Agenda | Libros

Cuentos completos

Haroldo Conti
Emecé
338 páginas

Una edición aumentada de los relatos del escritor, que incluye varios hallazgos.

Cuando esa larga noche de la dictadura cívico-militar se lo llevó para siempre, Haroldo Conti había publicado cuatro novelas y tres volúmenes de cuentos. Como se ha dado con tantos escritores de su época llegados desde la provincia (Castillo, Soriano, Briante, Dal Masetto, Puig), en gran parte de su narrativa el contorno escenográfico fue la pampa húmeda, profunda: en este caso, su Chacabuco natal. La rutina del pueblo, espacio en el que nada parece suceder, en claro contraste con la visión cosmopolita de aquel que regresa al pago. Bien dice Juan José Becerra en el prólogo: la vida como «un drama personal orquestado por fuerzas ocultas que operan contra la voluntad». El ambiente campero se refleja en trenes, sulkys, montes, ríos, viento, cielo, horizonte, caminos de tierra, personajes pintorescos. Esta edición aumentada de los Cuentos completos abarca una obra que va del 44 al 76, con agregados que son verdaderos hallazgos. La sección «Otros cuentos» contiene siete relatos que salieron en revistas y suplementos culturales, en vida del autor o de manera póstuma, aunque las dos verdaderas gemas son «Rosas de picardía», relato de juventud encontrado en un cuaderno escolar por su familia, y «La virgen de la montaña», editado en la revista del monasterio donde el autor cursó como seminarista en su adolescencia. Pero hablar de Conti es hablar, sobre todo, de sus clásicos, incluidos en Todos los veranos, Con otra gente y La balada del álamo carolina. Ahí están, por citar apenas algunos, el tío y su empecinada carrera pedestre en «Las doce a Bragado»; las múltiples maneras en que se manifiesta o se apacigua un deseo en «Los novios»; esa irónica crítica al mundillo literario que expresa «Bibliográfica»; el hombre que anhela ser árbol en «La balada del álamo Carolina». Y también está «Marcado», ese cuento donde el chacabuquense se sentó a discutir con Heráclito y dejó caer la que quizás sea su más bella máxima: «El río es memoria». Conti, hoy, también lo es. 


Hernán Carbonel