27 de septiembre de 2026
Milei buscó en Nueva York respaldo político e inversiones. No hubo foto con el presidente de Estados Unidos, solo una bilateral con Benjamin Netanyahu. La suba de la pobreza, el riesgo país y el aumento del precio de los combustibles ponen límites al relato oficial.

Apoyo incondicional. El presidente argentino ratificó su alineamiento total con el premier israelí, repudiado por la comunidad internacional.
Foto: redes sociales
Javier Milei volvió de Nueva York sin la ansiada foto con Donald Trump; apenas consiguió 20 minutos con Benjamin Netanyahu, a quien le volvió a garantizar el apoyo «firme e incondicional» a Israel y de quien recibió elogios por su política económica. «Has roto la jaula y estás dando libertad a la gente», le dijo el primer ministro israelí, aislado por el resto de los mandatarios que vaciaron el recinto cuando dio su discurso.
Del paso por la 81º Asamblea General de la ONU, el presidente argentino trajo más desazón que motivos para el festejo. Porque los datos que llegaban desde Argentina impactaron en el precio de los bonos soberanos y llevaron a una nueva alza al «riesgo país». Y para colmo, desde la apertura de las sesiones quedó clarísimo qué está en juego en la América Latina de estos días: por un lado, Lula da Silva que se planta ante el mandatario estadounidense para decirle que «Brasil no es patio trasero de nadie», mientras Trump hace gala de su prepotencia para decir que tras el secuestro de Nicolás Maduro se quedó con el 60% del petróleo mundial. El magnate inmobiliario dejó algunas definiciones que pintan el momento: «Nuestras acciones en Venezuela son la prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra América se afiancen en ningún lugar del hemisferio occidental y, si es necesario, utilizaremos nuestro poderío militar sin igual para salvaguardar los intereses nacionales vitales de Estados Unidos» y «al vencedor le pertenecen los despojos». Hubo otra, sobre Irán, no menos dantesca: «¿Se llegará a un acuerdo con Irán (…) o debería aniquilar a la República Islámica?».
Milei esperaba una bilateral con Trump que le permitiera avanzar en algo más concreto para lucir el apoyo estadounidense a su flamante nacionalismo ante el máximo foro mundial. Primera decepción: el inquilino de la Casa Blanca había mantenido una reunión con el nuevo premier británico, Andy Burnham, en la que hablaron del asunto. «Mencionamos las Falklands (en nuestra conversación) y tuviste la amabilidad de escucharnos sobre esos temas», dijo Burnham. «La relación con Reino Unido está bien, ha mejorado sustancialmente. Nos cuidamos. Hemos hablado de comercio, de las Falklands. Ha sido genial», replicó Trump.
Milei había planificado encuentros con empresarios e inversores a los que pensaba tentar con la irrestricta apertura que ofrece al mundo. Pero resulta que en la gran capital financiera internacional también había recalado el gobernador bonaerense. Axel Kicillof buscó aprovechar los focos mediáticos para mostrarse como presidenciable o, al decir de algún analista malicioso, «un peronista portador sano». Así, tuvo un encuentro con Lula da Silva y el presidente de Gobierno español, Pedro Sánchez, en una cumbre organizada por el alcalde neoyorquino Zohran Mamdani en su residencia oficial de Gracie Mansion. Estaban presentes el titular del Consejo Europeo, António Costa, y la primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley, entre otros. El lema del coloquio era «Construyendo una economía para la mayoría». Kicillof se reunió luego con inversores para hablar de su modelo de gestión y criticar duramente a la administración de Milei.
Como en paralelo las noticias que llegaban desde Argentina se reflejaban en las cotizaciones, el presidente intentó tirar la pelota a la tribuna. «Si aparecen pelotudos hablando por Nueva York, sube el riesgo país, obvio. Exclusivamente por lo que el mercado denomina «riesgo kuka». Después dicen «uy, no, creíamos que era boludo, pero no tanto»», dijo, fiel a su estilo maleducado y provocador, en el mitin organizado por el International Republican Institute (IRI) y la fundación Federalismo y Libertad.
Como siempre, para Milei la culpa es del otro. Y la suba del riesgo país tiene que ver con sus intervenciones y las del ministro Caputo, que no lograron convencer a nadie de los supuestos éxitos de su modelo. Además, hay datos que no conviene soslayar. Por un lado, el Indec daba cuenta de un crecimiento de la pobreza y la indigencia, aún con los valores de un índice que no refleja la realidad. Así, en el primer semestre del año hay una subida de más de cuatro puntos porcentuales, hasta el 32,3% de la población, mientras que la indigencia se ubicó en el 7,5%. Esto significa unos 15,4 millones de personas. ¿Es necesario recordar el número de argentinos que Milei dijo que había sacado de la pobreza desde que llegó a la Casa Rosada?
Por si esto fuera poco, la exsubdirectora del FMI, la indio-estadounidense Gita Gopinath, entrevistada para el ciclo Conversaciones con Tyler, del economista Tyler Cowen, lanzó un dardo inesperado. «Considero que el peso argentino necesita ajustarse más y que se le debe permitir depreciarse en mayor medida de lo que lo está haciendo actualmente», dijo. «Argentina tendrá que acumular reservas de divisas, aunque el objetivo sea, obviamente, contar con un tipo de cambio flotante», subrayó. Devaluación, palabra maldita para un Gobierno que espera ser reelecto el año que viene.
Otra mala noticia en este momento tan delicado para la economía mileísta, que ya está inmersa en una recesión técnica sin poder evitar una inflación que se resiste a ser domada. Este jueves, las petroleras confirmaron un incremento en los combustibles de entre el 2% y el 5%. Se sabe cómo impactan estos precios en la economía en general y en los productos de la canasta básica.
En un discurso ante empresarios e inversores en el The Economic Club de Nueva York, Milei prometió que si resultara reelecto en 2027, «2028 será el mejor año económico de la historia de la Argentina. No solo en términos financieros, sino también en la economía real». Con sorna, algunos malpensados recordaron los «mejores 18 meses» que habrían comenzado, según el ministro de Economía Luis Caputo, en abril pasado. ¿No lo están notando?
Podría compensar como «buena noticia» en los términos en que los presenta el Gobierno al acuerdo Corredor Andes-Atlántico que el canciller firmó junto al subsecretario de Estado, Christopher Landau. «Es la primera iniciativa de la Asociación para la Infraestructura y la Inversión Global del G7 en el Hemisferio Occidental, en una clara señal de apoyo al desarrollo de Argentina», celebró Pablo Quirno. «Se abre así un nuevo canal clave gracias a la ambición de los instrumentos conjuntos: el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproca (ARTI) y en el Acuerdo Marco de Minerales Críticos, y Pax Silica, integrando a la Argentina a las cadenas de suministro de inteligencia artificial, semiconductores y minerales críticos», añadió el ministro de Relaciones Exteriores en X
La iniciativa obedece claramente a un ambicioso plan anunciado en tiempos de Joseph Biden para competir con la Franja y la Ruta de la Seda china, pero que todavía anda en promesas a nivel mundial. En estas pampas, el proyecto habla de 7.000 millones de dólares del G7 para «identificar proyectos de infraestructura prioritarios para la rehabilitación y expansión de ferrocarriles, vías navegables y puertos, con oportunidades para que empresas estadounidenses compitan en licitaciones o en calidad de subcontratistas» centrados específicamente en «los recursos energéticos de la región de Vaca Muerta mediante inversión, tecnología e instrumentos financieros estadounidenses, incluyendo préstamos directos, garantías de préstamos y productos de seguros para movilizar capital, equipos y proveedores de servicios de los Estados Unidos».
Resuenan detrás de estos anuncios las palabras de Trump en Naciones Unidas. «Al vencedor le pertenecen los despojos».
