13 de mayo de 2026

Vancouver. Discurso de Infantino durante el 76.º Congreso de la FIFA, el 30 de abril de 2026.
Foto: Getty Images
Gianni Infantino pidió escolta papal para el Congreso reciente de la FIFA en Vancouver. Que bloquearan la carretera para que su caravana dorada circulara libre. Nivel jefe de Estado. La solicitud fue rechazada. Y la FIFA negó el pedido una vez que trascendió la noticia. Fue el Congreso en el que Infantino, suizo de 56 años, salario anual de 6 millones de dólares incluyendo bonos, anunció su reelección para iniciar en 2027 su cuarto mandato seguido y completar en 2031 quince años como nuevo gran emperador de la FIFA.
Sudamérica feliz. La Conmebol fue la primera Confederación que anticipó el apoyo pleno al sucesor de Joseph Blatter y de João Havelange (17 y 24 años, respectivamente, para cada uno en el cargo). Sudamérica confía en que Infantino impulsará su pedido para ampliar el Mundial de 2030 de 48 a 64 selecciones, por única vez, y darle entonces más partidos a las sedes de Uruguay, Argentina y Paraguay, que por ahora (con el cronograma de 48 selecciones) solo albergarán juegos inaugurales, pues la Copa se desarrollará en la candidatura conjunta de España, Portugal y Marruecos.
Haberle otorgado el Mundial 2030 a tres continentes allanó el camino para darle la Copa siguiente, de 2034, a Arabia Saudí, financista central de los proyectos de Infantino, aunque con algunos proyectos en crisis tras el estallido de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Cuentan que cuando Donald Trump inició en 2017 su primer mandato presidencial le dijo tres cosas a su gran amigo Gianni: 1) que no se opondría a mantener a Rusia y a Qatar como sedes de los Mundiales 2018 y 2022 (una doble votación de 2010 de la que salieron derrotadas Inglaterra y Estados Unidos y tras la cual Washington impulsó el FIFAGate que derivó en la salida de Blatter); 2) que Estados Unidos fuera sede del Mundial siguiente (2026, junto con México y Canadá, como efectivamente sucedió) y 3) derechos televisivos para que Trump negociara supuestos acuerdos políticos con poderosas cadenas de TV que eran críticas de su gestión).
La era Infantino repartió entre 2023 y 2026 hasta 8 millones de dólares a cada una de las 211 Federaciones afiliadas. El Programa FIFA Forward distribuyó más de 5.000 millones de dólares en fondos para el desarrollo del fútbol. Todo gracias a unos ingresos que subirán a 14.000 millones de dólares para el ciclo 2027-2030. En diez años, Infantino multiplicó por ocho los ingresos de la FIFA. Eso asegura votos, más allá de que la poderosa UEFA está enojada porque lo ve excesivamente ambicioso y personalista, priorizando viajes por el mundo con Trump antes que asistir a Congresos de la propia FIFA.

En otra. cancha. Saludo de Infantino con Jibril Rajoub, presidente de la Asociación Palestina de Fútbol, en el congreso de Vancouver.
Foto: Getty Images
Infantino, que concedió al «Señor Guerra» (Trump, ¿quién sino?) un insólito «Premio de la Paz», logrará un ingreso record de 11.000 millones de dólares con el Mundial 2026, por derechos de TV, patrocinio y el treinta por ciento que le quedará a la FIFA por la venta de los boletos carísimos de la Copa, a mil dólares en primera fase, a diez mil la final. ¿Deberíamos investigar a «Johnny», como le dice Trump a Infantino? Difícil. Apenas asumió, Infantino reformó a su medida los Comités de la FIFA que deberían investigarlo. Y también los tribunales suizos y estadounidenses cerraron sus causas contra la FIFA. Allí están el avión qatarí que lleva a Infantino por el mundo. La residencia familiar de Miami, más departamentos en Suiza y París.
«El fútbol –repitió Infantino en el Congreso de Vancouver– une al mundo». Más de mil quinientos delegados lo acompañaron con carteles que decían «Juego Limpio» y «Unidad». «Bienvenidos a un lugar donde el mundo no está dividido por fronteras, sino unido por un propósito», celebró Peter Augruso, presidente de Canada Soccer, anfitrión de la fiesta, a la que faltó sin embargo Irán, en queja por el maltrato sufrido por sus delegados al arribar a Canadá. Una decena de organizaciones humanitarias denunciaron que Estados Unidos albergará a partir de junio una Copa que no respetará los derechos humanos, por agresiones imperialistas de un lado, y por la violencia de la policía migratoria ICE del otro.
Los aficionados de cuatro países clasificados (Haití, Senegal, Costa de Marfil e Irán) tienen prohibida la entrada a Estados Unidos. Pero nada afecta a Trump, que en el Congreso pidió «sonreír y ser felices» para «unir al mundo» a través de una pelota. Su objetivo, sin embargo, entró en crisis cuando, desde el estrado, pidió a los titulares de las Federaciones de Palestina e Israel que se dieran la mano. Jibril Rajoub, el presidente de 72 años de la Federación de Palestina, vestido con traje y una kufiya sobre los hombros, rechazó el pedido y pidió a la FIFA que cumpliera con sus propios estatutos. «No le pedimos a la FIFA que resuelva un conflicto político», dijo Rajoub. «Le pedimos a la FIFA que gobierne el fútbol». Si así hubiera sido, Israel, dicen esos estatutos, deberían haber sido suspendida por la FIFA, como sucedió con Rusia tras la invasión a Ucrania. O como debería suceder con el propio Estados Unidos, primera sede del Mundial que lanza guerras en plena competencia.
El juguete más preciado
«Creo que Gianni tiene derecho a intentar tender puentes, tiene derecho a intentar unir a la gente. Puedo comprenderlo, pero desconoce el profundo sufrimiento del pueblo palestino», dijo Rajoub a los periodistas apenas terminado el Congreso. Difícil que Infantino pueda conocer ese sufrimiento. Canadá le negó tratamiento papal, es cierto, pero Infantino viaja en limusinas y se hospeda en hoteles VIP que son bloqueados para el «Club FIFA», esa «familia» que tiene en sus manos al juguete más preciado del mundo: una pelota de fútbol. Meses atrás le pidieron a Trump que definiera a su «gran amigo» Infantino, hijo de inmigrantes italianos, orígenes humildes (su padre calabrés fue trabajador ferroviario), y apodado «Piccolo» (Pequeño) cuando era niño y se emocionaba con el Inter de Italia. «En cierto modo –respondió Trump a la pregunta–, Gianni es una especie de rey del fútbol». Trump tiene razón, solo que debería sacarle el «cierto modo». Infantino es el rey del fútbol.
