Cultura

Maestro de la pincelada política

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Viviana Vallejos

Figura central del arte argentino, Carlos Alonso (1929-2026) creó a través de la pintura, el dibujo, el grabado y el collage una obra inseparablemente unida a la historia y a la realidad social.

Poetica visual. Alonso fomentó un constante cruce entre el arte y los grandes acontecimientos del país.

Foto: Archivo Acción

Figura central del arte argentino, Carlos Alonso murió a los 97 años en su casa de Unquillo, Córdoba, donde vivía desde 1982. Había nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza. A través de la pintura, el dibujo, el grabado y el collage, creó una obra inseparablemente unida a la realidad social y política del país.

Sus piezas fueron exhibidas en museos y galerías de Buenos Aires, Roma, Milán, Londres, México y La Habana. En la planta baja del Centro Cultural de la Cooperación se exhibe el mural «El Taller» (2002), un autorretrato que reúne en su espacio de trabajo a maestros como Spilimbergo y Berni, junto a un discípulo que proyecta la continuidad de la práctica de la pintura.

Comenzó su formación en la Universidad Nacional de Cuyo y la continuó en la Universidad de Tucumán bajo la dirección de Lino Enea Spilimbergo, su principal referente. Allí fue parte del grupo que se formó alrededor de Spilimbergo, junto con Ramiro Dávalos, Leonor Vassena, Miguel Dávila, Eduardo Audivert, Alfredo De Vicenzo y Carlos De la Motta. Por esos años, llegaron los primeros premios: el del Salón de Tucumán, el Premio Estímulo de Santiago del Estero y el de pintura de Mendoza.

Sobre su etapa formativa, Alonso decía que la casa de estudios tucumana era una especie de isla donde se respiraba, de la mano de Spilimbergo, un clima de renovación: «La creación de una escuela muralista en la que formamos un equipo de trabajo impulsado por aquello que él transmitía: el ejercicio de la libertad del artista».

Más tarde, en Buenos Aires, conoció a Domingo Viau, quien se interesó por su trabajo y realizó su primera exposición en la galería bajo su mando. Una época en la que viajó a Europa, donde visitó el Museo del Prado y se vio impactado por la obra de Velázquez y Van Gogh.

Como ilustrador, fue el encargado de releer gráficamente el Martín Fierro, de José Hernández, El juguete rabioso, de Roberto Arlt, la Divina Comedia, de Dante Alighieri, El matadero, de Esteban Echeverría y también una edición de Don Quijote de la Mancha, con dibujos que llegaron a publicarse en tarjetas postales de la Unión Soviética.


Los mecanismos del poder
Alonso articuló una poética visual en constante cruce entre la historia del arte y la historia política del país. Mediante la pincelada gestual, desgarradora y expresionista, y una figuración que alternaba entre «la alegoría y el realismo crudo», como señaló Andrés Duprat, director del MNBA, donde se hizo su última retrospectiva, construyó un corpus articulado en series temáticas que se extendieron por décadas.

Ya en las ilustraciones para El matadero había aparecido la representación de la res colgada y la carne desollada, un motivo que profundizó durante los años 60 y 70 en piezas como «Hay que comer» o «Carne de exposición» (ambas de 1972) y «Gran tango» (1975). En ellas, la anatomía vacuna y la humana se equiparan para poner en evidencia los mecanismos del poder y la especulación.

Mural. En la planta baja del CCC se exhibe el autorretrato «El Taller» (2002), que lo reúne con Spilimbergo y Berni.

Foto: Archivo Acción

«He tratado de reflejar todos esos personajes, ese mundo asociado a una economía que también está ligada a una forma cultural. Allí estaban desde la Sociedad Rural hasta las carnicerías, mezclados casi con los mataderos, donde la anatomía humana, la de la vaca, la sangre de la vaca y la del hombre están en un mismo nivel de mercado y precio», le decía a Vicente Zito Lema en una entrevista.

También los maestros del pasado funcionaron en su obra como referencias formales e ideológicas para escenificar la opresión, el desamparo y la fragilidad en la existencia humana. En 1969 inició la serie Lección de anatomía, articulada a partir de la obra homónima de Rembrandt para procesar visualmente el registro fotográfico del asesinato del Che Guevara en Bolivia. Además de sus relecturas de «Sin pan y sin trabajo» de Ernesto de la Cárcova o sus retratos y homenajes a Van Gogh, Courbet y Spilimbergo.

El impacto de la violencia estatal marcó de forma irreversible su vida personal y su producción. En julio de 1977, durante la dictadura militar, su hija Paloma fue detenida y desaparecida. Luego marchó al exilio y residió en Roma y Madrid hasta su retorno al país, cuando se radicó en Córdoba. A partir de este período, la representación del horror tomó todo el espacio de su obra en series como Manos anónimas: un conjunto de pasteles, dibujos y técnicas mixtas desarrollado en los años 80, con el foco puesto en la vulnerabilidad de las personas desarmadas y la devastación de los espacios cotidianos.

La producción de Alonso permanece como un cuerpo de obra obligatorio para examinar las tensiones, los traumas y las memorias colectivas del último medio siglo en la Argentina.

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