10 de septiembre de 2026
Por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la extrema derecha ganó las elecciones en Sajonia-Anhalt y consolida su avance. Las causas detrás del resultado, la emergencia de un líder con proyección nacional y el desafío a la democracia.

Elecciones regionales. Ulrich Siegmund, candidato de AfD, junto a la líder nacional Alice Weidel, tras conocerse los resultados de los comicios.
Foto: Getty Images
El 6 de septiembre, Alternativa para Alemania (AfD) protagonizó un resultado histórico en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt: obtuvo el 43,8% de los votos, más del doble que la Unión Demócrata Cristiana (CDU), la fuerza política dominante en ese estado durante años. La extrema derecha logró 39 de las 83 bancas y le faltaron apenas tres escaños para llegar a la mayoría absoluta. La elección significó un duro revés para el Gobierno federal del canciller Friedrich Merz, de la CDU, quien reconoció estar «profundamente conmocionado» por el resultado.
Si bien AfD ya había ganado una elección regional (así lo hizo en Turingia en 2024, cuando triunfó por un porcentaje menor y no logró formar una mayoría que le permitiera gobernar), el impactante caudal de votos que alcanzó en esta ocasión abre un preocupante panorama respecto de lo que pueda pasar, no solo en el país teutónico, sino a nivel continental, donde las corrientes del llamado posfascismo gobiernan en varios países o tienen fundadas expectativas de hacerlo en otros, tal como ocurre en Francia donde Marine Le Pen encabeza las encuestas de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
El resultado, además, tiene un efecto mayor dado que se trata del país que carga en sus espaldas con la experiencia atroz del nacionalsocialismo. En ese marco, es la primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial que un partido de extrema derecha se encuentra tan cerca de controlar un land o estado federal alemán. Si bien tanto la centroderecha de la CDU como, obviamente, el Partido Socialdemócrata (SPD), las dos fuerzas tradicionales, se niegan a coaligarse con AfD, lo cierto es que ahora se abre una etapa incierta en la que el conjunto de las fuerzas políticas que ingresaron al Parlamento de Sajonia-Anhalt deberán intentar armar una mayoría alternativa para bloquear la entrada de la extrema derecha al Gobierno regional.
Razones de una sorpresa
Más allá de lo oportuno que resultaría la activación del «cerco sanitario» o bloqueo democrático contra el ascenso de una fuerza nostálgica del nazismo, hay razones de largo y corto plazo que parecen ser omitidas por las dirigencias de los dos partidos tradicionales, y que explican el crecimiento de AfD, especialmente en el este del país. Un buen ejemplo de esto es lo que sucede en la propia Sajonia-Anhalt, que, tras la reunificación de 1990, sufrió una reconversión económica acelerada, con una destrucción masiva de empleo industrial en el tránsito forzado al mercado occidental. A esa herida histórica se suma hoy un cuadro económico nacional que no ayuda: Alemania encadena tres años de estancamiento, con una industria automotriz que solo en el último año destruyó decenas de miles de empleos y un sector exportador golpeado por los aranceles estadounidenses. Parte central de este deterioro tiene que ver con la decisión de Berlín de cortar las importaciones de gas ruso al desatarse la guerra en Ucrania. Esa decisión, tomada en su momento por el Gobierno federal de signo socialdemócrata de Olaf Scholz y mantenida por el actual de Merz, disparó el costo de la energía. Si bien el rechazo a la inmigración y los cuestionamientos a la agenda progresista en materia de derechos componen una parte central del relato de AfD, el deterioro socioeconómico también genera enojo entre los amplios sectores de la población que se han inclinado por la extrema derecha. Como dice Anna Solé Sans, en un interesante artículo publicado en el periódico digital catalán El Nacional, «la fuerza de la AfD es haber conseguido poner todos estos malestares bajo un mismo paraguas».

Replanteo. El canciller Friedrich Merz ofrece un discurso en el Parlamenteo.
Foto: Getty Images
La reacción en ascenso
Otro motivo relevante del triunfo electoral de AfD hay que buscarlo en la campaña «marketinera» que encabezó Ulrich Siegmund, quien puede convertirse, con apenas 35 años, en el primer jefe de Estado regional de la extrema derecha. De acuerdo con Romaric Godin, en una nota traducida por Pablo Stefanoni en Nueva Sociedad y publicada originalmente por el medio francés Mediapart, Siegmund logró «vender las ideas reaccionarias y autoritarias de AfD en un empaque “innovador”, tranquilizador y atractivo». Este joven, que comenzó a tomar notoriedad en las redes sociales por sus críticas a la política sanitaria durante la pandemia, asoma como una figura con proyección nacional, incluso por encima de Alice Weidel, quien venía siendo la figura principal de este partido ultrarreaccionario. El semanario Der Spiegel, que definió a Siegmund como «el hombre más peligroso de Alemania», ha consignado que varios de sus colaboradores más cercanos provienen de la Juventud Alemana Fiel a la Patria, una organización juvenil neonazi que fue prohibida en 2009.
El resultado, sin embargo, no le alcanza a AfD para gobernar Sajonia-Anhalt en soledad, y ahí se abre la pregunta de fondo: ¿cuáles son los límites reales de su expansión? Por lo pronto, el cordón sanitario contra la ultraderecha sigue formalmente en pie: la centroderecha de la CDU descartó cualquier alianza con AfD. Las declaraciones de Weidel, conocido el desenlace electoral del domingo pasado, en las que reclamó elecciones federales anticipadas y exigió la salida de Merz, parecen haberle hecho un flaco favor a cualquier tentativa de acercamiento entre ambos partidos.
Mientras tanto, el próximo test electoral llegará rápido: el 20 de septiembre votan Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental. En el segundo, otro land del este, las encuestas ubican a AfD claramente al frente, por encima de una socialdemocracia que gobierna la región hace décadas. En la capital, en cambio, la carrera es mucho más pareja, con la CDU, Die Linke (La Izquierda), AfD y los Verdes relativamente empatados, en una región donde el electorado occidental sigue funcionando como contrapeso. Por ahora, el desempeño de AfD en los länder occidentales, aunque en alza, está lejos de su performance en el este. Con las elecciones federales recién previstas para 2029, a Merz todavía le queda margen para reorientar sus políticas y conectar con las demandas de una sociedad disgustada. Sin embargo, el desenlace electoral de este septiembre en curso –con Sajonia-Anhalt primero, Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental después– puede acentuar o apaciguar el desgaste de un Gobierno federal que hasta ahora no logró revertir ninguna de las condiciones socioeconómicas en las que se asienta, en parte, el ascenso de la extrema derecha.
