27 de octubre de 2026
Suavecita le dio visibilidad y premios, y le abrió las puertas del cine y las plataformas. La actriz habla de su presente, de la abogada que interpreta en la serie sobre el agente de la Triple A y de su apuesta por la continuidad.

Reconocida. Surgida de la escena independiente, ganó premios como el ACE, el María Guerrero y el Pinti.
Foto: Juan Quiles
Su agenda casi que no tiene espacio para nuevos compromisos. Obras de teatro, giras por el interior, rodajes y estrenos la tienen de aquí para allá a la actriz, que reconoce que su cara es más identificable que su nombre. «Dicen Camila Peralta y la gente no tiene ni idea, pero cuando me ven con el flequillito, ahí sí me sacan», cuenta sonriente la balcarceña, que vive hace quince años en Buenos Aires y que se encontró con Acción en un café de Caballito, el barrio al que se mudó hace pocos meses.
Surgida del teatro independiente y con decenas de obras en su haber, pegó el salto de calidad con Suavecita, la pieza de Martín Bontempo que le dio no solo visibilidad, sino también reconocimiento y premios, ya que se adueñó del ACE, del María Guerrero y del más reciente Pinti, tan solo unos meses atrás, por calzarse las vestiduras de una mujer con raros poderes sanadores.
«La venimos haciendo desde 2023. Empezamos en el teatro NUN y llegamos al Metropolitan de la calle Corrientes. Sin duda fue una bisagra en mi trayectoria, un trampolín que me abrió puertas: gracias a Suavecita apareció todo lo demás. Seguimos haciendo funciones, ahora en el interior, viajando a Bariloche, Mar del Plata, Puerto Deseado, Chascomús y San Antonio de Areco, para volver en enero a Buenos Aires», dice.
Subraya el punto de inflexión que significó ese trabajo, ya que desde entonces la convocaron al cine comercial con Pepita la pistolera y Yo, Narciso. Y también se lució en las plataformas, con Envidiosa y En el barro. «Estoy por estrenar la serie Gordon y en pleno rodaje de la cuarta parte de En el barro, de la que no puedo decir casi nada porque Netflix me mata», se disculpa. Peralta llegó a los famosos almuerzos televisados que conduce Juana Viale. «Son rachas, veremos cuánto dura. Yo estoy laburando para que esto no sea solo un veranito», afirma.
Continuidad
En el último año y medio, Camila compartió sets de filmación con Lorena Vega, Verónica Llinás, Juan Minujín, Adrián Suar, Natalia Oreiro, China Suárez, Rodrigo de la Serna, Lucía Puenzo y Pablo Trapero, entre tantos otros. «Y yo soy Camila Peralta, ¿te das cuenta? No era fácil para mí. Ahora tampoco, pero al menos ya estoy en el radar de los que dan laburo», expresa con gracia.
Estudió dirección teatral en la Escuela Metropolitana de Artes Dramáticas, pero abandonó la carrera para tomar clases de actuación, su pasión, con Valentina Fernández de Rosa y Cristina Banegas. «De mis quince años actuando, trece los hice en el teatro off, para no más de veinte personas por función. Yo sé lo que es hacer la colimba», sonríe. «La gente cree que llegué a la cima de un día para el otro, pero lo mío fue un trabajo de hormiguita, todo muy gradual y paulatino. Cada tanto tenía alguna participación en una serie o película. No fue un golpe de suerte, menos mal, porque no sé cómo lo hubiera manejado».
Cuando aparece el nombre de Pablo Trapero, manifiesta su admiración por el realizador de Carancho y Leonera, que junto al realizador Pablo Fendrik la convocó para grabar Gordon. La serie narra la vida de Aníbal Gordon, agente de la Triple A y responsable del centro clandestino de detención Automotores Orletti. Protagonizada por Rodrigo de la Serna, se estrenará en Netflix en noviembre.
«Ser parte de esta producción fue un lujazo y para mí resultó un cambio de paradigma, ya que no tenía nada que ver con lo que venía haciendo», comparte Peralta. «Trapero me dirigió en algunos capítulos y Fendrik en los restantes. ¡Las indicaciones de uno y otro eran muy diferentes! Pero se complementaban y tenía sentido para la historia. ¿Cómo llegué? Hice un casting y quedé. Interpreto a una abogada que está del lado de los militares. La historia transcurre en la etapa previa al golpe de Estado, un ambiente difícil, turbio y violento».
Fue, admite, uno de los papeles más complejos de su carrera. «Si bien no es un personaje real, pudo haber existido esta mujer, a la que me costó entender por su frialdad y falta de empatía. Fendrik me insistía que fuera seca y que me limitara al texto, y la verdad es que me sentí un poco contenida construyendo a un personaje recto, sin matices, cuando yo disfruto transformándome, haciendo caras, jugando. Acá no había nada de eso, pero bueno, para mí fue un gran aprendizaje». Llega la hora de salir corriendo, porque tiene rodaje y se irá en una moto que maneja hace poco, cuando su vida empezó a llevarla «de aquí para allá». Peralta se despide con un balance: «El 2025 fue mi año de mayor laburo, el que me dio algo de notoriedad. Este 2026 lo definiría como el de la confirmación y el del reconocimiento del público y de mis colegas. ¿Con qué sueño? Con la continuidad laboral, saber que termino un laburo y me está esperando otro es abrazador».
