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Futuro redondo

La consagración argentina le dio visibilidad a un deporte que tiene sus raíces en los clubes de barrio y apuesta a desarrollarse con una estructura más profesional, de la mano del entrenador Diego Giustozzi. Diferencias y similitudes con el fútbol tradicional.

Colombia. Un jugador argentino deja atrás al arquero de Rusia en el histórico triunfo nacional. (Robayo/AFP/Dachary)

 

El campeonato mundial obtenido por la selección argentina de futsal, el primero en la historia, fue el triunfo de los clubes de barrio. Como dice su entrenador Diego Giustozzi a Acción, el futsal mantiene las raíces fuertes: es el deporte en el que «los familiares lavan la ropa o se involucran en la vida diaria del club». Sucede que el 1º de octubre, en Cali, Colombia, la Argentina derrotó 5-4 a Rusia en la final del Mundial y colocó al futsal, al menos por un rato, en la mesa de discusión. Hasta entonces, la mejor participación en una Copa del Mundo había sido el cuarto puesto de Taiwán 2004, por lo que la obtención del mundial tuvo, y tiene, ribetes de gesta histórica. En medio de una Asociación del Fútbol Argentino (AFA) aún intervenida y sin timonel, la disciplina ahora discute la autonomía organizativa y financiera, y cómo aprovechar el envión para profesionalizarla y crear la liga nacional. Por lo pronto, integrará la lista de disciplinas de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018. Pero falta, y mucho, para solidificar una base que integran 7.500 jugadores federados repartidos en los 65 equipos de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires –18 en la A, 17 en la B y 30 en la C–, desde la Primera a la Octava.
«El mensaje que me deja el Mundial es que estamos en el camino correcto –apunta Giustozzi–. Sería de mediocre pensar que se terminó todo por ser campeones del mundo. Ahora tenemos que demostrar que no es la victoria de una camada, sino que se tiene que mantener en el tiempo, con una filosofía de trabajo. El título sirve para mostrarle al país que el futsal es una forma de vida. También para abrirles los ojos a varios chicos y mostrarles que pueden cumplir sus sueños, para que vean que tienen dos maneras de ser profesionales: el fútbol de cancha de once y el futsal». Giustozzi asumió en 2003 en la selección y revolucionó el futsal argentino después de 16 temporadas como jugador en Europa: incorporó a otros técnicos como asistentes, armó el seleccionado local, avanzó en la organización de un torneo juvenil nacional y viajó por el país para dar clínicas. Obsesivo y aplicado, a Giustozzi le reconocen, sobre todo, el cambio de mentalidad. Con la del Mundial, su selección disputó 6 finales en 6 torneos, y con victorias ante Brasil, la potencia número uno.
Giustozzi se convirtió, al fin y al cabo, en el tercer técnico campeón del mundo FIFA, después de César Menotti y Carlos Bilardo. Su equipo logró, al mismo tiempo, el noveno título mundial luego de los de 1978 y 1986 de la selección mayor y los seis de la Sub 20: 1979, 1995, 1997, 2001, 2005 y 2007. «Le debo la vida a este deporte –dice–. Me formó como persona, como profesional, me hizo conocer a mi familia, me hizo viajar por el mundo, me abrió la cabeza, y por eso siento el deber o la necesidad de devolver algo. No estoy en el futsal por plata. Si fuera así, me habría ido. Estoy por la gloria». En diciembre, el seleccionado Sub 20 de futsal afrontará el campeonato Sudamericano en Uruguay. Giustozzi, que integró el equipo que alcanzó el cuarto puesto de Taiwán 2004, será el entrenador. No hay descanso. Es el momento de relanzar el éxito.

 

Otras reglas, otra fórmula
«Esto es simple: el futsal no es lo mismo que el fútbol para practicarlo. La mayor parte de la gente en la Argentina practica futsal. Y en la mayor parte del mundo, también. No es fácil jugar en cancha de once. Tenés que tener mínimo a los 22 jugadores, y la cancha, que es un espacio más grande. Entonces siempre se juega futsal, aunque no con las reglas de AFA, pero cuando vas a jugar con tus amigos es futsal. Es lo más practicado y fácil para jugar, y por eso decimos que tiene proyección, que es el deporte del futuro. Lo que pasa es que el que lo juega no sabe que está jugando futsal. Pero ahora, de a poco, la gente va sabiendo que cuando se junta con cinco amigos a jugar es futsal», explica el periodista Sebastián Larocca, director del sitio Pasión Futsal. Al futsal se juega con un arquero y cuatro jugadores de campo en una cancha de 40 x 20 metros; permite cambios ilimitados y tiros libres sin barrera a partir de la sexta falta, en dos tiempos de 20 minutos netos y sobre piso duro (baldosa, césped sintético, parquet). Es cierto: es lo más parecido al papi fútbol con los amigos, o al baby fútbol de los sábados de los chicos.

Guía. Giustozzi besa la copa del mundo. (Robayo/AFP/Dachary)

 

Por fuera de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, desde donde emergieron la mayoría de los jugadores del plantel campeón, el futsal es fuerte en el sur del país. Se juega, además del torneo, la Copa Argentina. Los clubes más poderosos son Kimberley –último campeón–, Pinocho, 17 de Agosto, América del Sud, Glorias de Tigre –el club del que surgió el capitán de la selección y mejor jugador del Mundial, Fernando Wilhelm, hoy en el Benfica de Portugal–, San Lorenzo, Boca, Barracas Central y los equipos de las comunidades, como Unión General Armenia de Beneficencia (UGAB) y Hebraica. Solo los jugadores estrellas de algunos de estos equipos perciben dinero –entre 15.000 y 20.000 pesos– por jugar al futsal en el país. Los que quieren profesionalizarse emigran a España, Italia y Portugal, y en menor medida a Rusia.
De ahí que se busque la fórmula para dejar atrás el amateurismo en dos años. Una fórmula que incluya financiamiento y televisación. Y, también, para unificar los equipos que compiten en el interior bajo la Confederación Argentina de Fútbol de Salón, en disputa con el eje Capital-Buenos Aires. «Estamos a años luz de las ligas profesionales, pero es a lo que hay que apuntar –marca Giustozzi–. España se apoyó en las victorias de su selección. Brasil, también. Esperemos que en unos años digamos lo mismo. Hay nuevas ideas y es el momento de dar el salto de calidad. Hay que promocionar la marca Selección y trabajar con los jóvenes. Hay que crear una liga federal». En la oficina del quinto piso de la AFA se debate día a día el futuro del futsal. Dos dirigentes argentinos viajarán en los próximos días a España para nutrirse de esa competencia a la hora de aggiornar la propia. Existe la posibilidad, de hecho, de que el campeón argentino dispute una Supercopa con el campeón español. Son proyectos que, de todas maneras, son más fáciles de encarar con una selección campeona del mundo. El futuro del futsal argentino es hoy.