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En la marea

Con el éxodo de jugadoras a Europa y la ampliación de contratos, el fútbol femenino profundiza su crecimiento aunque subsisten deudas pendientes. Fortalecer las divisiones inferiores y mejorar la infraestructura, claves para la definitiva profesionalización.


Superclásico. El primer Boca-River de la nueva era, disputado en La Bombonera, en 2019. (Natalia Montero)

Amás de un año del Mundial Francia 2019, histórico para la selección, y con el primer torneo finalizado por la pandemia después del inicio de la profesionalización en Argentina, el fútbol femenino avanza en zig zag, no sin deudas pendientes a corto plazo y desafíos desde lo deportivo y organizativo. Ante el regreso a los entrenamientos, el mapa general coloca a Boca, que era el líder, como el único clasificado a la Copa Libertadores después de que la AFA diera por terminado el torneo de Primera División, sin campeón ni descensos. Y en la previa al regreso, ubica a River como el último club que amplió a 20 los 8 contratos que exige la AFA en cada equipo. Pero también se produjo un movimiento derivado de la vidriera que significó el último Mundial: el éxodo de futbolistas a Europa, con la llegada de Dalila Ippolito a Juventus, tricampeón de Italia, como una transferencia inédita. En este panorama, federalizar la práctica del fútbol femenino, mejoras en infraestructura y construir divisiones inferiores aparecen entonces en el horizonte como las deudas más grandes.
El fútbol femenino no le escapa a la lógica exportadora de futbolistas. UAI Urquiza, el club que ganó cuatro títulos de los últimos seis torneos de Primera División, además de la salida de Ippolito a Italia, ya no contará con Adriana Sachs y Solana Pereyra, entre otras jugadoras. Sachs jugará en Collerense de España, igual que Belén Spenig, quien dejó Racing. Pereyra fichó con Tacuense. Y Milagros Menéndez, mundialista como Ippolito, Sachs y Pereyra, también abandonó Racing: pasó a Granada. Se sumarán a una decena de jugadoras argentinas que se desempeñan en España, repartidas en Primera y Segunda División. Las futbolistas emigran para dedicarse full time al fútbol. Otras, sin contrato, priorizan trabajo y estudio. Y hasta analizan dejar de jugar. Esa es la convivencia en el fútbol femenino argentino. Los 17 clubes de la Primera División, todos de Ciudad y Provincia de Buenos Aires –a excepción de Rosario Central–, apelarán en el rearmado a atraer jugadoras de las ligas del Interior, a reforzar las bases y a promover juveniles. Por más que pronto se regrese a las prácticas, todo indica que la nueva temporada comenzará en 2021.

Hito con vidriera
Ippolito, la talentosa y hábil mediocampista de 18 años, es la bandera de una nueva generación de mujeres que soportó menos prejuicios para empezar a jugar al fútbol; pero también de jugadoras que se cansaron, que quieren vivir de la pelota. «Jugar en Italia va a ser un cambio rotundo en mi vida –dice Ippolito, que tiene una cancha con su nombre en el club de Villa Lugano donde se formó–. El Mundial me aportó conocimiento del exterior, pero también prestarle atención y darle importancia al físico y a la estructura europea. Hablando con las chicas de la selección que juegan afuera te dicen que allá es otro mundo, que estamos a años luz. Y eso que allá está en crecimiento…». Ippolito llega en calidad de libre a Juventus. En el fútbol femenino, la mayoría de los clubes apuestan a contratos de un año. Ippolito, por esa disposición, quedó con el pase en su poder y Juventus no pagó un peso por contar con sus servicios. El semiprofesionalismo también hizo sus efectos con la aparición de otros personajes del fútbol: los representantes.
Milagros Menéndez también llegará libre a Granada de España. Delantera de 23 años, Mili, como la llaman, es la autora del primer gol en la remontada épica ante Escocia en el último partido del grupo en el Mundial. Recibió el pase gol de Ippolito. Aquel 3-3 visibilizó al fútbol femenino en todo el país. «Después del gol ante Escocia, me llegaron varias ofertas, pero en Argentina estaba empezando la profesionalización del fútbol femenino y era algo que quería vivir en primera persona –dice Menéndez–. Ahora, durante la pandemia, puse varios motivos en la balanza, y uno de ellos fue mi crecimiento deportivo y económico. Las expectativas son muy buenas». De aquí en adelante, surge un interrogante: ¿los clubes argentinos invertirán en contratos más extensos, como hizo River con algunas futbolistas hasta 2022, para luego poder exportar y quedarse con dinero?
A ese interrogante se suman otros. Por caso, a fines de abril, la AFA echó a correr la versión de que se terminaba el financiamiento a los clubes para los contratos de las futbolistas ante la crisis pandémica. En cuestión de horas, tuvo que retroceder. Para poner en contexto: las jugadoras ganan sueldos que equivalen al mínimo de un futbolista de Primera C: 20.000 pesos. «Hablamos de una “semiprofesionalización” porque falta muchísimo», advierte a Acción Melu Kaler, periodista del sitio FutFemProf, y agrega: «La FIFA está invirtiendo mucho en el fútbol femenino, porque se dio cuenta de que es negocio, y desde la AFA no siguen esa línea. No hay comunicación clara ni directa. Durante la cuarentena se habló de fechas de regreso del masculino, de inferiores, del Ascenso, y nunca del femenino. No es casual. Si no hay inversión y si no se cree realmente en el fútbol femenino, es muy difícil que se pueda mejorar la base deportiva. Falta mucho para que sea competitivo. Falta formación: la mayoría de las jugadoras que hoy están en Primera tuvieron diez años de su vida en los que no jugaron al fútbol porque no tenían clubes ni torneos para hacerlo».
El próximo Mundial se jugará en Australia y Nueva Zelanda en 2023. Después de que la AFA ratificara que seguirá pagando los contratos, Claudio «Chiqui» Tapia postuló a Argentina para organizar el Mundial Sub20 2021, la Copa América 2022 y la Copa Libertadores 2021. El Mundial Sub20, finalmente, se jugará en Costa Rica, sede original junto a Panamá. Pero cualquier torneo que se juegue en Argentina servirá como difusión, elevará el nivel de la competición local y traerá un crecimiento. Quedó certificado: cuando la selección se jugó la clasificación a Francia 2019 en un repechaje ante Panamá, más de 15.000 personas abarrotaron la cancha de Arsenal, lo que fue un marco inédito para un partido de mujeres. Y la selección volvió a un Mundial después de 12 años. Lo que no existía entonces, ahora sí existe: un torneo de Primera semiprofesional que necesita canchas acordes y horarios de partidos «normales» para la transmisión de la TV. El talento de las futbolistas en la Argentina está más que probado.