Política | CRÓNICA DE UN ASCENSO VERTIGINOSO

Adorni antes de Adorni

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Ricardo Ragendorfer

En el ojo de la tormenta por las denuncias de un incremento patrimonial irregular, el jefe de Gabinete no encuentra respiro, pese al respaldo del Gobierno. Repaso de su trayectoria para entender el presente.

Periodista. El funcionario trabajó como comunicador antes de su llegada a la función pública.

Foto: Captura

El informe de gestión realizado el 29 de abril por el jefe de Gabinete Manuel Adorni, fue un espectáculo único e irrepetible. 

Desde un palco del recinto de la Cámara Baja, el presidente Javier Milei lo aplaudía a rabiar. También resaltaban todos sus ministros, además de las más altas autoridades partidarias. De hecho, los ojos del país se habían clavado en esa –diríase– ceremonia, a la que un sector de la prensa definió como «un himno a la impunidad». Esa impresión fue fruto de sus respuestas, siempre proferidas con un dejo de ofendimiento, ante las inquietudes –según su parecer– insidiosas de algunos diputados opositores sobre su extraordinaria movilidad económica a partir de diciembre de 2023. Fue cuando el destino lo entronizó en la vocería del actual mandatario. Un asunto sobre el que, en la actualidad, corre un río de tinta, y sin dejar de agravarse con el paso de los días.

No obstante, en esta historia se desliza otro misterio aún no debidamente abordado: ¿Cómo diablos fue que él, un ciudadano de a pie y sin grandes logros a lo largo de casi toda su existencia, se transformó de un momento a otro en una figura central de la política argentina? Al punto de que hay quienes no vacilaron en considerarlo –hasta el estallido de su escándalo patrimonial– el funcionario más influyente del Gobierno de La Libertad Avanza (LLA), después de Karina Milei. Motivos, desde luego, no les faltaban. 

Bien vale, entonces, reparar en la parte previa de su brinco hacia el poder. 


Nace una estrella     
La escribana Adriana Nevechenko, quien intervino en todas sus adquisiciones inmobiliarias, es una de las grandes protagonistas de esta historia. Y al declarar en calidad de testigo ante el juez federal Ariel Lijo, el fiscal Gerardo Pollicita le preguntó si hubo operaciones anteriores a esa fecha.

Su respuesta fue:  

–No. A él justo se le dio todo junto. 

Y a modo de remate, soltó una risita. 

Lo cierto es que la conversión de ese hombre en el heraldo de cabecera del régimen libertario fue obra de una maniobra del azar.

Porque, previamente, Milei le había ofrecido esa función a la animadora televisiva Marina Calabró. Pero ella rechazó la propuesta. Recién entonces, Adorni fue convocado a tal fin.

Eso ocurrió en la suite que Milei ocupaba en el Hotel Libertador luego de su victoria en el balotaje. Adorni salió de allí con una sonrisa de oreja a oreja. Los periodistas apenas repararon en aquel sujeto de contextura torva y mirada huidiza que lucía un jogging rojo Desde luego, no imaginaban la importancia que cobraría en un futuro inmediato.

Adorni sí lo intuía. Y obró en consecuencia.


Traje azul
Sin perder el tiempo, su acto inicial en ese sentido fue acudir, durante la mañana siguiente, a la sastrería Carzalo, ubicada entre las calles 12 y 59 de La Plata, su ciudad natal. De allí salió con un traje azul, acaso con demasiada fibra sintética, que financiaría en 12 cuotas. 

Con esa indumentaria asistió, días después, a la jura de Milei. Y también en sus primeras apariciones como vocero en la Casa Rosada. Recién la semana siguiente, alternaría tal vestimenta con otro traje, ahora de color gris, otra vez adquirido en Carzalo con idéntica financiación. 

El tipo tocaba el cielo con las manos. Y no tenía la más mínima duda de tener ante sí un venturoso porvenir. Un futuro que debía aprovechar. 

Claro que su esposa (y madre de sus dos vástagos), Bettina Angelotti, no fue ajena a semejante circunstancia. 

Ella, una licenciada en Administración Agropecuaria y coach ontológica (rama de la metafísica que ayuda a las personas a encontrar sus metas) hizo uso de esta disciplina para para rescatar a Manuel del oprobio en el cual, ya durante la época de la pandemia, se había sumido su vida.  

Y empezó con una recomendación: –Tenés que reinventarte, Manuel.

Aquella frase bastó para que él, ante todo, se hiciera un implante capilar para ocultar su calvicie, algo que lo perturbaba sobremanera. 

Fue un procedimiento trabajoso.  Y consistió en la extracción de folículos (de a uno) situados en la nuca y en los costados para colocarlos (con anestesia local, durante unas seis horas) en las partes afectadas. Así, su aspecto físico fue el efecto más visible del consejo de Bettina. 

El resto no sería menos complejo. Pero en su alma palpitaba la voluntad de saciar todos sus sueños y ambiciones. 


Camino al éxito
Cabe destacar que, desde su adolescencia, este individuo de 46 años hizo todo lo posible por treparse al peldaño más elevado del éxito.

Desde cursar Economía en la Universidad Nacional de La Plata (durante siete años y sin recibirse), hasta probar suerte en la Universidad Argentina de la Empresa, donde al final obtuvo el título de Contador Público. Luego logró un puesto de profesor suplente en la Universidad Abierta Iberoamericana. Pero, más allá de dicha experiencia, nunca tuvo un empleo vinculado a su especialidad académica, salvo algunas changas en empresas pequeñas.

Entonces, se volcó al periodismo. Cada tanto le publicaban algún artículo en Infobae. Hizo columnas en un programa de Radio Rivadavia (cuyo conductor, Baby Etchecopar, le pagaba un sueldito de su propio bolsillo). A veces solía ser panelista televisivo en La Nación+ y en A24. Sin embargo, en aquellos sitios no pasó de ser un personaje de relleno. Mientras que, en el canal Metro, tuvo un ciclo de madrugada, aunque sin arañar un solo punto de rating. 

Ya no era un jovenzuelo cuando se dio cuenta de que todas las ilusiones que había amasado estaban fuera de su alcance. Eso, en rigor, lo mortificaba del mismo modo que, en su momento, la calvicie. 

Fue cuando Bettina le recomendó lo de su reinvención. 

Su trabajo sobre él tuvo sus frutos.


Pobre Baby
La primera victoria de Adorni contra la mediocridad fue en el campo de las redes sociales, al recibir el premio Martín Fierro nada menos que en el rubro «mejor twittero de 2023».

Bettina, entre el público, con los ojos humedecidos por la emoción, declamaba su nombre a viva voz. 

Respaldo total. El presidente, en un hecho inédito, alentó como un hincha de fútbol a Adorni desde un palco del Congreso. A su lado, Karina Milei y Luis Caputo.

Foto: NA

Todos sus posteos tenían que ver con la actualidad nacional, apuntando preferentemente hacia la corrupción kirchnerista. 

El tipo había descubierto su potencial político. 

De modo que no demoró en crear la agrupación «Uni2», subyugado por el carisma de Ricardo López Murphy, sumándose así a la alianza Republicanos Unidos, acaudillada por el otrora ministro. Y ya en los comicios legislativos de 2021, Adorni figuraba en su lista de candidatos a diputados. 

Aquella vez obtuvo el 0,03% de los votos; pero eso no minó su férrea voluntad de triunfar. 

Dicho sea de paso, entre quienes en aquella ocasión sí accedieron a una banca en la Cámara Baja, resaltaba –por el sello Avanza Libertad– un muchacho algo estrafalario, llamado Javier Milei.

Fue en aquellos días cuando ambos se conocieron en los estudios de C5N, durante el programa de Gustavo Sylvetre, a donde solían concurrir de tanto en tanto como panelistas económicos, El flechazo entre ellos fue inmediato. Y esa vez, terminaron departiendo hasta la madrugada en un bar.  

A continuación, Adorni le envió un mensaje directo por X (antes Twitter) y Milei no demoró en llamarlo por teléfono. 

Desde entonces, Milei fue para Adorni un verdadero gurú, mientras que, para el futuro presidente, él fue uno de sus discípulos predilectos. 

En tanto, Adorni seguía trabajando junto a Etchecopar, quien no dejaba de pagarle unos pesos por ello. 

Ya se sabe que, a partir del 10 de diciembre de 2023, Adorni sería nada menos que el mensajero de todos los actos y acciones oficiales de Milei. 

He aquí algo que lo pinta de cuerpo entero: ese día lo llamó un productor de Etchecopar para sacarlo al aire. Fue su secretaria quien se puso al habla, a la que él le mandó a decir: 

–El licenciado Adorni no da entrevistas. 
Desde aquel momento, Adorni nunca más le atendió el teléfono al pobre Etchecopar.
Pero en su historia aún no está dicha la última palabra. 

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