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Enfermos de clima

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Jorgelina Hiba

Olas de calor, incendios y otros eventos extremos impactan aquí y ahora con graves consecuencias sobre la salud humana. ¿Estamos a tiempo de revertirlo?

Foto: Télam

Brotes recurrentes de enfermedades infecciosas como el dengue, olas de calor más largas y frecuentes, temporadas de incendios forestales más intensas, mayor inseguridad alimentaria debido a pérdidas en los cultivos por inundación o por sequías extremas: el cambio climático impacta aquí y ahora, con graves consecuencias inmediatas y a mediano y largo plazo sobre la salud humana.
Según un informe publicado el pasado 28 de marzo por The Lancet Countdown, realizado sobre datos de doce países de la región, «el cambio climático está perjudicando la salud de los sudamericanos y es momento de tomar medidas inmediatas». Golpes de calor, problemas respiratorios por contaminación del aire, mayor propensión a contagiarse de enfermedades infecciosas como el dengue y menor acceso a alimentos de calidad son algunas de las manifestaciones de las afectaciones a la salud asociadas con un clima más extremo.
Andrés Lescano, epidemiólogo del Centro Latinoamericano de Excelencia en Cambio Climático y Salud de la Universidad Cayetano Heredia (Perú), explicó que el informe condensa información sobre los efectos del cambio climático en la vida y la salud humana «que condicionan a largo plazo la posibilidad de continuar como especie viable en el planeta». «Es muy importante tomar conciencia de que es un fenómeno que ya está ocurriendo, ya tenemos información científica sobre sus consecuencias y es hora de actuar».

Vulnerables
El informe compila información de 28 investigadores de 21 instituciones académicas y agencias de Naciones Unidas entre las cuales está la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Según el reporte, en la última década se multiplicaron en la región las olas de calor, particularmente riesgosas para las franjas etarias más vulnerables, como los niños menores de un año y los adultos mayores de 65 años. «El número estimado de muertes relacionadas con el calor se ha incrementado un 160% en el período 2017-2021 comparado con el período 2000-2004», señala el trabajo, en el que se destaca que algunas regiones de Argentina, Brasil, Colombia y Venezuela han registrado anomalías de temperaturas máximas de hasta 2 grados centígrados.
«Ya vemos efectos del clima en la salud, algunos en las temporadas cálidas y otros en los inviernos, como infecciones respiratorias, efectos de la polución y problemas cardiovasculares. Tenemos efectos muy diversos y las próximas generaciones vivirán con el día a día de estos impactos, por eso es clave una acción climática a nivel amplio liderada por los Gobiernos, pero con la participación de la población y de los sectores económicos», apuntó el investigador.
Lescano es muy contundente: el cambio climático no es algo por venir o un problema a futuro, sino un fenómeno global cuyos efectos regionales «ya se están sintiendo ahora». «Ya vemos los efectos del calentamiento global ahora y si no recortamos las emisiones de gases contaminantes tendremos condiciones inmanejables que afectarán el potencial de supervivencia de las personas», dijo, para agregar que «no se puede decir que tenemos otras urgencias, las urgencias ya están ahora, las olas de calor, las sequías y el dengue ya están encima de nosotros. Es una amenaza actual, no futura, y hay que responder ahora».
Con el cambio climático provocando efectos aquí y ahora, es clave que el área de la salud se adapte y mejore sus respuestas frente a una crisis multidimensional que se ensaña, sobre todo, con las franjas etarias y sociales más vulnerables de las poblaciones sudamericanas. «El sector de la salud tiene una gran responsabilidad, tanto para adaptarse a las nuevas condiciones como a la hora de reducir su propia huella de carbono en sus actividades. Puede dar el ejemplo en los dos sentidos», explicó Lescano, que es uno de los coautores del trabajo.
Esta adaptación del sector de la salud frente a los desafíos que presenta un clima más extremo tiene varias dimensiones y una de ellas es la infraestructura. «Precisamos optimizar nuestros servicios de atención tanto curativos como preventivos frente a amenazas climáticas más recurrentes como inundaciones, deslizamientos de tierra y otros riesgos que el cambio climático incrementa», enumeró.
Esto significa, a muy corto plazo, mejorar la adaptación de las condiciones de los servicios de salud para que, en el momento de emergencias climáticas, no colapsen ni se pierda capacidad operativa. «A más largo plazo es muy importante que incorporemos otras formas de gestionar recursos para que el sector de la salud sea más sostenible y amigable con el ambiente y tenga una menor huella de carbono. La prestación de salud no puede ser un riesgo ambiental», dijo el especialista, para agregar que eso debe ir acompañado de más capacitación a los trabajadores del sector para que «entiendan las múltiples dimensiones del impacto del cambio climático, las olas de calor o las lluvias extremas, que fomentan enfermedades graves y crónicas y que tienen su carga de salud mental».

Menú de acciones

A la hora de repasar las acciones posibles para adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático el investigador recordó que América Latina tiene una población muy urbanizada, por lo que es urgente mejorar los niveles de protección de las franjas de población más vulnerables en ámbitos urbanos. «Hay que proteger más y mejor a los adultos mayores, a quienes padecen enfermedades crónicas y a los niños en las grandes urbes. Mejorar las condiciones de vida en las ciudades es muy importante», dijo el médico.
Por fuera de las ciudades, la medida más urgente es detener la deforestación en la región, con la Amazonia como prioridad absoluta. «Es el pulmón de Sudamérica y su mal o buen estado nos afecta en la calidad del aire que respiramos. Es crítico que detengamos acciones de deforestación y evitemos llegar a un punto de no retorno en el cual esa selva se convierta en sabana», apuntó el experto.
También es importante mejorar los flujos de financiamiento internacional, sin perder de vista las propias responsabilidades que tienen las naciones. «Cada país tiene que asumir su parte e invertir en su futuro y en su presente. Es clave que inviertan sus propios recursos y se apoyen en la cooperación internacional para la transferencia tecnológica. En los medios, en la academia, en la política, todos debemos actuar y tomar responsabilidades, es un problema de todos y la solución vendrá de las manos de todos».

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