De cerca | ENTREVISTA A JULIETA ORTEGA

«En la poesía está lo que busco»

Mientras protagoniza Perdida mente en el teatro e incursiona en la conducción televisiva, la actriz cultiva su pasión por la literatura y la música. 

Foto: Juan Quiles

En su casa del Palacio de los Patos, Julieta Ortega es algo así como la anfitriona perfecta. El edificio es de una belleza antigua, queda en un sitio de una Buenos Aires altanera, con vestigios de París y a cuadras de los parques de Palermo. Ofrece café y se predispone a la entrevista con una agenda abierta que va desde su madre, Evangelina Salazar, hasta su fascinación por los poetas malditos. Hace casi 30 años que habita esta casa. Después de una vida nómade que incluyó largas estancias por Miami y Los Ángeles, dice que ama el barrio, que adora que la salude la florista de la esquina, que si fuera por ella no se va más.
Está haciendo la obra Perdida mente, de miércoles a domingos, en Multiteatro. Dirigida por José María Muscari, comparte cartel con Leonor Benedetto, Patricia Sosa, Karina K y su querida Ana María Picchio. «En el verano nos vamos a Mar del Plata. Nos está yendo muy bien», dice con orgullo. Sus intereses se multiplican con la literatura y la música. Y también con la política, pero no en su vertiente más miserable, la que cotidianamente escupen los diarios, la televisión y las redes sociales. Ella tiene una mirada amplia sobre la maternidad, las reivindicaciones de género, la relación entre trabajo y libertad.

«La gente cree que es fácil hacer poesía, porque es corta. Y no: tengo muchos escritores cercanos, y se te va la vida. Es tiempo completo. Se sufre.»

Su vínculo con la música y la literatura es total. Por el living se apilan libros sobre George Harrison, la autobiografía de Miles Davis, y lomos con títulos de grandes poetas como Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnik. «En algún momento me ofrecieron cantar. Era la época que lanzaron al disco a varias actrices, como Natalia Oreiro, Leticia Brédice. Justo era el apogeo de Shakira y bueno, me buscó Sony. Pero no me dio. Es como con la literatura: una cosa es leer y otra escribir. Aunque con la escritura tal vez me animo más. Una vez la revista Orsai me propuso escribir un cuento para niñas y niños. Y lo hice. Pero no surge de mí, me tienen que convocar. La gente cree que es fácil hacer poesía, porque es corta. Y no: tengo muchos escritores cercanos, y se te va la vida. Es tiempo completo. Se sufre. Durante mucho tiempo fui amiga de Pablo Ramos y un año fuimos pareja. La conozco de cerca».

El monólogo es una de las maneras de su pasión. Se entusiasma y habla con velocidad y, también, con zigzagueos, preguntas en voz alta. También es amiga de Enrique Symns y de Fernando Noy, dos emblemas del under de los 80. Ella, que carga el peso de haber nacido en una familia tan singular como la que formaron Palito Ortega y Evangelina Salazar, le gusta moverse por ciertos bordes. «Me atrae lo que no soy. En fin, una se rodea de la gente que se rodea. Soy muy cuerda, suelo tener el control de las situaciones. No tomo alcohol. ¡No sé lo que es estar borracha! Una frase dice que hay que desconfiar de alguien que no toma alcohol. ¡Yo desconfiaría de mi misma en ese sentido! Soy la que en las fiestas se acuerda de todo».
Tal vez empezó a olvidar, por caso, cuánto sufrió las diferentes etapas de la vida artística y política de su padre. En la consideración de muchos, Palito pasó de ser «colaboracionista de la dictadura» al candidato a gobernador que le ganó las elecciones al temerario Bussi en Tucumán; de ser el «cantorcito a contramano» que espetó León Gieco en una canción a elevarse como el redentor de Charly García. «Y… la pasé mal, sobre todo de chica. Hay un montón de cosas que pasan a tu alrededor que llegan de una manera lateral. Muchas hasta te cuesta ponerles en palabras».
–¿Lo superaste?
–Me hizo daño. Por suerte no había redes. Lo sufrí, sí. Sobre todo cuando elegís un trabajo que tiene exposición pública. Heredás el amor que tienen por tu padre, pero también la antipatía. De todas maneras, yo me moví por otros carriles. Nosotros vivíamos en Miami, y cuando papá decidió dedicarse a política y volver a la Argentina, yo justo me fui a Los Ángeles. Fue clave haberme ido: estuve entre los 20 y los 23 años ahí. Me hice mujer en Los Ángeles.
En California cursó en el Actor’s Studio y empezó a urdir estrategias para el día a día. «El período de Los Ángeles lo llevo en mi corazón. Estaba sola en la ciudad, sin familia, ni amigos. Empecé a leer, vorazmente. No era la hija de nadie. Ahora parece extraño, ¡estamos hablando de la época preinternet! Fue una etapa muy preciada».
–¿Qué pasó cuando volviste?
–Empecé a trabajar como actriz. Tenía 24 años e hice un montón de amigos y amigas. Después te pasa por arriba la vida misma: te enamorás, viajás, conocés gente, tenés un hijo. Así como remarco la importancia de Los Ángeles, cuando regresé me dio mucha satisfacción estar en mi país. Que en la cuadra me digan «qué grande que está tu hijo» me da mucho placer. Y claro, me conocen desde que caminaba embarazada estas mismas calles.
Benito tiene 16 años y es fruto de su pareja con Iván Noble. Dice que tiene una muy buena relación con ambos y cuenta aspectos de lo que significa criar un adolescente. Vuelve a su familia de origen. «No es casual que los seis hermanos nos dediquemos, cada uno a su manera, a lo artístico. Tiene que ver con las puertas que mi padre y mi madre abrían “para ir a jugar”. Mi madre se dedicó enteramente a nosotros; mi papá jamás traía el laburo a casa. No nos invitaba a un estudio de grabación, ni nos presentaba famosos. No. Esto que tengo yo, de que me hago amiga de gente completamente diferente a mí, viene de mi vieja. Salvando las distancias, su gran amiga es Ana María Picchio, que es de otro palo. Tiene pensamientos y un modo de vida antagónico al de mis padres. Es mi madrina. Yo me identifiqué mucho con ella. Tuvo un impacto tremendo en nuestras vidas. Era Ana María, pero también su entorno. Hacía cosas muy jugadas en dictadura, como los ciclos de televisión Nosotros y los miedos y Compromiso. Nos hacía conocer gente muy especial, muy interesante. Mi hermano Luis dice que hace cine por Ana María; yo soy actriz por ella».

«Ana María Picchio es mi madrina. Hacía cosas muy jugadas en dictadura, como los ciclos de TV Nosotros y los miedos y Compromiso. Yo soy actriz por ella.»

–¿Tus padres incentivaban esa relación?
–La fomentaban, sí. A mi mamá le dio orgullo que yo no repitiera su historia. Yo fui madre de grande, a los 35 y a los tres meses de que nació Benito me ofrecieron hacer en televisión El tiempo no para. A mí me interesaba mucho ese proyecto, pero no me parecía hacerlo con el niño tan pequeño. Mi vieja, que se hizo cargo de todos, me dijo que agarrara, que ella me iba a ayudar, que no quedara atada a Benito.
–Siempre presente.
–¡Omnipresente! Avanza, avanza, abarca. También es cierto que hay que ponerle límites. ¡Geográficos y de los otros!
–¿Qué pensás de tu madre en relación con las reivindicaciones de género?
–Cada una tiene su historia. Son otros contextos. Yo no estoy de acuerdo con que una mujer tenga tantos hijos. Y creo que cada uno en la pareja tiene que trabajar para tener su dinero. Yo no digo que no esté en una buena posición, pero debo trabajar. Para mí es clave.
–¿Por qué?
–Porque si nacés con privilegios es posible que no hagas nada. Hablo de gente que tiene mucho dinero de verdad. ¿Por qué no te vas a quedar en tu casa sin hacer nada? El hambre te salva. Yo no tengo el futuro asegurado y me interesa la independencia. La independencia económica es independencia. Punto. Mirá: mi papá no sabe hacer un montón de cosas. La otra vez fue muy gracioso: en una sobremesa dijo que a él nunca le hacían multas de tránsito. Justo estaba una prima de mamá, que le maneja las cosas, y comentó riéndose: “Sí que le hacen. ¡Se las pago yo!”. Yo nunca tuve asistente, vivo conectada con la realidad. Y si un año no trabajo, estoy en problemas. Mi profesión es muy intermitente. No tengo padres ni marido que me banquen. Creo que así debe ser. Hace poco me quería ir de vacaciones y Leonor Benedetto me dijo: “¿Por qué no esperás? Ahorrá. A las mujeres nos cuesta mucho hacernos de nuestro dinero”. Durante el macrismo no la pasé bien, estaba duro y necesitaba generar dinero. Creamos con una amiga una marca de pijamas. Era meter, meter, meter. Un día le dije: “¿Te parece seguir? No somos dos chicas aburridas que no saben qué hacer. Y no entra un mango”. Al toque vino la pandemia: ¡todo el mundo empezó a usar pijamas y nos empezó a ir bien!

Foto: Juan Quiles

–¿Tanto cuesta trabajar de actriz?
–Es muy irregular. Si algo sobra en la Argentina son buenas actrices. No actores: actrices. De todas las edades y colores. Hay minas extraordinarias. El público tiene muchas opciones. ¿Por qué va a pensar en mí? Es muy endeble todo. Una temporada no te llama nadie; la siguiente te cansás de llenar teatros».
Habla de la educación de Benito, de un viaje soñado –juntos– a Nueva York y del deseo de que más allá de la educación formal encuentre sus maneras, su camino. «Ojalá le pase lo que me ocurrió a mí, que se choque con gente que no va encontrar en casa. Pero en definitiva hay que dejarlos hacer. No tener miedos». Señala libros, toma uno de Idea Villariño todo marcado, y lee un poema titulado «Quiero». «Creo que hay una manera de escribir totalmente femenina. Se nota sobre todo en la poesía», apunta.

«Si algo sobra en la Argentina son buenas actrices. No actores: actrices. De todas las edades. Hay minas extraordinarias. El público tiene muchas opciones.»

–Tuviste un programa en Canal Encuentro, Tres poemas, muy logrado.
–Un viejo anhelo. Fue un proyecto de hace muchos años, de cuando salía con Ramos. Estuvo planchado, hasta que fue reflotado. Yo lo quería hacer más largo, al final quedaron micros de cinco minutos. Siempre es un tire y afloje. Incluso el ciclo se circunscribió a poetas argentinas, yo quería hacer poetas latinoamericanas.
–¿Qué te pasa con la poesía?
–Para mí es esencial. Symns me enseñó a Bukowsky; Noy, a Pizarnik. Así te vas formando. La poesía tiene una inmediatez que hasta le puede gustar a alguien que no lee. Son tres minutos. No necesitás paciencia, ni disciplina. El de la poesía es un camino de ida. Quiero aprender más y más. ¿La verdad? Más allá del teatro y de la tele, con un ciclo de poesía en televisión como el de Encuentro estoy hecha. Siento que en la poesía está todo lo que busco.


Mariano del Mazo