Cooperativismo | TIEMPO ARGENTINO

«Dueños de nuestras palabras»

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Mariana Aquino

El medio de comunicación cumple diez años como cooperativa. Una voz progresista que aporta a la conversación pública en una coyuntura compleja.

Resistir, producir y crecer. Parte del equipo de trabajo de Tiempo en la redacción, ubicada en la Ciudad de Buenos Aires.

Foto: Rolando Andrade Stracuzzi

Tiempo Argentino es, sobre todo, una experiencia de periodismo colectivo. Un bondi que solo puede seguir adelante con el apoyo de la comunidad que lograron construir en estos diez años como cooperativa. Cuando el Grupo 23, encabezado por los empresarios Sergio Szpolski y Matías Garfunkel, se fue sin pagar sueldos y presentó la quiebra, los trabajadores y las trabajadoras se quedaron en la redacción, sacaron un ejemplar de resistencia el 24 de marzo de 2016 (el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, un símbolo de lucha y resistencia, pero también como ejemplo a seguir) y lo vendieron en las calles de la Ciudad de Buenos Aires. Ahí empezó todo.

«Nosotros nacemos como cooperativa durante un Gobierno de derecha, y en ese momento nos pasaba que había mucha gente que acompañaba nuestra línea editorial, y eso fue una de las cosas determinantes a la hora de decir: “Bueno, la voz de Tiempo es necesaria. Nos tenemos que quedar”». Maby Sosa es la responsable de Géneros en el diario, un rol que fue construyendo dentro de la cooperativa. «Siento orgullo de hacer lo que me apasiona en el lugar que elijo y sin concesiones».

Tiempo es una síntesis de la historia argentina reciente. En sus páginas se refleja el vertiginoso devenir de una Argentina en permanente cambio, avance y retroceso.

«Tiempo está atravesado por los Gobiernos y sus políticas. En la etapa del macrismo, nos tocó reconstruir desde cero el medio, recuperarlo y transformarlo de una empresa tradicional a una cooperativa, con lo que implica todo ese proceso, en medio de un conflicto», explica Federico Amigo, miembro fundador y actual secretario de la Cooperativa de Trabajo Por Más Tiempo, que gestiona el diario Tiempo Argentino.

En sus 10 años como cooperativa se constituyó en una referencia en la recuperación de los medios de comunicación abandonados por la patronal. «Tiempo, como medio cooperativo recuperado es una experiencia difícil de encontrar en el país. Eso despertó, por supuesto, mucho interés, muchas miradas y también muchos puntos de contacto con otros medios que ya eran recuperados o que se formaron como cooperativas. Y terminó siendo, de alguna manera, una referencia», analiza Amigo.


Pioneros
Tiempo no sería lo que es sin sus trabajadores, que decidieron quedarse y poner en pie un diario cooperativo, pero tampoco sería lo que hoy es sin sus lectores, devenidos en asociados de la cooperativa. Por Más Tiempo fue fundada el 16 de mayo de 2010. Diez años después, el mensaje a sus lectores es: «Tu aporte nos permite crecer. Nos impulsa para seguir contando lo que el poder concentrado silencia». Y esa convicción les permite seguir adelante.

«Somos el primer medio en pensar en esto de la comunidad, de apoyar al periodismo de forma directa. Hoy es más común, pero hace diez años fuimos pioneros y hoy tenemos una buena cantidad de socios que sigue vigente, aún en este contexto», dice Malena Winer, presidenta de la cooperativa, sobre el valor de involucrar a los lectores en el proyecto.

Además de ser un portal de noticias de actualización permanente (tiempoar.com.ar), Tiempo Argentino sale a la calle en papel todos los domingos. Sus suscriptores tienen a disposición en sus hogares un ejemplar dominical cada semana y quienes aún no se asociaron, pero quieren leer el diario, lo pueden comprar en kioscos de la Ciudad de Buenos Aires. A los suscriptores de las provincias les llega la versión digital en PDF.

Actualmente, Tiempo tiene ingresos por publicidad pública, publicidad privada y fondos concursables nacionales e internacionales, pero el 50% de sus ingresos provienen de las suscripciones. Y eso es lo que les da la independencia. «Nuestra comunidad es la que nos permite contar todo lo que está pasando, sin condicionamientos. Necesitamos ser más para que nuestra voz, la de las trabajadores y los trabajadores, sea cada vez más potente», asegura Amigo.

El diario está atravesado por un fuerte interés en temas sociales, derechos humanos y visibilización de las problemáticas de los sectores más desfavorecidos. Las secciones, tanto en papel como digital, son las habituales de todo medio masivo: Política, Economía, Información General, Géneros, Mundo, Gestión, Cultura, Deportes y Espectáculos. También tienen especiales sobre Medio Ambiente, Educación y Turismo. A la par, brindan talleres con descuentos para suscriptores, envían un newsletter semanal; también cuentan con un espacio de formación y con otro audiovisual de producción propia.


Un presente complejo
«Esta es la etapa más compleja», dice Amigo, al referirse a este presente donde el Gobierno de Javier Milei agrede permanentemente a la prensa; persigue, reprime y ahoga económicamente a los medios en general, y a los autogestivos en particular. «Este Gobierno odia todo tipo de organización colectiva, como la nuestra. Tiene una política de destrucción de lazos solidarios. La crisis económica nos golpea desde el día uno y que cada vez se profundiza más, pero también nos fortalece porque el desafío es resistir y pensar en cómo –incluso en la adversidad– podemos crecer».

«El público que nos lee y aporta con su suscripción es víctima igual que nosotros de estas políticas de vaciamiento, de recortes, de aumento de tarifas, de aumento del boleto, de recortes para cualquier tipo de beneficio en función de un traspaso de riqueza de quienes menos tienen a quienes más tienen», considera Winer.

Para Sosa, Tiempo es un diario con una línea editorial honesta, que no forma parte de operaciones, que da libertad y configura una experiencia diferente de periodismo. «La posibilidad de poder gestionar nuestra propia línea editorial es motivo de orgullo», afirma.

Cuando Amigo habla de Tiempo surgen las palabras desafío, compromiso y resistencia. «Resistir, permanecer y crecer es también un mensaje hacia el resto del sector. Es mostrar que se puede trabajar con un modelo distinto». «Cuando finalmente te interpela este proyecto –reflexiona–, te das cuenta de que estás ante la posibilidad de pensar, todos los días, cuál es el medio que queremos construir, de qué manera, con qué criterios, con qué responsabilidades, con qué valores y con qué mirada periodística. Y creo que eso, para quienes trabajamos en periodismo, es muy desafiante».

Winer destaca las puertas que el sector cooperativo y de fábricas recuperadas le abrieron al diario. «Somos parte de un movimiento mucho más grande, y dentro de ese movimiento también somos importantes», dice. Para concluir, a una década de iniciar el camino más difícil, pero más gratificante, Malena convoca a la audiencia de todo el campo popular: «Sentimos orgullo por lo que formamos y sostuvimos en estos 10 años, también por lo que hacemos y por lo que vendrá. Queremos seguir haciendo periodismo, queremos seguir contando lo que contamos, y para eso necesitamos de nuestros lectores».

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