Cultura

Teatro cargado de futuro

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Ezequiel Obregón

Dramaturgo, actor y director artístico del CCC, Manuel Santos Iñurrieta recibió el Premio Argentores al mejor monólogo por su obra El invierno del oso (Crónicas antifascistas en Stalingrado).

Reconocimiento. Santos Iñurrieta en el momento de alzarse con el galardón de Argentores.

Foto: Magdalena Viggiani/Prensa

Dramaturgo, director y actor, Manuel Santos Iñurrieta fue distinguido con el Premio Argentores por su obra El invierno del oso (Crónicas antifascistas en Stalingrado) dentro del rubro Monólogos. El galardón abarca a la actividad teatral en su conjunto, pero también incluye a otras disciplinas como la radio, el cine, la televisión y las nuevas tecnologías. En un contexto en el que la memoria colectiva se ha vuelto un territorio en disputa permanente, este reconocimiento a Santos Iñurrieta celebra una sólida poética construida durante más de dos décadas, que elude la complacencia y toma al arte como una herramienta para la transformación social.

«Ha sido un orgullo recibir este estímulo, por lo que representa Argentores para la cultura nacional, para los escritores y los dramaturgos», afirma Santos Iñurrieta, que desde este año también se desempeña como director artístico del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. «Me permito decir, como ya lo hice con entusiasmo durante la entrega, que soy y que somos de los que maldicen la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales, ya que efectivamente es un arma cargada de futuro, y este presente nos invita a no ser neutrales. Por eso a este premio, por lo que significa el espectáculo en este momento, lo celebramos el doble», sostiene a propósito del reconocimiento que recibió el pasado 7 de septiembre.


La utopía del mundo
Iñurrieta ha desarrollado una carrera como dramaturgo, director y actor que ya lo ha llevado a intervenir en más de cuatro decenas de obras. El invierno del oso (Crónicas antifascistas en Stalingrado) narra una historia de vida que, como suele ocurrir con sus montajes, encuentra un eje de resonancia con el presente, dado que el gentilicio «soviético» es frecuentemente empleado por las altas esferas políticas como marca de burla. Al respecto, reflexiona que «para derrotar a los nazis y a las fuerzas del Eje en la Segunda Guerra Mundial, el pueblo soviético llegó a tener 27.000.000 de muertos. Hollywood se ha encargado de editorializar la guerra y la industria cultural norteamericana trata infructuosamente de tapar la entrega heroica de aquel pueblo. A las claras, es imposible en este presente tapar el sol con las manos. En nuestro espectáculo, un soldado que no va a llegar a ver el Día de la Victoria, representa la entrega hacia la utopía del mundo. Triunfemos o no triunfemos, es nuestro esfuerzo por vivir, ser felices y dignos, lo que conmueve y nos humaniza».

En ese sentido, también aparece con fuerza en la obra una idea que forma parte de las premisas orgánicas del Centro Cultural, sostenida por el propio Floreal Gorini. «El avance hacia la concreción de la utopía requiere muchas batallas, pero sin duda, la primera es la batalla cultural», tal es la sentencia que se puede leer en la placa conmemorativa ubicada en la entrada del Centro. Al respecto, Iñurrieta considera que, en la batalla del presente, las ideas ocupan un rol central. «Y dentro de esas ideas, la de producir teatro independiente hoy tiene que ver con asumir una posición estética, poética, filosófica y política», enumera.


Distintos públicos
En cuanto a la repercusión que tuvo la pieza, se muestra satisfecho. «Tuvimos una muy buena recepción del público, tanto en La Habana como en Buenos Aires. Estamos muy contentos y sorprendidos por cómo el espectáculo funcionó, cómo se fue trazando una relación con los distintos públicos. Y esto nos da para pensar que la formulación general de la propuesta estuvo bien hecha, en tanto y en cuanto no se cerró sobre el recorte de un espectador al que le pudiera llegar a interesar la historia de Stalingrado, sino que se abrió el artefacto teatral y pudo incluir a un público de lo más variado. Además, tuvimos el acompañamiento y la aceptación de nuestros colegas teatreros, y también de una crítica que participó y comentó el espectáculo. Además de los reconocimientos que celebramos, ya sea el de Argentores como también el premio al teatro independiente que obtuvimos, así como las nominaciones a los premios ACE, Estrella de Mar o Teatro del Mundo, tan significativos para mí». Finalmente, Santos Iñurrieta expresa su agradecimiento a todo el equipo de Internacionales Teatro Ensamble, especialmente a su codirector Diego Maroevic, a María Eugenia Summa por su labor en imagen, prensa y comunicación, y a Rodrigo Isequilla en la asistencia técnica. También hace extensivo el reconocimiento al politólogo Atilio Boron, quien realizó un aporte significativo en El invierno del oso, al CCC y al Ministerio de Cultura de Cuba, a la Casa de las Américas y al Consejo Nacional de Artes Escénicas de La Habana. «Sin ellos no habría sido posible la realización del espectáculo», afirma. Y concluye: «Extiendo a los cubanos nuestro agradecimiento siempre especial, más en estas horas tan acuciantes que vive su pueblo con este bloqueo genocida por parte de los Estados Unidos, que debe acabarse de una vez por todas para poder dejar vivir a los cubanos y cubanas en paz, desarrollando su experiencia socialista, su revolución».

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