Opinión

Ezequiel Fernández Moores

Periodista

Infantino, el poder y la traición

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Fiesta de millones. Infantino junto al mandatario estadounidense en la final disputada en Nueva Jersey, el 19 de julio.

Foto: Getty Images

El primer acto concreto para echar a Gianni Infantino marcha al fracaso. Polonia confirmó que organizará el Mundial Femenino Sub 20 que comenzará dentro de veinte días (su selección abrirá el certamen contra Argentina el 5 de septiembre en Katowice). Y jugarán también las otras cinco selecciones europeas clasificadas: España, Francia, Inglaterra, Italia y Portugal. ¿No había amenazado boicot a todas las competencias oficiales de la FIFA la poderosa Unión Europea de Fútbol Asociado (UEFA) hasta que no se fuera el presidente Infantino? El suizo no solo no se fue. Sigue en carrera para ser reelegido. Su final, sin embargo, parece cada vez más cerca: a Infantino no le cierran los números para el Congreso FIFA del 18 de marzo en Rabat. 

La UEFA suma ella sola 55 de los 106 votos que precisa para echar al presidente por mayoría simple. Supuestamente, suma fácil los otros 51 votos que le faltan (sobre un total de 211), porque también las federaciones de Asia (47 votos) y Concacaf (35) firmaron con la UEFA un comunicado oficial pidiendo la renuncia de Infantino. Algunos países, es cierto, podrían no ir en línea con su confederación (como México y Grenada con la Concacaf, por ejemplo, y los emiratos árabes con Asia), pero aún así, y aún cuando todavía tampoco esté clara la sucesión, habría votos de sobra para echar a Infantino, algo impensable solo semanas atrás, cuando el suizo era rey y tenía asegurada su cuarta y última elección. 

Hasta Africa, 54 votos, supuesto fortín de Infantino, está hoy en duda. Fue sugestiva la presencia del presidente de la Confederación Africana, el sudafricano Patrice Motsepe el miércoles en la final de la Supercopa Europea que PSG le ganó a Aston Villa en Viena. Motsepe, que semanas atrás expresó apoyo público a Infantino, se abrazó con el árbitro somalí Omar Artan, a quien la UEFA, hábil, invitó a dirigir la final de Viena luego de que Donald Trump, sin oposición de Infantino, le prohibiera ingresar a Estados Unidos para arbitrar en el Mundial. Oceanía ya declaró su apoyo a Infantino, aunque también allí Nueva Zelanda tomó distancia. Es ininfluyente. Y tiene apenas 11 votos. 

¿Y la Conmebol? Son solo diez votos, pero Brasil y Argentina (ocho copas mundiales) marcan influencia. Sudamérica emitió un comunicado absolutamente pro-Infantino. Precisa al suizo para ampliar de 48 a 64 las selecciones del Mundial de 2030, que se jugará en España, Marruecos y Portugal. La ampliación permitiría a Argentina, Uruguay y Paraguay tener ya no solo un partido apertura cada una (premio consuelo que dio la FIFA porque el primer Mundial de la historia se jugó en Uruguay en 1930), sino una fase entera de grupos. ¿Y si la UEFA le garantiza las 64 selecciones a Sudamérica y Africa, como sugieren algunos que ya está haciendo? El proyecto de 64 selecciones (por única vez por el homenaje del Centenario) parecía firme en manos de Infantino tras el éxito del último Mundial. El éxito que, paradójicamente, fue a su vez la posible tumba de «Yoni», como llama a Infantino su amigo Donald Trump.

En rigor, la debacle del suizo comenzó en pleno Mundial, el domingo 5 de julio, y con fuego amigo. Ese día, el patrón de la Casa Blanca, el hombre a quien Infantino concedió hasta un insólito Premio de la Paz y lisonjeó vistiendo sobrero rojo de MAGA, le clavó un puñal cuando no pudo contener su habitual narcisismo y contó a la prensa que había pedido a la FIFA el levantamiento de la suspensión que impedía al goleador estrella de Estados Unidos, Folarin Balogun, jugar en octavos de final contra Bélgica, tras su expulsión en el partido previo ante Bosnia y Herzegovina. Pobre Infantino. La FIFA dio razones reglamentarias para levantar la suspensión. Nadie le creyó. Quedó claro que Infantino cedió otra vez ante el poder de Trump. «Cruzó una línea roja» , dijo ese mismo día la UEFA. Lo peor estaba por llegar. 

En carrera. El canadiense Víctor Montagliani, presidente de la CONCACAF. A su lado, el hoy cuestionado titular de la FIFA.

Foto: Getty Images

Veinte días después, el diario británico The Times filtró que Infantino había decidido unilateralmente vender el 20% de la explotación económica de los Mundiales futuros a un grupo inversor de Estados Unidos liderado por el hermano del yerno de Trump (Josh Kuschner). La negociación, se supo luego, había comenzado un año antes en Sun Valley, una conferencia tradicional de ricachones del mundo. Reunirse con líderes políticos y empresariales es parte de su rol, pero fue una constante de Infantino, como cuando en 2025 llegó tarde al Congreso FIFA de Asunción porque había viajado con Trump a Medio Oriente. Infantino nunca supo dimensionar que eso ofendía a muchos dirigentes (Europa, de hecho, se retiró del Congreso). La «privatización» de los Mundiales marcó el límite. «El Mundial no se vende y no es propiedad privada de Infantino». Pero el enojo no fue tal vez el fondo (los inversores privados alimentan hoy al fútbol en todas las confederaciones), sino la forma. Sonó más a ambición personal de Infantino que de las finanzas de la FIFA, rebosantes tras el ingreso de unos 13 mil millones de dólares de la última Copa. Agobiado por las críticas de todo el fútbol, porque ni siquiera había tratado el tema con sus más íntimos asesores, Infantino terminó dando marcha atrás con su proyecto. Tarde.

No alcanza hoy recordar que, con Infantino presidente, las 211 federaciones nacionales, la mayoría pobres en recursos, multiplicaron por siete sus ingresos. Y que el proyecto ahora fracasado prometía otros ochenta millones de dólares para cada una en una década. ¿Bastará para algunas federaciones la promesa de Infantino de que, aún con el proyecto ya caído, recibirán igualmente un aumento de entre el veinte y el treinta por ciento, como me contó una fuente de la Conmebol? ¿Cambiarán de opinión algunas federaciones tras la reciente defensa de Infantino que hizo nada menos que Trump? ¿Fue una ayuda o un nuevo salvavidas de plomo para el dirigente al que, justamente ahora, se le abren todos los placares, inclusive una supuesta amante dentro de la UEFA en los tiempos en los que era secretario general de la organización?

Trump, además, está él mismo bajo riesgo de perder las elecciones de medio término del 3 de noviembre próximo. Quince días después, vencerá el plazo para que presenten sus candidaturas los aspirantes a derrocar a Infantino en las elecciones de marzo. Hasta ahora, el nombre más mecionado es Víctor Montagliani. El canadiense preside la Concacaf, la Confederación de Norte, Centroamérica y Caribe a la que Infantino concedió su último exitoso Mundial. Eran otros tiempos. Ahora la UEFA baraja ofrecer a todas las confederaciones presidencias rotativas para evitar «un nuevo Infantino», la concentración de poder.

En 2022, en su célebre discurso de apertura del Mundial de Qatar, Infantino defendió a la sede cuestionada y dijo que se sentía «árabe», «africano», «gay», «discapacitado» y «trabajador migrante». Infantino siempre tuvo una elevada autoestima. Acaso podría decirnos que hoy se siente como Jesucristo en la última cena. Entregado por Judas. Y abandonado por casi todos sus apóstoles.

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