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Fútbol en emergencia

Tras casi 8 meses de receso, volvió a rodar la pelota con planteles disminuidos por la crisis y mayoría de juveniles. El noveno cambio de formato impulsado por la naciente Liga Profesional y las disputas políticas que abren interrogantes con miras al futuro.

Por los puntos. El estadio de Lanús, sin público, en el encuentro disputado entre el local y Boca por la primera fecha de la zona 4 de la Copa. (Télam)

La vuelta del fútbol argentino en plena pandemia confirmó un estado de situación: la emergencia prima dentro y fuera de la cancha. Después de 228 días, de casi ocho meses, la Primera División retornó con la Copa de la Liga Profesional de Fútbol, en reemplazo a la estructura de la Superliga. El noveno cambio de formato de torneo consecutivo en el fútbol argentino trajo además otras desprolijidades y desórdenes en el marco de una crisis económica que aplacó el mercado de fichajes. En relación con el juego, el nuevo torneo, que se desarrollará incluso en Navidad y Año Nuevo y que terminará a mitad de enero, será un escenario para la prueba de juveniles, más aún con la no sumatoria de puntos para el promedio y la anulación de los descensos hasta 2022. El fútbol argentino afronta un torneo atípico en un momento particular en el mundo por el COVID-19, aunque a veces parezca que, con o sin pandemia, cambia todo el tiempo las reglas de juego.   
Un signo de la depreciación fue que 23 de los 24 equipos tuvieron más bajas que altas. Entre marzo y octubre, cerca de 100 futbolistas de Primera emigraron al exterior. Lucas Martínez Quarta dejó River y recaló en Fiorentina, de Italia. Adolfo Gaich emigró a CSKA Moscú, de Rusia, desde San Lorenzo. Y Matías Zaracho pasó de Racing a Atlético Mineiro, de Brasil. Y solo por nombrar a jugadores con minutos en los partidos recientes en la selección argentina. En contraposición, River, por ejemplo, no incorporó ningún futbolista. La contracara es Central Córdoba, de Santiago del Estero: se fueron 19 jugadores y llegaron otros 19. Boca apenas perdió al paraguayo Junior Alonso del equipo titular que se consagró en la última Superliga. Los clubes, en conjunto, incorporaron 127 jugadores (en 2019 fueron 196). Los lugares vacíos serán para los juveniles. Y más sin la presión por los descensos. Muchos debutarán. Otros se asegurarán minutos.
Los equipos que menos movieron la estantería, de este modo, parten con ventaja en la Copa de la Liga Profesional. Boca y River tuvieron un plus: retomaron los entrenamientos antes que el resto de los planteles por jugar la Copa Libertadores. «Lo más importante fue que se mantuvo la base del equipo. Prácticamente somos los mismos que terminamos antes de la pandemia –dice Carlos Izquierdoz, titular de Boca en el debut ante Lanús–. Nos conocemos, sabemos lo que nos pide su cuerpo técnico». En efecto, 7 de los 24 equipos cambiaron de entrenador durante el parate: Vélez (Mauricio Pellegrino), San Lorenzo (Mariano Soso), Unión (Juan Manuel Azconzábal), Banfield (Javier Sanguinetti), Central Córdoba (Alfredo Berti), Godoy Cruz (Diego Martínez) y Rosario Central (Cristian «Kily» González).
En lo que respecta a la nueva competencia, se jugarán 195 partidos, divididos en seis grupos, durante tres fases, con tres finales para clasificar a Libertadores y Sudamericana y otra para ganar la Copa de la Liga Profesional, que, como lo indica su nombre, es una copa comparable a la de la Superliga que ganó Tigre en 2019. «Está claro que muchos clubes tuvieron que achicar sus planteles, bajar contratos, hacer lo posible y también lo imposible para presentarse de manera decorosa en la nueva convocatoria que hace la AFA –dice el periodista Alejandro Fabbri, autor de libros sobre la historia del fútbol argentino–. Jugando una Copa, sin pretensiones de pelea fuerte porque estaremos llenos de canchas vacías y sin alientos verdaderos, este torneo puede ser el inicio de un camino que, esperando la vacuna, nos permita desear el final con otras caras, otro esfuerzo, otra realidad y, por supuesto, un país más tranquilo».

Juego abierto
En relación con las medidas de prevención del coronavirus, la Liga Profesional, presidida por Marcelo Tinelli (San Lorenzo), eliminó los testeos directos obligatorios previo a los partidos, una medida sanitaria que rige en todos los torneos de élite, incluso en los que organiza Conmebol. La decisión podría tener consecuencias para los clubes y los jugadores. Y añadirle asteriscos a la Copa con partidos reprogramados.
El campeonato de Primera volverá en 2021. Y habrá novedades: se sumarán dos ascendidos de la Primera Nacional para aumentar a 26 los equipos (y, tal vez, en 2022 ya sean 28). Quizá también tenga nuevos remiendos, como un rumor que echaron a correr un grupo de dirigentes: disolver la Liga Profesional para que la Primera División la organice directamente la AFA y así restarle poder a Boca y River, en alianza en el conflicto por los derechos de televisación (ver recuadro). En ese sentido, Boca y River hacen su juego: quieren tener un ingreso superior al del resto, lo que podría profundizar la desigualdad.
Atrás quedó la primera y única fecha de la Copa de la Superliga. Ahora volvieron los resultados y los conflictos. Al fútbol argentino, como al formato de la Copa de la Liga Profesional, a veces cuesta mucho entenderlo. No pierde, sin embargo, otros atractivos. La pelota volvió a rodar. Y algo es algo.