Opinión

Juan Carlos Junio

Dirigente cooperativista

Las huellas de la memoria

Tiempo de lectura: ...

Día clave. Cada 24 de marzo la sociedad se expresa multitudinariamente en defensa de la democracia.

Foto: Getty Images

Se conmemora medio siglo del comienzo de la más cruel dictadura cívico-militar de nuestra historia. Anteriormente se habían producido otros golpes de Estado, a partir de 1930 cuando fue expulsado del poder Hipólito Yrigoyen, quien había sido el primer presidente constitucional surgido bajo la Ley Sáenz Peña, que consagró el voto «universal».

Aquel acontecimiento de democratización de la vida política tenía una limitación esencial, ya que la palabra «universal» no era aplicable, teniendo en cuenta que la mitad de la ciudadanía, las mujeres, no accedía al derecho al voto. Eso fue consagrado décadas después por inspiración de Eva Perón.

Se sucedieron desde entonces diversos golpes de Estado, entre ellos, el de 1955, con su inevitable mecanismo de represión política, y el golpe de 1966, conocido como Revolución Argentina. En esos procesos se conculcaban los derechos humanos y políticos y se ejercía censura en la comunicación y la cultura.

Pero ciertamente el de 1976 tiene una característica intrínseca que lo diferencia de los demás, ya que establece una doctrina y un accionar de terrorismo de Estado, que es la utilización del conjunto de dispositivos de Gobierno aplicados a reprimir en forma cruenta a toda oposición política, social o cultural.


Modelo con continuidad
Así es que se genera en la Argentina un verdadero genocidio, con epicentro en la juventud que venía de un proceso de fuerte protagonismo político, se implanta un sistema de miedo y terror, se prohíbe la actividad política, alineando al país en una estrategia internacional sustentada desde esferas de Estados Unidos, al igual que otras dictaduras del continente.

Es importante agregar que esa metodología política tenía como propósito la aplicación de un modelo económico, algunas de cuyas líneas directrices han tenido continuidad hasta el presente, inspirado en las clásicas doctrinas neoliberales que implicaron un crecimiento exponencial de la deuda externa, comprometiendo el patrimonio nacional, la privatización de empresas públicas, desindustrialización del aparato productivo, particularmente de las pymes, e imponiendo un régimen de acumulación centrado en la especulación financiera. Recordemos aquel apotegma simbólico de la dictadura: «es lo mismo producir acero que caramelos».

Así es que la aplicación de ese modelo económico generó una burbuja financiera que implicó una importantísima transferencia de ingresos del sector del trabajo y de las clases medias hacia grupos concentrados de las finanzas, exportadores de productos primarios y otros núcleos monopólicos tanto locales como extranjeros.

Es dable destacar que desde el primer momento hubo un núcleo de valiente resistencia, las Madres de Plaza de Mayo, que reaccionaron con firmeza, en primer lugar reclamando por la vida de sus hijos e hijas, constituyéndose luego en un sujeto político que fue galvanizando crecientemente a la opinión pública democrática que reclamaba por la vigencia de los derechos humanos y la aparición con vida de los desaparecidos. En ese período se iba conformando la consigna de «Memoria, verdad y justicia», que con el paso del tiempo se consolidó como el reclamo histórico de los organismos de derechos humanos y de la mayoría de la sociedad.


Recuperar sueños e ideales
Transcurridos 50 años podemos afirmar que aquellas convicciones y aquella militancia -sostenidas durante la propia dictadura y con continuidad desde la recuperación de la democracia hasta el presente- fueron consolidando en la sociedad la exigencia de justicia frente a las desapariciones, las torturas, los robos de niños y la implantación de campos de exterminio. Esa exigencia atravesó distintas identidades políticas y culturales para constituirse en un fenómeno mayoritario. Este consenso potente logró influir en los acontecimientos políticos con diversos propósitos, que se fueron cumpliendo en su totalidad o parcialmente. Entre ellos la sanción a los responsables de la represión, primero con el Juicio a las Juntas y luego con diversas instancias que incluso revirtieron los indultos del menemismo, y que, como caso único en el mundo en estos tiempos, implicó la condena de centenares de los responsables de aquellos crímenes.

La conmemoración nos interpela a defender más que nunca la ya tradicional política de derechos humanos del país, recuperar sueños e ideales de transformación social con un sentido de progreso, seguir valorando el ejemplo de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y su reivindicación de los 30.000 desaparecidos. Estamos convocados a seguir reclamando «que digan dónde están», a persistir en la búsqueda del esclarecimiento de los crímenes y, muy especialmente, a seguir recuperando a aquellos niños, hoy adultos, que fueron robados por la dictadura.

Una vez más, millones de ciudadanos y ciudadanas hermanados ganarán las calles y plazas de todo el país este 24 de marzo pronunciándose, como siempre, por «Memoria, verdad y justicia».

Estás leyendo:

Las huellas de la memoria

Dejar un comentario

Tenés que estar identificado para dejar un comentario.