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Cristiano, otra marca registrada

El fútbol mundial, desde hace casi una década, concentra la atención en dos referencias: el argentino Lionel Messi y el portugués Cristiano Ronaldo. Por sus meritorios desempeños, sus instintos competitivos y sus disímiles personalidades, cada año se renuevan debates –muchas veces fogoneados por ciertos medios– sobre cuál es el mejor. En esta oportunidad, la estrella del Real Madrid se erigió como el gran protagonista de 2016. Reciente ganador del primer Premio The Best, flamante galardón de la FIFA luego de su divorcio con la revista France Footbal (ambos entregaban el Balón de Oro), Cristiano tuvo incidencia directa para sumar prestigiosos títulos con el equipo blanco y la Selección de Portugal, entre ellos la Champions League, la Supercopa europea,  el Mundial de Clubes y la Eurocopa. Demasiados logros para considerar a Cristiano solo como un producto de la industria del fútbol. Más allá de su alto perfil, de explotar al máximo su imagen comercialmente, sobresalen en el delantero destacadas cualidades técnicas, por caso la habilidad de movimientos, su eficaz cabezazo y la potencia de su remate. No casualmente, además, la carrera del portugués exhibe otros hitos. En el Manchester United, su exclub, obtuvo 10 títulos oficiales bajo la conducción de Alex Ferguson, mientras que en el Madrid –además de ganar  los campeonatos más importantes– se convirtió en el máximo artillero con más de 380 gritos. A tal punto llega su influencia que muchos lo ubican entre los grandes de la historia merengue junto a Di Stéfano, Puskas, Butragueño,  Zidane y Raúl, por citar algunos. De ahí que Cristiano, como Messi, trascienden los debates para determinar quién es mejor. Más interesante es detenerse en aspectos del juego que permanecerán grabados en la memoria como sus íntimos y especialísimos vínculos con la pelota.