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Deschamps de vuelta

En Rusia 2018, el francés sumó su segunda estrella mundial, esta vez en el rol de entrenador, gracias a su visión estratégica para armar un seleccionado sólido y contundente. Su liderazgo en el camino que va de Zidane a Pogba, Mbappé y Griezmann.


Moscú. Los  jugadores galos levantan a Deschamps, luego de consagrarse como los mejores del mundo en el estadio Luzhnikí. (FIFE/AFP/DACHARY)

Hay que prestar atención a un episodio, cuando Francia ya había conquistado Rusia, cuando ya había logrado el segundo título del mundo de su historia, y es el momento en el que los jugadores franceses irrumpen de sorpresa en la conferencia de prensa de Didier Deschamps, el entrenador. Saltan, bailan, revolean agua, se paran sobre la mesa en la que iba a ubicarse el técnico para hablar con los periodistas, lo mojan a él, mojan a todos, y comienzan a cantar: «Didier Deschamps, Didier Deschamps, Didier, Didier, Didier Deschamps». Era alegría por el festejo, el éxtasis de ser campeones del mundo, pero, sobre todo, era un acto de devoción y respeto al hombre que los condujo hasta ese lugar.
Deschamps se fue desde Moscú hacia París después de haber estado en el olimpo, el podio de jugadores que levantan una copa del mundo y luego lo hacen como entrenadores. Los otros fueron el brasileño Mario Zagallo, que la ganó como futbolista en Suecia 58 y Chile 62, y luego como técnico en México 70, y el alemán Franz Beckenbauer, capitán campeón en Alemania 74 y quien comandó la selección que obtuvo Italia 90. En Francia 98, Deschamps lideró al equipo que consiguió el primer título para ese país, de local, una selección que se movía en la cancha bajo la dirección de Zinedine Zidane. Pero Deschamps era el que mandaba en el vestuario, al que se lo escuchaba aunque el técnico fuera Aime Jacquet.
Así como está el momento posterior al triunfo con Croacia en Moscú, el de los jugadores celebrando a su entrenador, hay otro en el entretiempo de las semifinales de Francia 98 que demuestra el peso que tenía Deschamps sobre el equipo y cómo influía su liderazgo en el resto de los jugadores. Lo contó el periodista Marcelo Gantman antes de la final de Rusia 2018. Francia empataba sin goles contra Croacia, el equipo de Davor Suker, Robert Prosinecki y Zvonimir Boban. Los jugadores se fueron al vestuario y Jaquet intentó un reto, no le gustaba cómo estaba jugando el equipo. Pero nadie le prestó demasiada atención. Cuando el técnico terminó de hablar, tomó la palabra Deschamps y otra energía corrió en el vestuario. Ahí les hablaba el líder, quien los comandaba. Deschamps hizo una arenga, los empujó para salir a la cancha. Francia le ganó a Croacia en París como le ganaría veinte años después en Moscú. Las pesadillas croatas deben estar musicalizadas con «La Marsellesa».

Itinerarios
Nació en Bayona, en el País Vasco francés. En octubre va a cumplir 50 años. Antes que al fútbol, Deschamps jugó al rugby y, también, a la pelota vasca. Llegó a tener una incipiente carrera con la ovalada, pero lo que primó fue el fútbol. Debutó en el Aviron Bayona, pero pronto pasó al Nantes. De ahí, al Olympique de Marsella, con un paso por el Girondins de Burdeos, y el salto luego a las tres ligas más importantes de Europa: Juventus, en Italia; Chelsea, en Inglaterra; y Valencia, en España. Ya había sido campeón del mundo con Francia, controlando el mediocampo, cuidándole las espaldas a Zidane, una misión que repitió en Italia.
Deschamps asumió en 2012 como entrenador de la selección ahora campeona del mundo. Había dirigido al Mónaco, a la Juventus y al Olympique de Marsella, que con Deschamps ganó la liga francesa después de 18 años. En ese camino, Francia llegó a la final de la Euro 2016 y la perdió con Portugal. Deschamps tuvo que soportar críticas por el juego del equipo, algo que no cambió ni siquiera en el Mundial de Rusia, cuando Francia pasó la primera fase sin complicaciones, pero con un fútbol poco vistoso.



Cuartos de final. Gol de Varane a Uruguay. (EISELE/AFP/DACHARY)

En Rusia, Deschamps construyó un equipo que se amoldó a lo que era indispensable. Hizo lo justo y necesario. Sólo necesitó ráfagas para quedarse con los partidos. Fueron los minutos que transcurrieron para hacerle tres goles a la Argentina en Kazán, por los octavos de final. Y aunque sufrió sobre el final por el gol de Sergio Agüero, ese fue el único momento del Mundial en el que pareció zozobrar en Rusia. Porque siempre tuvo todo bajo control. Le tocó ser más protagonista con Uruguay, que le entregó la pelota, y lo hizo. A la vez, apeló al contrataque contra Bélgica en las semifinales. Y terminó con una imagen más gris –en su estética– contra Croacia, a la que le cedió el partido para desgastarla, para aprovechar que era un equipo que cargaba con tres tiempos extra. Otra vez fue a toda velocidad. Los dos goles del segundo tiempo sacaron de la cancha a los croatas.

Otra generación
Deschamps estableció una estrategia con Francia en la cual sin extremos tampoco hubo grietas. Fue un campeón con pocas fisuras. Sin una gran elaboración, pero con mucho talento y, también, espíritu colectivo. Antoine Grizmann fue el cerebro sin ego. Le cedió las luces al joven Kilyan Mbappé. N’golo Kanté y Paul Pogba se pusieron al servicio del equipo, con despliegue, con quite, con marca, con pase y, en el caso de Pogba, hasta con gol en la final. Raphaël Varane y Samuel Umtiti fueron uno como dupla central, un gran complemento. Y si bien Hugo Lloris se equivocó en el segundo gol croata, resultó el arquero necesario para ganar un título.
A Deschamps le critican en Francia, incluso después de haber ganado el Mundial, que con ese talento no haya soltado más al equipo. Pero esos jugadores, a la vez, fueron los que celebraron los 80 partidos que cumplió como técnico, superando el récord de Raymond Domenech. Le tienen cariño al entrenador. Es el equipo de lo que algunos llaman «la Francia multicultural», el producto de la inmigración, los hijos de argelinos, cameruneses y congoleños. Y no estuvo Karim Benzema, de origen argelino, debido a un caso de chantaje contra un compañero, Mathiue Valbuena, del que se sospecha que participó el delantero del Real Madrid. Aunque hay quienes, como Éric Cantoná, que acusaron a Deschamps de racista; otros sostienen que con Benzema en lugar de Olivier Giroud el equipo hubiera sido diferente.
Algunos de los jugadores de esta Francia son los que hubieran sido perseguidos de no haber sido futbolistas. Es otra generación, pero con una historia parecida a la selección que ganó el título de 1998, la que el derechista xenófobo Jean Marie Le Pen criticaba porque no era una Francia «pura». Deschamps estuvo ahí. Era la selección multicolor, multiétnica. También lo fue en Rusia. Y también fue campeón.