Política | LAS BATALLAS DE MILEI

La moral del ajuste permanente

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Alberto López Girondo

De Tucumán a Budapest, el presidente proclama doctrina libertaria mientras deja sin explicar escándalos y defiende una política económica que golpea cada vez más fuerte a los sectores populares.

Tributo a Adam Smith. En un foro realizado en Tucumán Milei destacó la obra del economista escocés y dijo que «era un gran profesor de filosofía moral».

Foto: NA

En su discurso en el Foro Económico del NOA que se desarrolló en el Hotel Hilton Garden Inn de San Miguel de Tucumán, el presidente volvió a desplegar una exégesis del pensamiento de Adam Smith, como había hecho un día antes en Buenos Aires, y ensalzó que el economista escocés, «básicamente, era un gran profesor de filosofía moral». En ese marco inscribió su lema de inauguración del año legislativo: «La moral como política de Estado». Fue una especie de clase académica de alrededor de 80 minutos en la que Javier Milei insistió en diatribas contra los «empresarios prebendarios que le ponen tonelada de guita los periodistas»; sin nombrarlo, aludió al CEO de Techint, y sugirió que hay «una carnicería» contra su Gobierno. Horas más tarde, partió en el avión oficial ARG 01 con destino a Budapest, donde se reuniría con el presidente húngaro, Tamás Sulyok, y el ultraderechista primer ministro, Viktor Orbán.

Pero la verdadera razón del viaje a Hungría era el encuentro de este sábado en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC). Un club derechista que desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca funge como el gran catalizador internacional de referentes de ese sector. En la aeronave oficial tuvieron cabida su hermana, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno. No se sumó, esta vez, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, atribulado por estos días a raíz de la revelación de otros vuelos con fuertes cuestionamientos desde lo ético, que catapultaron investigaciones sobre la esquiva posesión de bienes materiales difíciles de sostener con sus ingresos declarados. Ni en Tucumán ni en el homenaje previo al moralista nativo de la ciudad de Kirkaldy, Milei habló sobre el «Adornigate» ni sobre la otra mancha que se extiende sobre su gestión: la criptoestafa $Libra, en la que tanto él como la secretaria general de la Presidencia aparecen cada vez más complicados.

Como si con estos «contratiempos» no fuera suficiente, a esto se le suma que los datos de la inflación, la desocupación y la caída en picada de la imagen presidencial también golpean en Balcarce 50, por más que el mandatario intente barrer debajo de la alfombra. O la AFA vuelva a ser noticia por las investigaciones judiciales contra la cúpula. Con un combo, además, en que la guerra en Irán golpea de lleno en la estrategia económica del ministro Luis Caputo, por el lado del incremento del precio del petróleo, de insumos básicos para la producción agrícola como la urea, y el riesgo que las bravuconadas del presidente contra Teherán terminen por meter al país en un conflicto en el que no tiene arte ni parte, por más que ese sea el deseo y hasta la necesidad política del Gobierno, como ya no callan sus voceros más belicosos, entre ellos la senadora Patricia Bullrich, que dan como probada la intervención de agentes de Irán en este ataque y en el de la AMIA.

Durante el acto en conmemoración de los 34 años del atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, Milei dijo que ese hecho «es una herida en el pueblo argentino, en la comunidad judía y en los cimientos morales de nuestra sociedad» y añadió que desde entonces el país enfrenta al terrorismo y subrayó que «Israel es un aliado estratégico de nuestro país y, por eso, reafirmamos nuestro compromiso porque creemos que es lo correcto. Llevamos la moral como política de Estado», dijo. 

Es la economía…
Lo llamativo, a esta altura, para quienes tienen algo de memoria es el argumento recurrente no solo para justificar las medidas que busca imponer la élite conservadora, a 50 años del golpe, sino también la justificación para cuando todo sale mal, como inevitablemente ocurre. Esta semana, Luis Caputo trató de explicar las razones por las cuales la inflación viene en aumento, a pesar del discurso presidencial en contrario. «Veníamos muy bien hasta junio del año pasado y sufrimos un retroceso en los últimos siete, ocho meses», dijo en el 21° Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas. Bien al estilo del «veníamos bien y pasaron cosas» de Mauricio Macri en 2018, que fue usado para explicar la mochila de la deuda con el FMI que el propio Caputo dejó como legado de su primer paso por la administración pública. El caso es que mientras el titular de Economía ensaya alambicadas explicaciones sobre el por qué de la escalada inflacionaria y estira algunos meses el famoso dato de que el IPC dará «con un cero coma», Milei sostiene que en realidad ya estamos en ese escenario y «todo marcha de acuerdo al plan», con una inflación mayorista que a él le da con un 0 adelante. 

En las calles, sin embargo, pasan otra película y la población de a pie está dando, según coinciden varias encuestas, muestras de repudio a la palabra oficial. Crece, en este contexto, el rechazo al Gobierno, y lo más destacable es que esos guarismos se dan incluso entre votantes de La Libertad Avanza. También se registra mayor cantidad de respuestas que reflejan cansancio sobre los mensajes acerca de la «batalla cultural» mileísta. Es que el incremento en los niveles de morosidad crediticia señalan que no hay más lugar para seguir pedaleando las deudas con tarjetas para comprar artículos esenciales: alimentos y medicamentos. Es así que productos como la carne ya son un lujo para gran parte de los argentinos.

A todo esto, en la oposición peronista se siguen cruzando invitaciones a unirse a algún tipo de alianza para enfrentar al oficialismo ante un previsible clima de mayor deterioro social y carencia de presentación que esté en condiciones de defender a los caídos del sistema, que son cada vez más, pero están más invisibilizados en las cuentas oficiales que provienen del Indec caputista. Hay quienes pretenden extender el convite hasta la vicepresidenta, notoria negacionista de los crímenes de la dictadura.

Uno que también percibe para dónde están soplando los vientos es el expresidente Macri. En un acto que se realizó el pasado jueves en Parque Norte, azuzó a sus seguidores que aún están en el PRO, el partido que fundó en 2007, a volver del letargo para plantarse de cara al 2027. Ninguneado por LLA, que como un Pacman le va comiendo a sus acólitos, está buscando un lugar bajo el sol sin distanciarse de la base ideológico-política conservadora. En realidad, quiere competir en el espacio del oficialismo para negociar mejores lugares ante una eventual candidatura de Milei o, si todo se termina de ir al demonio –por causas económicas o «morales»–, encabezar a ese sector de la sociedad que jamás votaría a alguien con el menor atisbo de peronista. «El PRO no viene a cuestionar el rumbo, señores. Viene a completarlo». Y para que no queden dudas, agregó: «No vamos a hacer oposición, no vamos a boicotear ninguna ley que haga bien al país, no vamos a darle ninguna excusa al populismo para volver. Eso no va a pasar nunca».

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