De cerca | PELÍCULAS Y PREMIOS

«Diseminamos la cultura de Brasil»

Tiempo de lectura: ...
Gabriel Lerman (desde Los Ángeles)

Nominado al Oscar por su labor en El agente secreto, Wagner Moura valora la profunda marca de identidad de la película. La experiencia junto a Ridley Scott y la democracia después de Bolsonaro.

Cuando hace poco más de una década fue el elegido para interpretar al legendario narcotraficante colombiano Pablo Escobar en Narcos, una serie de Netflix que se atrevió a intercalar el inglés con el castellano, fueron muchos los que se sorprendieron, ya que Wagner Moura, por más que se entregó en cuerpo y alma a aprender ambos idiomas, no podía ocultar un fuerte acento brasileño. Sin embargo, quien tomó la decisión de elegirlo sabía que su talento iba a superar cualquier barrera cultural. Después de todo, José Padilha lo había dirigido en la coproducción con Argentina Tropa de elite, ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlin, y en su segunda parte, que ganó el Festival de La Habana, y no iba a quedarse sin su actor fetiche. No se equivocó: Narcos se convirtió en un gran éxito y Moura obtuvo una nominación al Globo de Oro.

La serie, que fue también el trampolín para que Pedro Pascal se convirtiera en una gran estrella, le abrió de par en par las puertas de Hollywood, pero Wagner prefirió tomar caminos diferentes a los predecibles. Se quedó en Brasil filmando su primera película como director, Marighella, prohibida por el Gobierno de Jair Bolsonaro. Y luego participó en La red avispa, de Olivier Assayas, y encabezó el elenco de Sergio junto a Ana de Armas, que pasó sin pena ni gloria. Más interesado en los buenos papeles que en los cheques jugosos, el actor se ha reencontrado con el éxito hace relativamente poco tiempo. Alex Garland lo convocó para ser uno de los protagonistas de su notable Guerra civil y Ridley Scott le dio uno de los personajes principales en la miniserie Dope Thief de Apple +.

El papel que promete elevarlo a otro nivel, sin embargo, viene de su propio país. Parte de una racha triunfal del cine brasileño, Moura se convirtió en el primer actor de esa nacionalidad en ganar el Globo de Oro al Mejor actor dramático por El agente secreto. Y poco después repitió la hazaña al ser nominado nada menos que al Oscar como Mejor actor por la misma película, que a su vez compite en otras categorías: Mejor película, Mejor película internacional y Mejor reparto.

Memoria. Una escena de El agente secreto, que compite en cuatro categorías de los Oscar.

Foto: Prensa

–¿Cómo te hace sentir que tu país te esté apoyando no solo como actor, sino también como un representante de Brasil en el mundo?
–Maravillosamente bien y te voy a decir por qué. Es que durante mucho tiempo la pasé muy mal. La ultraderecha en Brasil diseminó muchas mentiras sobre mí, porque no querían que el Gobierno financiara la cultura, lo cual es un absurdo. Ningún país puede desarrollar su cultura sin verse reflejados en ella. Por eso estoy muy orgulloso de haber llegado tan lejos con una película que es muy brasileña y que transcurre en el noreste del país. Me fascina que las audiencias de todo el mundo se entusiasmen con una historia tan nuestra como la leyenda de la pierna peluda. Diseminamos la cultura de Brasil por el mundo. También es muy bueno que los brasileños se puedan ver reflejados, algo que está pasando ahora en que podemos poner un espejo delante nuestro con el teatro, con los libros y el arte, porque esa es la forma en la que podemos entender qué clase de pueblo somos. Es algo que necesitamos. El hecho de que los brasileños estén hinchando por sus artistas y que se sientan representados por ellos es muy bueno, sobre todo porque lo de El agente secreto está ocurriendo justo un año después de que Brasil ganara el Oscar con Aún estoy aquí, que nominaran a Fernanda Torres y que Walter Salles recibiera tantos reconocimientos. Todo esto me hace sentir que Kleber y yo no estamos solos: estamos rodeados por un país que es conocido en todo el mundo por su cultura, que es única. No hay otro país en Sudamérica que hable portugués, en el que vive gente de todo el mundo y que adora a su cultura y a sus artistas. Es imposible no sentirse muy bien con lo que está pasando.

–¿Qué distingue a Kleber Mendonça Filho como director?
–Es único, y también lo es como guionista. Es muy interesante que el espectador recién empieza a entender qué es lo que está pasando en la película después de una hora y media, que es cuando mi personaje se encuentra en el cine con el personaje de María Fernanda Cándido. Me encanta esa escena porque es la que básicamente pone todo en su lugar. Además, esa escena aparece intercalada con flashbacks, pero cuando la rodamos lo hicimos de manera ininterrumpida durante 25 minutos. Fue como estar en el teatro. Y cuando terminamos tenía la maravillosa sensación de que habíamos filmado durante 5 minutos. No podía creer que hubieran sido 25.

–Aunque el nominado al Oscar seas vos, El agente secreto está lleno de personajes.
–Sí, filmar esta película me hizo sentir como Dorothy en El mago de Oz. Tenía escenas con todos estos personajes a lo largo del viaje y, particularmente, lo que disfruté fue poder trabajar con muchos actores del noreste de Brasil, de lugares como Paraiba, Pernambuco, Alagoas, Bahía. Todos grandes actores. Eso fue muy placentero. Trabajo desde que tengo 15 años y algo que me entusiasma de mi profesión es tener a un buen actor para compartir una escena. Tal vez lo que digo sea un cliché, pero eso te permite arrojarte al abismo con la persona que tenés al lado. Me gusta colaborar con actores que te hagan sentir que la escena puede ir hacia cualquier lado. Es mucho más difícil cuando te toca actuar con alguien que se aferra al plan y sigue todo al pie de la letra. En ese sentido, Kleber es fantástico a la hora de improvisar. Te permite desarrollar la escena en cualquier dirección, sobre todo cuando parece algo natural. Te estimula e incluso te sugiere frases que podés usar.

–El presente no solo es especial por El agente secreto, también protagonizás la serie Dope Thief. ¿Trabajar con Ridley Scott fue un sueño hecho realidad?
–Por supuesto, es maravilloso cuando conocés a tus héroes y resultan ser buenas personas: no fue una desilusión. Tuve un momento con él mientras hacíamos el tráiler que nunca voy a olvidar. Me pasé una hora ahí. Me estaban tiñendo el pelo y él me estaba esperando. Tuve la oportunidad de hacerle todas las preguntas que un fan de Blade Runner, Alien y Thelma & Louise le haría. Fue maravilloso. Sin lugar a dudas es una instancia memorable en mi carrera y en mi vida. Ridley quiere que sepas que él aprecia lo que acabás de hacer, y esa es una gran cualidad. A veces nos llamaba a la sala de montaje solo para decirnos que lo que habíamos hecho estaba muy bien. Otras veces nos enviaba un email.

Foto: Prensa

–Más allá del director, ¿qué te llevó a decirle que sí a la propuesta?
–Yo quería trabajar con Brian Tyree Henry, soy un gran admirador suyo. Había visto sus trabajos anteriores, en la serie Atlanta por ejemplo. Para mí fue difícil sumarme, porque sucedió a último momento. Recibí una llamada el viernes y empezaban a rodar el lunes. Y de pronto me encontré con Ridley Scott filmando con seis cámaras y a toda velocidad. Me llevó un tiempo acostumbrarme, porque al principio no entendía dónde estaba. Todo era muy rápido y yo me sentía como pez fuera del agua, porque soy un actor al que le gusta prepararse con tiempo. Brian no solo es un gran intérprete, sino que me apoyó mucho como amigo, colega y productor ejecutivo. Es un artista que entiende las necesidades de la gente creativa.

–¿Cómo ves la situación actual en Brasil?
–Creo que la democracia brasileña es mucho más fuerte de lo que pensábamos. Muchos nacimos en la dictadura o crecimos con ella. Y cuando éramos jóvenes nos decían que nuestra democracia era frágil. En ese sentido, lo que acabamos de hacer en Brasil es notable. El hecho de que los militares fueran enviados a prisión y que Bolsonaro fuese enjuiciado y encarcelado es una demostración de la fortaleza de nuestra democracia. Me parece que hay un indiscutible paralelismo con Estados Unidos, porque la invasión de la capital ocurrió de una manera muy similar a como Trump refutó los resultados electorales. Lo mismo pasó en Brasil. El hecho de que hayamos podido hacer algo que los estadounidenses no pudieron tiene que ver con la memoria. Y eso se relaciona con El agente secreto, porque los brasileños saben lo que es una dictadura y por eso reaccionaron, porque no querían que nos volviese a pasar. Que Bolsonaro haya sido juzgado y condenado fortificó nuestra memoria de una forma que impactará en el futuro. Creo que lo pensarán dos veces antes de decir que la democracia brasileña es frágil o joven. Eso no le quita fuerza a la extrema derecha, que acaba de ganar las elecciones en Chile. En cualquier caso, no me sorprendió que nuestras instituciones tuvieran la fortaleza que han demostrado tener.

Estás leyendo:

De cerca PELÍCULAS Y PREMIOS

«Diseminamos la cultura de Brasil»