23 de octubre de 2026
En escuelas de Lomas de Zamora, Tucumán y CABA, varones adolescentes generaron con IA imágenes de sus compañeras desnudas y las hicieron circular. Preguntas y respuestas sobre un problema que inquieta a familias y docentes.

Noticias similares llegaron desde escenarios tan distintos como una escuela en la localidad tucumana de San Pablo, de poco menos de 15.000 habitantes, y desde colegios universitarios en pleno centro porteño, como el Nacional Buenos Aires o el Carlos Pellegrini. En las últimas semanas, dieron que hablar episodios en secundarias bonaerenses de Lomas de Zamora y Villa Bosch. En todos los casos hubo denuncias contra varones adolescentes por haber generado con inteligencia artificial (IA) imágenes de sus compañeras desnudas, para hacerlas circular e incluso comercializarlas. Todas las preguntas que se abren en torno a estos hechos pueden resumirse en: ¿por qué?, ¿cómo es posible?
La reiteración de estos episodios se da en un marco en el que coinciden el avance de los usos de la IA y el estreno de legislación que baja la punibilidad a los 14 años, y en el que además la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) está cumpliendo 20 años de vigencia y siendo blanco de ataques al mismo tiempo.
«Me ha llamado la atención el modo en el que el episodio de Lomas de Zamora fue analizado especialmente a la luz de la nueva legislación sobre la edad de imputabilidad –observa Daniel Brailovsky, docente e investigador de la Universidad Pedagógica Nacional (Unipe)–. Es llamativo cómo ese debate desplazó al debate central que atraviesa ese problema: el de la educación sexual integral. La pregunta clave, omitida en muchos análisis, sería: ¿hubo en esa escuela oportunidades para que estos chicos reflexionaran, desde la ESI, sobre el cuidado de los otros y de las otras?». El mismo interrogante aplica a las otras escuelas.
«Creo que las herramientas institucionales y pedagógicas para trabajar con episodios de esta naturaleza ya existen, son probadamente eficaces y potentes, y provienen de la educación sexual integral. No me parece menor el dato de que los programas de ESI estén en este momento fuertemente desfinanciados y atacados desde el Gobierno central, ni que una de las prácticas habituales de los máximos referentes del Gobierno (¡del propio presidente!) consista precisamente en el uso de inteligencia artificial para estigmatizar u hostilizar a sus adversarios/as políticos, muchas veces sexualizándolos y denigrándolos», remarca el docente, sobre el impacto que puede tener en adolescentes la naturalización y validación desde el poder de la generación de imágenes falseadas mediante IA.
¿Cuántos de esos chicos supieron que desde cuentas libertarias se difundieron imágenes creadas con IA para difamar a la periodista opositora Julia Mengolini mostrando una falsa relación íntima con su hermano? ¿Algún adulto del entorno de esos estudiantes habrá reflexionado con ellos sobre ese hecho? ¿Alcanza una clase de ESI para desmontar su efecto?
Dañar a semejantes
Cuando comenzó a circular la denuncia de estudiantes del Colegio Modelo de Lomas de Zamora contra compañeros que las «desnudaban» con IA, el docente y formador de docentes Manuel Becerra compartió esta reflexión: «Releía algunas cosas sobre la prehistoria de la escuela, y buena parte de su historia –hasta hace ¿30 años?– y en todo ese tiempo las faltas de disciplina estaban relacionadas con un desafío a dañar al Orden. El que fuera. Y ahí algo cambió recientemente. Los problemas “de conducta” que vemos en la escuela no son un desafío al Orden, ojalá lo fuera, es exactamente todo lo contrario: es desafío y daño a los semejantes», postuló y remató: «El Orden promueve esa violencia».
Consultado por Acción, Becerra analizó que «siempre los chicos y las chicas tuvieron diferentes formas de tramitar sus conflictos en la adolescencia», pero puso el foco en «las plataformas y la IA. Si le pedís cómo hacer para hackear los servidores de X te dice que no; pero si le pedís que desnude a una piba, lo hace. El origen está ahí. Claramente hay un sesgo». Un panorama en el que la falta de regulación convive «con una estructura patriarcal ancestral, permitiendo a las plataformas este tipo de producciones».
«Una respuesta ante esto es “hace falta más ESI”. Sí, siempre; pero este no es un problema de ESI. Es un problema de regulación de las plataformas. Podemos dar algunas herramientas, lograr que algunos pibes piensen dos veces, pero hay cuestiones sistémicas. No sirven de nada las clases con la mejor voluntad si las plataformas permiten hacer eso», insiste Becerra. En línea con este planteo, un colectivo de más de 300 organizaciones exige regulaciones para que las plataformas y redes sociales asuman responsabilidades y sean seguras para menores: organizaron su reclamo en la Campaña Nacional por la Protección Digital de Niños, Niñas y Adolescentes, que circula y suma adhesiones.
Más allá del factor tecnológico y teniendo en cuenta que la violencia digital reproduce también formas de violencia preexistentes, Becerra señala que hay prácticas nocivas que siempre formaron parte del contexto escolar y de la sociedad, pero observa una diferencia: «Siempre hubo lo que hoy llamamos bullying, maltrato, piñas; pero pienso en los años 90 y eso convivía con una parte de la juventud que también estaba discutiendo cosas a otro nivel, en términos políticos. Eso lo veo más apaciguado. Veo menos ese impulso de crítica al sistema. Y el uso de las nuevas tecnologías es para el daño entre semejantes, en vez de usarlas para pegarle a eso otro».
Mucho por hacer (y deshacer)
En noviembre de 2023 ni Javier Milei había asumido la presidencia de Argentina ni la IA estaba tan extendida ni era usada para desnudar a alumnas de escuelas secundarias por parte de sus propios compañeros. Por entonces, la Fundación Huésped publicaba un libro que instaba a prestar atención a los varones adolescentes. De chicos a hombres: guía de educación sexual integral para trabajar con los varones en la escuela y la familia fue pensado para problematizar mandatos y reconocer privilegios, pero también ante muchas consultas que llegaban a la Fundación y tenían que ver con varones apartados, aislados.
Leandro Cahn, politólogo, director ejecutivo de Huésped y uno de los autores del libro, señala que si bien desde la publicación hubo nuevos emergentes para analizar, hay tópicos que se mantienen álgidos, como el que tiene que ver con el consentimiento y la decisión sobre qué se publica o no en redes. Plantea que en el accionar de los chicos de las escuelas que fueron noticia «no hay una reflexión previa acerca de qué implica desnudar con IA a pibas, compañeras, subirlas a un drive y vender las fotos. Hay un trabajo enorme para construir. Me parece que es una continuidad de otras situaciones con una tecnología nueva».
«Hubo escuelas que nos convocaron para trabajar por tener grupos de varones cerrados, que no llegaron a generar fotos o desnudos, pero sí una cuestión muy sectaria de varones antimujeres», cuenta Cahn. Y se pregunta «¿cómo pueden las escuelas abordar estar cuestiones que hacen a la convivencia, pero no se justifican desde ningún punto de vista? Es una situación muy conflictiva, pero creo que lo peor que pueden hacer las escuelas es suponer que la Justicia penal la va a resolver».
Falta ESI, pero con la ESI no alcanza. Hay aspectos de la lógica patriarcal que se manifiestan en distintas formas de violencia de género digital y la manipulación de imágenes para generar desnudos de compañeras con IA parece inscribirse en ese registro. Hay discursos de odio que apuntan a los feminismos y que usan –desde el poder– esa herramienta tecnológica para ensuciar o vulnerar a otros: su impacto no puede ser inocuo. Todas esas premisas parecen incidir en estos casos, tanto como el hecho de que se necesita regulación específica y que hay que exigir a las empresas detrás de las plataformas que no sea factible para un chico de 14 desnudar a su compañera de aula en un par de clics, y salir a la red a vender el producto de esa vulneración.
