Cooperativismo | BUENOS AIRES

Un tanque lleno de cultura

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Beatriz Chisleanschi

En Liniers, una cooperativa recuperó una antigua estructura industrial y la transformó en un espacio artístico autogestionado. Apoyo del Banco Credicoop.

Equipo. Gulli, Passarello y Buscema junto a uno de los murales que identifican a la cooperativa.

Foto: DIego Martínez

Liniers es el barrio porteño más al oeste de la Ciudad de Buenos Aires, el último en esa línea antes de cruzar la avenida General Paz. Allí, sobre la calle Acassuso, se erige un tanque que alberga 50.000 litros de agua, que abasteció durante muchos años, en primera instancia, a una fábrica, luego a una distribuidora de calzados y hoy es el vigía de «El Tanque Cultural», un espacio cooperativo que promueve y produce cultura.
«Nuestro Tanque contiene cultura, cooperativismo, conexión entre personas fuera de las pantallas, es un lugar de encuentro», definen casi al unísono Flavio «Pucho» Buscema y Laura Passarello, presidente y tesorera de la cooperativa, respectivamente.


Proyecto colectivo
La cooperativa El Tanque Cultural nació por iniciativa de Pucho (nadie lo conoce como Flavio), Florencio –quien fue el que consiguió el lugar– y un grupo de amigos, algunos de los cuales ya no la integran. Al principio pensaron en un lugar más chico, pero cuando se encontraron con este edificio no lo dudaron. Transcurridos cinco meses desde que lo idearon, en noviembre de 2017 consiguieron la matrícula que los habilitó como Espacio Cultural Independiente (ECI).

En El Tanque Cultural se pueden hacer talleres de distinto tipo; presenciar espectáculos musicales; participar de una peña; ver teatro, circo, mimo o clown; o ser parte de un encuentro literario. Pero también ver espectáculos como los de Un Rubio Peronista, Peroncho, Esa te la Debo, Pedro Saborido o Leo García, entre muchos otros. A la par, cuenta con una propuesta gastronómica para sus visitantes.

Un hall presidido por un gran cartel fileteado que indica el nombre del lugar da la bienvenida e, inmediatamente, invita a pasar a un largo patio lleno de plantas y decorado con tres murales que fueron realizados en vivo mientras se desarrollaban diferentes actividades.

Uno de ellos cubre la puerta que habilita el ingreso a las salas de espectáculo; otro es un homenaje a las mujeres y el tercero, pintado para un 24 de marzo, grita ¡Nunca Más!

Pero antes, «esto era un galpón, había una cinta elevadora y mientras esperábamos la matrícula, que por suerte salió enseguida, fuimos haciendo la obra», relata con orgullo Buscema respecto de cómo adaptaron los 500 metros cuadrados del predio, de los cuales no todos son utilizados actualmente.

Abanico de actividades. Talleres y espectáculos forman parte de las múltiples propuestas de El Tanque.

Foto: Diego Martínez

La cooperativa nació con 14 integrantes, llegaron a ser 22 y hoy son 18 quienes se compenetran con la idea primigenia de «descentralizar un poco la cultura, que la gente no esté pensando en tener que ir a Palermo o San Telmo, sino que tenga el recurso de poder venir acá», explica Pucho, y cuenta que «al principio nos costó hablar con el lenguaje de los artistas, a la vez que tratábamos de comprender el cooperativismo y que acá no había dueños, y eso trajo mucha pelea y, de hecho, algunos se fueron». En esos inicios, «todas las personas que fueron viniendo eran músicos, una chica que pintaba, artistas, y así se fue armando», agrega.

«Invertimos mucho en luces, sonido y en la parte técnica; por eso creemos que el lugar está a la altura de muchos otros que ya están consolidados. Lo mismo que la parte gastronómica. La gente que trabaja en la cocina hace todo: los panes, las pizzas; queremos que lo que sale de allí se sienta casero y sea de buena calidad», señala Laura Passarello. Fue la cocina, justamente, lo que les garantizó la supervivencia durante el período de la pandemia.


Premios institucionales
Si hay algo que destacan es el carácter autogestivo de la cooperativa. Salvo un subsidio que obtuvieron durante el período de confinamiento por el covid-19, se manejaron con créditos. «Si de alguien recibimos algo fue del Credicoop, que nos dio una mano impresionante. La filial Liniers nos eligió a para darnos algo de dinero para poder crecer», explica Santiago Gulli, secretario de la cooperativa, refiriéndose a los premios institucionales que otorga el banco cooperativo. También destaca el desarrollo que tuvo el lugar y cómo hoy en día se acerca gente que llega desde zonas más lejanas.

Quienes integran la cooperativa no cesan de pensar en cómo seguir llenando el Tanque de cultura, tanto con la surgida en el barrio como con la posibilidad de convocar a nombres de mayor resonancia. Y allá van, con el mismo entusiasmo y energía que cuando comenzaron, convencidos de que, a diferencia del de agua, la capacidad del Tanque Cultural es infinita y es por ello que, como concluye Santiago Gulli, «creemos que podemos ser puente para formar nuevas generaciones».

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