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Messi brilla en un Mundial de estrellas

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Alejandro Wall - Desde Dallas

El argentino es la gran atracción de una copa con figuras, estadios colmados y selecciones que sorprendieron. Un torneo también atravesado por cambios reglamentarios polémicos.

Aura. El 10 albiceleste recibe una ovación antes de ejecutar un tiro de esquina, en el imponente estadio de Kansas.

Foto. NA

Dallas es un infierno. En Arlington, donde la selección cierra la fase de grupos frente a Jordania, se levantan algunas ráfagas de viento, pero nada disipa el calor. Ni siquiera hay tanta previa de los hinchas argentinos sobre el asfalto hirviendo. Faltan dos horas y media para el partido y todos buscan entrar al estadio cuanto antes. La casa de los Dallas Cowboys, el equipo de la NFL, tiene un microclima bien refrigerado, el refugio perfecto para ver a Lionel Messi.

Si Dallas era una ciudad maldita para el fútbol argentino, el lugar donde se produjo el final de Diego Maradona como futbolista de la selección en el Mundial 94, Messi se encargó de exorcizarla. En los dos partidos que jugó en el estado de Texas, demolió récords y llevó a la Argentina hacia los dieciseisavos de final con puntaje ideal. La selección ganó sus tres partidos, con Argelia (3-0), Austria (2-0) y Jordania (3-1), sin demasiados problemas. Llegó al tercero, incluso, con la clasificación en el primer lugar asegurada. Lionel Scaloni, en su gestión precisa del equipo, les dio minutos a todos los futbolistas de campo. Administró las cargas de sus jugadores y realizó pruebas. Mostró otra vez por qué es uno de los más aplaudidos cada vez que aparece en las pantallas del estadio o se anuncia su nombre.

En ese ranking de ovaciones, figura después de Messi, que se convirtió frente a Austria en el máximo goleador de la historia mundialista, con 18 tantos, una marca que estiró con su tiro libre frente a Jordania. Ya suma 19 en total, hizo seis en esta Copa, tres de ellos en un hat-trick contra Argelia en Kansas City –el jugador de mayor edad en conseguirlo en un Mundial–, y es el máximo artillero por sobre Kilyan Mbappé (4), Ousmane Dembelé (4), Erling Haaland (4) y Vinicius (4). Marcó en siete partidos mundialistas consecutivos, por lo que también superó al francés Just Fontaine y Jairzinho en ese detalle. Messi cumplió días atrás 39 años, está en el final de su carrera, pero juega como si la iniciara. 

Generaciones mezcladas
Messi brilla en un Mundial de estrellas y de miles de estímulos. Entre Messi (39), Mbappé (27), Dembelé (29), Vinicius (25) y Haaland (25) hicieron 24 goles en la primera fase. A ese lote de figuras hay que sumar a Harry Kane (32), Lamine Yamal (18) y, por supuesto, Cristiano Ronaldo (41). Si existiera una estadística sobre cantidad de figuras en Mundiales, el 2026 podría tener otro récord. Lo viejo –por suerte– no termina de morir y lo nuevo que –bienvenido– está naciendo. Son generaciones que se mezclan para disputar el próximo reinado. 

Messi da esa batalla rompiendo la lógica del tiempo y reconfigurado en la cancha como segundo delantero. Es el que finaliza las jugadas que a veces él mismo empieza. Mientras a esa edad otros jugadores se retrasan en el campo y se mueven en lotes pequeños, Messi se adelanta y ocupa más espacios. Camina, parece ajeno a todo, hasta que ataca, hasta que huele sangre.

Pausa de hidratación. La modificación reglamentaria que divide los partidos en cuatro tiempos desató cuestionamientos del mundo futbolero.

Foto: Getty Images

Más allá de los números
Su presencia es la gran atracción de un Mundial que rompe récords de asistencia. Es un triunfo para Gianni Infantino, el presidente de la FIFA que armó el Mundial XL de 48 equipos y 104 partidos. Durante esta primera etapa, en la que se jugaron 72 encuentros –seis más que en todo Qatar 2022– se contaron 4.644.549 personas, 64.508 por partido. Hubo 44 encuentros con entradas agotadas. El partido con más gente fue el inaugural entre México y Sudáfrica en el Azteca con 89.824 personas.

El Mundial más grande, el Mundial más caro, el Mundial más visto. Al récord de asistencia, hay que sumarle la televisión y las redes. El video más visto en TikTok es un gol de Messi contra Argelia con 53 millones de vistas. Hubo hasta seis partidos por día en las jornadas definitorias. El inicio de los dieciseisavos, este domingo, tuvo solo el triunfo de Canadá sobre Sudáfrica. El bajón en medio de la resaca. También muchos goles: 215, casi tres por partido. 

Pero más allá de los números, el foco de bronca en este Mundial fue la pausa de hidratación, que es una pausa comercial. En los estadios, se las chifla. «Jugar cuatro tiempos en lugar de dos altera la concepción que culturalmente se había construido para interpretar el fútbol», dijo Marcelo Bielsa, técnico de Uruguay, la gran decepción del Mundial, eliminado en la fase de grupos. De todos los cambios, es quizá el único que genera rechazo. Podés hacer Mundiales de muchos equipos, pero el fútbol se juega en dos tiempos.

Y si es triunfo de Infantino, ¿es también el triunfo de Donald Trump? Ausente en los estadios, el presidente de Estados Unidos está más ocupado intentando salir del pantano de la guerra contra Irán, un país cuya selección fue sometida a variadas humillaciones durante el Mundial. Desde no dejarla pernoctar en el país (tuvo que concentrar en Tijuana, México) hasta retener a sus jugadores. Mehdi Taremi, la figura de Irán, se quejó después del último partido. «Esta –dijo– es una Copa del Mundo desastrosa». Irán es parte del contexto del Mundial, que inició con la deportación del árbitro somalí Omar Artan y con las requisas a algunas delegaciones. Infantino, que meses atrás le entregó el Premio FIFA de la Paz a Trump, ya anunció que el líder republicano entregará la Copa del Mundo en la final del 19 de julio en Nueva Jersey. ¿Se quedará en la foto del festejo como ya hizo durante el Mundial de Clubes?

A las figuras se le suma que los locales tienen su fiesta, sobre todo México y Estados Unidos. Al sur del Río Bravo se preguntan: «¿Y si sí?». En su tercer Mundial como sede, a cuarenta años de 1986, después de haber sido el cielo de Pelé y Maradona, ahora quieren escribir el suyo con el equipo de Javier Aguirre. Lo que había empezado con una sensación de ajenidad, porque el Mundial tiene apenas 13 partidos programados en México, incluso con la ausencia de la presidenta Claudia Scheinbaum en el partido inaugural, ahora es puro entusiasmo.

El orgullo y lo inesperado
Estados Unidos también levantó expectativas desde el primer partido, con su 4-1 a Paraguay, aunque dejó dudas en su derrota con Turquía. Sobre todo a una sociedad que le dice «fútbol» a otro deporte porque este es el «soccer». Pero la selección de Mauricio Pochettino despertó el ser nacionalista de este país. «Nunca antes el fervor que rodea a la selección masculina de Estados Unidos había sido tan grande como ahora», escribió Charlotte Harpur en el sitio The Athletic

El orgullo también es de las selecciones que sorprendieron, como República del Congo, Sudáfrica (ahora ya eliminada) y Cabo Verde. Se metieron nueve equipos africanos (también pasaron Senegal, Argelia, Costa de Marfil, Marruecos, Egipto y Ghana) en la siguiente ronda cuando solían hacerlo dos. África quizá sea la gran ganadora con los nuevos cupos y está para competir. 

Cabo Verde, un archipiélago que apenas supera el medio millón de habitantes, será ahora rival de la Argentina. Es un cruce inesperado para la selección de Scaloni, que quizá esperaba a Uruguay o España. Pero así también es el Mundial, que siempre guarda una sorpresa. Ya no será en Dallas, en el microclima de su estadio, sino bajo el calor de Miami, una ciudad que la Argentina conoce mucho. Sobre todo su capitán y goleador.

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