Deportes

Cambio de manos

Con la obtención de su séptima corona, Bolívar recuperó el liderazgo en el vóley nacional tras vencer a UPCN de San Juan, su gran rival de la competencia federal. Bases y continuidad de un ambicioso proyecto que modificó el mapa de la disciplina.

Punto ganador. Ataque de Bolívar en la final disputada en el estadio República de Venezuela. (Gentileza Club Ciudad Bolivar)

Fundado el 23 de octubre del 2002, hace apenas 15 años, el Club Ciudad de Bolívar necesitó solo una década y media para erigirse como una de las instituciones más emblemáticas del vóley argentino en su historia. Es que después de seis temporadas sin éxitos locales, el equipo fundado por Marcelo Tinelli consiguió en 2017 un hito al convertirse en el conjunto con mayor cantidad de títulos ganados (siete) en la Liga Argentina de Clubes,  certamen federal que comenzó a disputarse en 1996 y mejoró el nivel de la competencia.
Para lograr esa distinción, el Celeste –como apodan a la entidad de la provincia de Buenos Aires– apostó a un proyecto deportivo ambicioso y con sólido respaldo económico. Los logros obtenidos dan cuenta de cómo la aparición de Bolívar marcó un antes y un después para la disciplina. En sus dos primeras participaciones se coronó bicampeón (2002-03 y 2003-04) y sumó cuatro títulos consecutivos entre 2006 y 2010.  Así, el club fue forjando una identidad de juego que lo transformó en animador indiscutido de la liga.
Más allá de lo deportivo, otro factor resulta relevante para comprender el fenómeno Bolívar. Mientras el club cosechaba éxitos domésticos e iniciaba su participación en torneos internacionales, también crecía en el plano institucional. Por caso, en  2007 inauguró el Complejo Deportivo José Domeño, una obra que tuvo el apoyo de la Secretaría de Obras Públicas de la Nación. El predio, que fue creciendo con el correr de los años, hoy abarca seis hectáreas y cuenta con 3.000 metros cubiertos entre los que hay 12 habitaciones, una pileta semiolímpica y un gimnasio de vóley con dos canchas de entrenamiento.
Cabe señalar que al apoyo del Estado se suma el continuo aporte del sector privado, motivo por el cual el club tuvo distintos sponsors junto a su nombre (actualmente se llama Personal Bolívar). En ese plano, y ya consolidado como proyecto deportivo y social, no resultó extraño que consiguiera un título de alto impacto como el Sudamericano de clubes, en 2010.

Reforzar el plantel
Sin embargo, en el camino de Bolívar aparecieron obstáculos y desafíos que se extienden hasta el presente. El desembarco de UPCN de San Juan tonificó la competencia y generó que la disciplina tuviera su gran clásico. Fundamentalmente porque el equipo del gremio de la Unión del Personal Civil de la Nación (de ahí su nombre) obtuvo seis de las últimas siete ligas, en tres de ellas derrotando a Bolívar en la final.  Es por eso que, con igual cantidad de títulos, la instancia definitoria de este año presentaba un condimento extra, teniendo en cuenta que estaba en juego el liderazgo en el historial. Logró imponerse el cuadro de la provincia de Buenos Aires en un reñido cruce que recién se definió en el quinto partido de la serie, disputado en el estadio República de Venezuela de Bolívar ante una multitud.   
Para alcanzar el objetivo, el Celeste decidió reforzar su plantel. Apostó por la renovación de un entrenador de élite como Javier Weber, retuvo al líbero de la selección Argentina, Alexis González, y se reforzó con nombres destacados del medio local: Demián González, Leonardo Patti y el búlgaro Todor Aleksiev, tres jugadores que un año atrás habían sido verdugos de Bolívar jugando para UPCN.
Cimentados en un presupuesto más alto en comparación con los otros diez equipos que compiten en la Liga, la otra carta fuerte del equipo fue el fichaje del australiano Thomas Edgar, el primer basquetbolista de su país en jugar en la Argentina y un referente de su selección. Con 27 años y un imponente físico de 2,12 metros, el  delantero terminó siendo la gran figura de la temporada tras llevarse los premios al mejor jugador extranjero, al máximo anotador y al jugador más valioso de las finales.
 La contratación de Edgard, como se advierte, resultó fundamental para el título. Aunque no menos importante fue la mentalidad ganadora exhibida por el equipo, consciente del exigente reto: sostener a Bolívar en lo más alto del vóley nacional.