De cerca | RUIDOS DE VAR

El gol trastocado

Paradójico Jorge Valdano: lo atrapan las transformaciones del mundo y lo preocupa un mundo que transforma al fútbol. Lo sostiene palabra por palabra.
–Pablo Aimar confesó temer que su generación sea la última que mira partidos enteros de fútbol.
–Cuando leí esa frase de Aimar, por primera vez pensé en el fútbol como algo finito, como algo que se podía terminar. Porque, efectivamente, si acortamos el juego lo transformamos en otro juego. Habría que cambiarle hasta el nombre. Y hay un deseo de intervención que es nuevo. Este ha sido un fenómeno muy inmovilista durante décadas. Y ahora, en muy poco tiempo, nos encontramos con el Var, con los cinco cambios. Me da la sensación de que se toman decisiones sin el suficiente debate. Siempre me planteo, tratándose de un juego que nos pertenece a todos, que hace falta ser valiente para tomar decisiones, desde un despacho, que modifiquen el juego en cuestiones sustanciales. ¿Quién toma esa decisión? ¿Quién se siente dueño del fútbol? ¿Un directivo?, ¿un entrenador? Porque, que yo sepa, a los hinchas no les preguntan y a los jugadores tampoco les preguntan. Me sorprende que haya gente que tenga esa seguridad para modificar cosas que alteran algo que fascina mundialmente desde hace 150 años.
–Más que valentía, parece impunidad.
–Sí, solo así se entiende que hayamos entrado en esta dinámica en la que cualquier oportunidad que se encuentra en el camino nos sirva para modificar. Aprovechamos la pandemia para los cinco cambios. Ya se instaló. En los primeros partidos, se interrumpía a los 21 minutos para hidratación, pero en la hidratación se olvidaban de tomar agua porque el entrenador aprovechaba para dar indicaciones.
–El argumento a favor del Var es que funciona como proveedor de justicia.
–Desde el lado de la justicia es donde el Var me gana. Lo que ocurre es que el fútbol es hijo de su tiempo y la tecnología es todo lo contrario al fútbol. Es casi filosófico mi rechazo a la intervención de la tecnología en un partido. Además, me atemoriza porque la tecnología es muy invasiva, cada vez intenta abarcar más. De hecho, afuera ya sucede eso. Los departamentos de análisis de los clubes cada día se parecen más a la NASA. Ocupan a mucha gente. Los periodistas, incluso, cada día usan más la inteligencia artificial para su trabajo. Pero meter la tecnología dentro de la cancha me parece hasta peligroso. Y, fundamentalmente, el momento sagrado, el del gol, queda trastocado. Hoy el gol tiene una duda adentro. El gol es algo que hasta te vacía por dentro. Y, de pronto, todo lo que sacamos lo tenemos que meter otra vez para adentro porque lo que era gol ya no es gol. Todo eso rompe con un rito que hace al fútbol.