier argumento basado en referendos realizado en las islas es inválido».

Aquello, que en declaraciones anteriores estuvo puesto en duda, quedó plasmado ¿a regañadientes?
Otras cuestiones en las que no se ve objeción es en la necesidad de castigar a las empresas que están armando planes de explotación hidrocarburífera en las islas: Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, que participan del proyecto Sea Lion. Firma de capitales israelíes la primera y británicos la otra. En este aspecto, el Gobierno parece haber advertido, ahora, que no había necesidad de una nueva ley sino apenas aplicar la 26.659, dictada en la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. Aníbal Fernández recordó que, en el marco de esa normativa, en abril de 2022, fueron inhabilitadas para operar, y que un año antes, Harbour Energy decidió abandonar la operación por las intimaciones.


El presidente también habló de «construir una base naval integrada en Tierra del Fuego e incrementar nuestras capacidades en telecomunicaciones» en torno a un polo logístico que apunte a la Antártida. Otro proyecto que viene de un Gobierno anterior, como le recordó el exministro de Defensa, Jorge Taiana, y que fue vaciado desde diciembre de 2023. Todo indica que ahora la base sería otra manera de seducir a la Casa Blanca en un proyecto conjunto.

Para entender este viraje, las palabras ambiguas de Donald Trump acerca de la neutralidad sobre la soberanía de Malvinas sonaron a música para los oídos libertarios. Pero esa es una jugada del inquilino de la Casa Blanca en su inquina con el Gobierno británico por lo que considera una falta de apoyo a su aventura en Irán. Las posibilidades de que Estados Unidos abandone su política de alianza con el Reino Unido no son relevantes. Leopoldo Galtieri también creyó que tenía a EE.UU. en un puño por las operaciones encubiertas que fuerzas argentinas habían llevado a cabo en Centro América. Pero no.

Dato curioso: Yair Netanyahu, hijo del primer ministro israelí y residente en Miami, posteó en la red X su apoyo a la soberanía argentina en las islas del Atlántico Sur. «Gran Bretaña reconoció a Palestina después del 7 de octubre, ¿acaso los israelíes debemos apoyar la reivindicación británica sobre las Malvinas? Argentina, bajo el mandato de Javier Milei, es un aliado formidable y fuerte. ¿Por qué no apoyar su reivindicación?»

En otro «revival», horas antes de ese discurso «nacionalista», Milei pasó por Chile para participar en un encuentro del Foro de Madrid, un club de ultraderechistas de todo el mundo. Allí, el presidente celebró: «Chile es un lugar emblemático porque con su historia reciente nos recuerda el valor inmenso de dar la batalla cultural. Tras el derrocamiento del comunista Allende, Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años y, gracias a ello, Chile fue sin lugar a dudas la envidia en términos económicos de toda la región», dijo, obviando que fue un golpe de Estado criminal contra un mandatario democráticamente elegido y que el plan económico se sustentó mediante la violencia institucional. Tampoco registró el apoyo de Pinochet a los ingleses en 1982.

Lo destacable de esa alocución fue un furcio monumental (¿una traición del inconsciente o una verdad que se coló a cascotazos?). Explicaba Milei las bondades de su plan copiado del de la dictadura chilena cuando de pronto lanzó: «Si analizamos con un mínimo grado de honestidad y nos comparamos con los Gobiernos anteriores, está claro que nunca nuestro modelo funcionó». De inmediato se corrigió («nuestro modelo funciona y vamos por el rumbo correcto»), pero ya era tarde.

Es que a veces hasta podría decirse que Milei se pasa de sincero. Como cuando hace unos días dijo que si no resultara elegido, «yo ya tengo mi futuro asegurado, es decir, yo haciendo lo que corresponde, estoy asegurando mi futuro. Voy a vivir de dar conferencias, ya no es un problema mío, lo estoy diciendo por los propios argentinos».

Y sí, el país que dejaría será un problema para los argentinos.
Ya lo están diciendo incluso los directivos de la Unión Industrial Argentina (UIA), que hasta ahora mantenían un apoyo diríase que suicida con un modelo que asfixió hasta la muerte a decenas de miles de empresas.

Tal como se evidenció en la celebración del Día de la Industria, el 2 de septiembre, que se llevó a cabo en la planta del laboratorio ELEA en la localidad bonaerense de Los Polvorines. En ese encuentro, en el que no hubo representantes del Gobierno nacional, el presidente de la UIA, Martín Rappallini, se quejó del maltrato hacia el sector. El vicepresidente, Guillermo Moretti, en declaraciones a El Destape dijo, sin pelos en la lengua: «Esta gente no conoce el país y no conoce lo que es una industria. Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno. Sus finanzas personales aumentaron en un año un 37% en dólares. Y a la Argentina en ese año la endeuda».
La referencia a Luis Caputo fue por la declaración jurada que presentó ante la Oficina Anticorrupción horas antes. En su propia presentación, se ve que el patrimonio de Milei creció un 43% en el año que pasó. A su hermana le fue mejor: el incremento declarado de la secretaria de la Presidencia fue de un 210%.


Otro empresario, Alejandro Schvartz, titular de Visuar, fabricante de electrodomésticos con la marca Samsung en la localidad de Cañuelas, dijo a su vez: «Si Milei es reelegido, de la industria argentina no va a quedar prácticamente nada». En el mensaje que brindó por cadena nacional, el presidente señaló: «Hoy la Argentina va camino a convertirse en una potencia exportadora de recursos estratégicos demandados por todo el planeta, metales, alimentos e hidrocarburos». En tanto, en Tierra del Fuego el desguace de las plantas industriales es aterrador. A partir de su planteo es cada vez más claro de qué habla el presidente cuando habla de soberanía.

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