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Argentinos Juniors, valores de Primera

El equipo de La Paternal resurgió de una nueva crisis con su gran campaña en la B Nacional, inspirado en la filosofía de buen fútbol que le dio prestigio en otras épocas. Las influencias del técnico Heinze y el volante Rolón, exponente de un semillero inagotable.


Celebración. El plantel de cara a los hinchas, tras conseguir el ascenso ante Gimnasia de Jujuy. (Télam)

En mayo del año pasado, cuando aún atravesaba el trauma de otro descenso, Argentinos Juniors era la imagen de la autodestrucción, el único equipo de un torneo de 30 que caía a la segunda categoría del fútbol argentino. Era la quinta vez en su historia que bajaba y la segunda en dos años. Pero la costumbre no naturalizaba el hecho. La tradición de Argentinos tenía más que ver con el lugar que dejaba que con el que lo recibía, algo que demostró con el fútbol que lo llevó al ascenso un año después.
Que durante este tiempo se haya hablado más del trabajo que hizo el entrenador Gabriel Heinze que de la historia que encierra el club suena lógico. Esa identidad de Argentinos no es abstracta, sino que la construyen hombres. Heinze asumió en junio de 2016, un mes después del descenso, sin más antecedentes que once partidos como técnico de Godoy Cruz, de los cuales el equipo perdió siete. Eso generaba más desconfianza que expectativa entre los hinchas.
Heinze, quien tras conseguir el ascenso decidió no continuar como técnico del equipo de La Paternal, derrumbó esos prejuicios. Lo hizo sin declaraciones estridentes, sin demagogia con los fanáticos y sin amistades con la prensa. Incluso, casi sin dar entrevistas. Los derribó con un equipo que arrasó en la Primera B Nacional a base de un fútbol ofensivo y bien orquestado: una máquina de dar pases, armar sociedades, tener la pelota, presionar bien arriba y poblar con hombres propios el área rival para que la jugada de gol, al fin, aparezca. El día que ascendió, cuando le ganó 1-0 a Gimnasia de Jujuy en La Paternal, ya le había sacado trece puntos de ventaja a Guillermo Brown de Puerto Madryn. Todavía faltaban cuatro fechas.

Trayectoria luminosa
El entrenador, a los 39 años, no cambió su actitud con las victorias. Mantuvo su distancia con la prensa y relativizó los elogios que le llegaron desde la tribuna. Acaso solo se aflojó un poco al final. «Me fueron a buscar cuando el club se incendiaba –dijo Heinze cuando Argentinos se aseguró el ascenso–. Los dirigentes pusieron en juego cosas personales cuando pasamos momentos muy jodidos y eso tiene un gran valor. Quiero pedirles perdón por mi carácter y mis formas, que a veces llevaron a un camino áspero».
Pero el fútbol de Heinze –entrenador salido de Newell’s– abreva en una tradición, la de una institución cuya historia es saber apoyarse en su fútbol, en una identidad que apela al barrio –la esquina de Juan Agustín García y Gavilán, donde está la cancha– pero que también tiene una influencia internacional. Que su estadio se llame Diego Armando Maradona resume por qué Argentinos Juniors –un club de origen anarquista y socialista– se autodenomina con razón como el Semillero del Mundo.


Conductor. Heinze asumió en junio de 2016. (Dyn)

Argentinos fue la cuna de Maradona y fue también uno de los pocos equipos argentinos por fuera de los más poderosos que ganó la Copa Libertadores. Antes de que lo hiciera Argentinos en 1985, solo Estudiantes de La Plata lo había conseguido. Y aunque no avanzó al casillero de los que se quedaron con la Copa Intercontinental, tuvo algo parecido: fue el protagonista de un partido icónico, de los mejores que se recuerden, el 2-2 contra la Juventus de Michel Platini. Perdió por penales. Si la historia del fútbol le guarda un lugar a los ganadores morales, hay que anotar a ese Argentinos Juniors que dirigía José Yudica y musicalizaba Claudio Borghi en la cancha.

Joyas guardadas
De ese tiempo a esta parte, Argentinos atravesó épocas tristes. Hasta llegó a ser controlado por Torneos y Competencias, la empresa dueña del fútbol argentino, que en 1993 lo llevó a ser local en Mendoza. Tres años después, Boca pasó de shopping por sus divisiones inferiores: se llevó, entre otros, a Pablo Islas, César La Paglia, Lucas Gatti, Carlos Marinelli, Juan Román Riquelme y Emanuel Ruiz. No fue casualidad que por ese tiempo el modelo Argentinos se replicara en la Selección. En 1998, José Pekerman –exentrenador de sus inferiores– llegó a las juveniles argentinas y cambió la historia (ver recuadro). Dejó un espejo donde mirarse. Mientras, el club sufrió otros vaciamientos que lo dejaron rengo. Luis Segura, sucesor transicional de Julio Grondona en la AFA, gobernó durante más de 13 años. Dejó al club noqueado. Después de su paso llegó el último descenso. También bajo su gestión –y con Borghi de técnico– Argentinos ganó el título de 2010. Aunque se pareció demasiado a un veranito en medio de un largo invierno.
La historia de Argentinos no es solo un relato nostálgico. También incluye continuas resurrecciones. De ese semillero salieron jugadores como Sergio Batista, Fernando Redondo, Esteban Cambiasso, Borghi y Riquelme, que volvió al club en 2014 para conseguir otro ascenso, el anterior, con Néstor Gorosito como entrenador. El paso de Román por Argentinos rompió la exclusividad que mantenía Boca y demostró una vez más que el club tiene el fútbol suficiente para estar en Primera.
Si Batista, Redondo y Cambiasso fueron los volantes centrales emblemáticos de una época, Argentinos ya tiene un nombre para proponer en ese puesto: Esteban Rolón es la nueva joya. El juego de Argentinos respiró en sus pies durante el torneo de la B Nacional en el que consiguió el ascenso. Rolón es la clase de mediocampista con estilo, a la medida del club que lo formó. Al cierre de esta edición, con 22 años, a Rolón se lo disputaban varios equipos del país y del exterior. Argentinos escuchaba ofertas. Aunque el fútbol argentino siempre tiene guardado un lugar para las nuevas apariciones, no deja de ser simbólico que ocurra en Argentinos, donde siempre queda algo aunque no parezca haber nada.