28 de octubre de 2026
La editorial cooperativa, que también funciona como un nodo de creación de obras literarias y artísticas, lleva más de 14 años funcionando. Con un catálogo robusto y variado, apuesta por una cultura con espíritu militante.

En pie. Gonzalo Miranda en la sede de la editorial ubicada en el barrio de Colegiales. Hoy, su catálogo se distribuye por todo el país.
Hoy, su catálogo se distribuye por todo el país.
Foto: Jorge Aloy
En un mundo vertiginoso, la editorial cooperativa Muchas Nueces abre una pausa para ingresar en el mundo de la literatura infanto-juvenil desde una perspectiva política. Un proyecto que nació cuando sus fundadores cursaban una diplomatura en la cooperativa La Vaca.
Fueron Gonzalo Miranda, actual tesorero; Lucía Aita, su presidenta; y Néstor Saracho –que ya no forma parte del espacio–, quienes comenzaron a observar que la literatura infanto-juvenil vigente no abordaba temáticas políticas y sociales que atravesaran las infancias y que las ayudaran a componer su pensamiento.
«Veíamos que había libros que hablaban de una mamá que trabajaba en tal cosa –cuenta Gonzalo Miranda– y nos preguntábamos por qué no estaba el libro que hablara de una mamá que llegó tarde a su casa por participar en la asamblea del sindicato. Después nos dimos cuenta de que era muy aburrido hacer específicamente esos libros y comenzamos a trabajar desde la ficción».
«El primero que salió –cuenta– fue Con Tucho no hay tachos, que es la historia de un niño que no entendía que la basura era basura y convertía todo en material para crear. El segundo libro fue Otto, el globo que pinchó el miedo, que es la historia de un globo que está en un puesto de globos al lado de uno de diarios y, desde su lugar, leía titulares como “La crisis causó dos nuevos pinchazos” y no quería salir a jugar porque le daba miedo, hasta que unos niños y el puestero de diarios lo convencieron de que no existe el miedo cuando están juntos, entonces va a la plaza, juega y es feliz», relata.
Luego de esa primera experiencia, editaron La princesa guerrera de Amalia Boselli, que la había presentado en un encuentro en el Ecunhi (el Espacio Cultural Nuestros Hijos, de la Asociación Madres de Plaza de Mayo) y les propuso a Muchas Nueces que se hicieron cargo de la edición. Ese fue el despegue, ya que lograron vender 6.000 ejemplares, un gran número para una editorial cooperativa que estaba en gestación.
Muchas Nueces nació de la mano de diez asociados en el año 2012, en el 2013 obtuvo la matrícula y en el 2014 editó su primer libro. La idea de constituirse en formato cooperativo vino de las fábricas recuperadas que comenzaron a conformarse en 2002. Esas experiencias «nos permitieron entender que había otra forma de organizar el trabajo sin necesidad de un patrón», cuenta Miranda.
Hoy, instalada en el barrio porteño de Colegiales, con nueve asociados y asociadas, tienen un fondo editorial con cerca de 40 títulos que distribuyen en librerías de capital y diferentes puntos del país.
Después de La princesa guerrera, la psicóloga y militante Marlene Wayar los invitó al acampe del colectivo travesti-trans y fue allí que «se nos ocurrió con Lucía hacer el libro Crianzas, que había escrito Susy Shock y se lo editamos. Vendimos 100.000 ejemplares, y además forma parte del programa ESI de la provincia de Buenos Aires. Ese fue el último que nosotres convocamos. Después se generó un diálogo con autoras y autores que no conocíamos y que nos encontrábamos en ferias y se estableció una relación más de amistad que de editor/autor y se fueron dando cosas muy lindas».
Transformar el mundo
Muchas Nueces tiene varias colecciones de libros: la infantil y juvenil, adultxs, libros digitales y la revista En una nuez.
Algunos de los libros que integran esa colección son Es otra crisis, un libro que Lucía Aita escribió a diez años de la crisis de 2001, una «historia de una niña que escucha que los adultos dicen todo el tiempo que el problema es por la crisis y se pregunta qué es la crisis, y a la vez que se hace esas preguntas, se entera de que la abuela combate la crisis con su olla gigante». O Cuando me aburro, «que es la historia de una niña que, cuando se aburre, imagina que transforma el mundo y para nosotros eso es súper político, aunque no sea tan coyuntural. Ahora salió Nuestro barco, que relata la vida de un abuelo que viene de España y por amor se queda en Argentina y le cuenta de ese viaje a su nieta mientras hace barcos dentro de botellas».
Inspirados en la famosa frase de Shakespeare, al pensar en el nombre de la editorial sus fundadores decidieron que con ella querían hacer mucho ruido, pero también que haya muchas nueces y así caminan con la convicción de cumplir con su objetivo.
