Deportes | ROGER FEDERER

El tenista irrepetible

Le puso fin a una carrera de ensueño. Su tenis elegante, los números récord y los memorables duelos con Nadal lo ubican en el olimpo del deporte.

Leyenda. El suizo saluda a la gente en Wimbledon, Inglaterra, en su última participación. Con 20 Grand Slam, es uno de los más ganadores de todos los tiempos.

Foto: AFP

«Desearía que este día nunca hubiera llegado. Es un día triste para mí y para todo el mundo. Ha sido un placer, pero también un honor y un privilegio compartir todos estos años contigo, viviendo tantos momentos increíbles dentro y fuera de la cancha». El mensaje de Rafa Nadal minutos después de que Roger Federer anunciara su retiro del tenis profesional suena sincero. Por qué no serlo. Federer no hubiese sido quien fue sin Nadal, ni Nadal sin Federer. Hegemonizaron el tenis profesional durante las décadas del 2000 y 2010. Recién en los últimos años apareció Djokovic para hacerles sombra. Y otro español, Carlos Alcaraz, que ya está en el top. Pero pasará tiempo para saber si ellos, o quienes asomen, están a su altura. Sabemos que el tiempo pasa. El suizo no jugaba desde el 7 de julio de 2021, cuando fue eliminado por Hubert Hurkacz en los cuartos de final de Wimbledon. Tarde o temprano iba a pasar, termina una época: Federer se despide del tenis. Septiembre de 2022 tendrá días históricos: el jueves 15 porque el suizo anunció que deja de ser tenista profesional; y el fin de semana del 23 al 25 porque jugará su último torneo, la Laver Cup, en Londres, que ya ganó tres veces.
De 41 años (8 de agosto de 1981, Basilea, Suiza), Federer conquistó nada menos que 20 Gran Slam (GS): 8 Wimbledon, 6 Australia Open, 5 US Open y 1 Roland Garros. Con esos veinte títulos quedó tercero en la tabla histórica de GS: Nadal es el primero con 22 y Djokovic el segundo con 21. Un cuerpo privilegiado, el de Roger, que no escapó a las lesiones. Su último logro fue antes de la pandemia de COVID-19, en el Abierto de Australia de 2018. Desde que se inició como profesional en 1998 y ganó en 2001 su primer torneo, en Milán, conquistó un total de 103, cifra solo superada por Jimmy Connors, con 109. Ganó 1.251 partidos del circuito y perdió 275. Tiene el récord de más cantidad de semanas consecutivas como número 1 del ránking ATP: 237. Le faltó el oro olímpico en individuales (plata en Londres 2012), pero se dio el gusto de ganar en dobles en Pekín 2008, junto a Stanislas Wawrinka. 

Puro arte
Federer fue al tenis lo que el Barcelona de Guardiola y Messi al fútbol. Ver partidos de Federer fue, es y será un espectáculo. Arte puro. Siempre elegante, parecía que ganaba sin transpirar. «Despeinate», le gritaron una vez. Él devolvió con un gesto que generó aplausos de los espectadores. Nunca se lo vio desesperado, aun cuando parecía que perdía. Tal vez la psicología pueda explicarlo mejor. Parecía que sin mosquearse daba vuelta los partidos.
Siempre que pudo escapó a los escándalos. Pero a veces no le salió. En 2005 un diario suizo publicó que Miroslav Vavrinec, el padre de su novia Mirka, estaba involucrado en el negocio de la prostitución en la F1. «Molesto con los titulares elegidos por el diario –"Escándalo sexual” junto a la foto del tenista y su novia– Federer tomó el teléfono y llamó al dueño del poderoso grupo editorial Ringier, que publica el Blick. El asunto se diluyó rápidamente», se lee en Sin red, libro del periodista argentino Sebastián Fest que retrata la rivalidad de Federer y Nadal desde sus comienzos.
Tampoco evitó las críticas. Una de ellas ocurrió en 2020, cuando, lesionado, fue partidario de suspender los puntos del ranking por la pandemia. «Federer cambió el ranking para protegerse a sí mismo. Es irresponsable y desde mi punto de vista incorrecto. Toma ventaja de su posición en el Consejo de Jugadores. Si no hubiera habido ese cambio, estaría fuera de los 50 primeros», acusó el polémico Dirk Hordorff, vicepresidente de la Federación Alemana de Tenis.
Este año –y desde el Consejo de jugadores– intervino en favor de los rusos y bielorrusos a los que organizadores de Wimbledon no les permitían participar dado que Rusia entraba en conflicto bélico con Ucrania.
Para algunos fue, por lejos, el mejor deportista. Para otros, el mejor del tenis. De lo que no hay duda es de que integra el olimpo del deporte de todos los tiempos. Habrá que ver con quiénes. El mencionado Nadal, Muhammad Alí, Kobe Briant, Lionel Messi, Diego Maradona, Michael Phelps, Nadia Comaneci, Michael Jordan, Allyson Felix, Usain Bolt, Eddy Merckx, Serena Williams, Michael Schumacher, Steffi Graf, Joe DiMaggio, Yelena Isinbayeva, Tiger Woods, Kathrine Switzer, Enriqueta Basilio, Floyd Myweather, Birgit Fischer o Charlotte Cooper, entre tantos y tantos.
Ver jugar a Federer, también, fue una experiencia religiosa. Así lo expresó magistralmente el escritor David Foster Wallace, quien le dedicó en 2006 un emblemático texto: El tenis como experiencia religiosa. «Casi todo el mundo que ama el tenis y sigue el circuito masculino por televisión ha vivido durante los últimos años eso que se puede denominar Momentos Federer», escribió. Compara su juego con escenas de Matrix, dice que su estilo refleja la « belleza humana» de los deportes de élite y se asombra de que su pareja (entonces su novia, con quien se casaría en 2009, la extenista Mirka Vavrinec) lo acompañe en el circuito y le maneje sus asuntos. Y destaca «su deportividad, su honradez generalizada evidente, su consideración y su generosidad caritativa: está todo al alcance de una simple búsqueda en Google».
Fue Mirka quien le hizo bajar unos cambios para llegar a ver el Federer que conocimos. El de sus comienzos era indomable. En el libro Los años de celebración, de los periodistas Marco Keller y Simon Graf, lo definen como «irrespetuoso, sobrador y poco profesional». «Gracias a ella crecí más rápido. Ella es mayor que yo, y las mujeres, de todos modos, maduran más rápido que nosotros», dijo el suizo.
También a principios de los 2000 se produjeron los primeros cambios de imagen, impulsados por Nike y por su amiga Anna Wintour, editora de la revista de modas Vogue. Wintour, en estas horas contó que desde hace unas semanas no puede dejar de llorar por, primero, el retiro del tenis de Serena Williams; después, por la muerte de la Reina Isabel II; y ahora, por Federer. «Lo primero que sentí es que no iba a tener más esa sensación de emoción al encender el televisor y verlo hacer lo imposible. O ir corriendo a Londres, París o Melbourne solamente para verlo jugar. Eso me generó una enorme tristeza. Mi corazón dio un vuelco», lamentó. «Las pérdidas vienen en racimos».
De pelo desprolijo y con colita y remeras holgadas pasó a peinados prolijos y remeras ajustadas. Parecía el padre de Nadal, por más que solo le lleva cinco años. Aprendió a medir sus enojos. No volvió a ser aquel que en 2009 cruzó al juez de silla Jake Garner en la final del US Open que perdió ante Juan Martín del Potro. «No me digas que esté tranquilo, ¿ok? Cuando quiero hablar, hablo. Me importa una mierda lo que digas», le dijo. Martina Navrátilová definió a Federer como «diplomático», y más: «En él nada, nunca, huele mal». Cris Evert, otra referente del tenis, comparó: «Federer es un artista y Nadal un guerrero».
En 2012 y 2019 Federer jugó partidos de exhibición en Argentina. La primera vez en Tigre y la segunda en el Terán de Wheiss, del Parque Roca de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A través de una pantalla gigante, Diego Maradona le grabó un mensaje: «Maestro, máster, máquina: fuiste, sos y serás el más grande». Palabras que pesan y hablan de la dimensión de un deportista excepcional. Situado en el olimpo.


Alejandro Duchini