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La vida secreta de las personas

Premio. En 2021 la autora fue distinguida por el F.N.A. por estos relatos.

Animales de compañía 
Sonia Budassi
Entropía
188 páginas

Así como habría que analizar cierta tendencia de la cuentística actual a expresar en presente lo anómalo, la aparición de lo extraño en los pliegues de lo cotidiano, el elemento fantástico inserto en lo realista, habría que revisar, también, cierta reincidencia en lo animal. Pensemos en títulos de Santiago Craig, Carlos Prahim, César Sodero, Sylvia Molloy, Mónica Cragnolini o la antología Animalía en la que Isol dibuja a Cortázar, entre otros tantos.

Animales de compañía, de Sonia Budassi, que fue Primer Premio en Letras del Fondo Nacional de las Artes (F.N.A.) 2021 –con Agustina Bazterrica, Mariana Travacio y Gustavo Nielsen como jurados–, podría entrar en ese tándem, aunque de manera oblicua. En estos cuentos los interrogantes se dan de esa manera, tangencialmente: ¿qué o quiénes son los animales? ¿Lo es, lo sigue siendo el propio humano que, con su sola presencia, altera otros órdenes? ¿Cuándo una compañía se vuelve salvación y cuándo trastorno? 
Entre vacas, gallinas, terneros, leopardos, tucanes y otras decenas de especies, se mueven personajes cuyas heridas no siempre evolucionan de la mejor manera, a los que cierta armonía les es ajena, muchos de ellos atrapados en terrenos pantanosos, en lo nunca clausurado. Mujeres abatidas, piadosas, maltratadas, vengadoras. Familias tan extrañas como cualquier familia. Parejas desparejas, amores y desamores, ideales y frustraciones. En definitiva: el impredecible y nebuloso universo de los vínculos humanos. 
Las geografías en que se mueven estos personajes sí son determinables: lo rural, lo urbano y el tránsito (sean rutas o caminos polvorientos) entre uno y otro. Ahí están, por ejemplo, las hermanas de «Kilómetros de distancia», la competencia, alguien que no encaja del todo, lo recorrido y lo que resta, lo que aleja. El jardinero de «El perro te mide pero vos tenés que mostrarle quién es la autoridad», internado en una cama de hospital, apartado de su rutina, preocupado por la salud de su mascota. La mujer de «Perfecta», acosada, perseguida por un hombre que pretende plantar un estándar de belleza y editarle la existencia.
«La velocidad del alacrán» describe el regreso a la casa familiar, a «esa época donde las cosas eran posibles», la figura de un padre omnipotente, el lejano estado de inocencia. Las «Batallas ganadas» se ocupa de una mujer frívola que acaba de separarse de su novio y debe atravesar la división de bienes, sujeta al consumo y la cultura pop, sus brechas simbólicas, su éxito laboral, su perversidad, la vida definida a través de un eslogan publicitario. «Salvar el mundo» es quizás el que más remite al título del libro, el único que lleva epígrafe –no inocentemente, de Horacio Quiroga–, protagonizado por la activista de una ONG que lucha por los derechos de los animales y, entre «plumas, escamas, pelos y cueros», se plantea la dominación sobre otros seres vivos, pero también las contradicciones de su tarea.
Entre delicadas pero ácidas dosis de humor, finales abiertos, cerrados o sugeridos, y comparaciones luminosas, el tono de cada relato va al hueso de la cosa y, a la vez, se permite las digresiones, juega con la oralidad, recorta el lenguaje para allanarle el camino a la narración, se presenta con morosidad o con vértigo sin perder un matiz que lo identifique. ¿Qué es verdad y qué no en las voces de estos personajes? ¿Qué es lo aludido, lo que circula por debajo del texto? Suficiente para que no nos queden dudas y, al mismo tiempo, nos permitamos dudar. No en vano Budassi cita a Coleridge y la suspensión de la incredulidad en el lector, porque «cuando aprendés palabras más precisas es un alivio la breve sensación de control».


Hernán Carbonel

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