Deportes | VÓLEY

Generación Castellani

Símbolo del seleccionado masculino, dirigirá a las mujeres con la misión de dar un salto a nivel mundial. Trabajo formativo, liderazgo y redes sociales.

Experiencia. De 61 años, Daniel Castellani fue DT de los varones en los noventa y condujo a equipos de otros países

Foto: Tolga Ovali

La llegada de Daniel Castellani como DT de las Panteras es un golpe de efecto para el vóley. Radicado en Estambul, Turquía, desde donde habló con Acción, un emblema del vóley argentino (ver «Capitán de largo recorrido») volverá al país para ponerse al frente del seleccionado femenino. De momento, hubo presentaciones vía Zoom entre él, dirigentes y jugadoras. «Percibo buena onda», dice antes de referirse a objetivos: «No estamos para clasificar a los Juegos Olímpicos de París (26 de julio al 11 de agosto de 2024). Pensamos en Los Ángeles 2028». El primer desafío serán los Panamericanos 2023, en Santiago, Chile, del 20 de octubre al 5 de noviembre.
«El presidente de la Federación (del Vóleibol Argentino – FeVA, Juan Sardo) me dijo “tenés que ser vos”. Me parece que se puede armar un lindo proyecto», se ilusiona. Su experiencia internacional como jugador y como entrenador (el 21 de marzo cumplirá 62 años) podría significar el despegue de un equipo que sabe destacarse a nivel sudamericano, pero que se apaga en las máximas competencias. Castellani dirigirá por primera vez a un plantel de mujeres. Por eso empieza a despedirse del Fenerbahçe IDH Sigorta, de la liga masculina de Estambul.
–¿Por qué volvés a la Argentina?
–No quería, pero lo pensé y se juntaron varias cosas. Una es el crecimiento de las Panteras en los últimos años. También influyó que el presidente me hizo sentir cómodo, valorado, que cree en mí y que insistió en que yo lleve adelante el proyecto. Sin eso sería difícil trabajar. Y la tercera es que vuelvo a casa después de casi 25 años afuera, con algunas excepciones. Creo que puedo dar mi experiencia a las Panteras, a las nuevas generaciones. Además, nunca dirigí mujeres.
–Justamente, en 25 años hubo cambios sociales muy fuertes.
–En este, que es un deporte de máximo rendimiento, porque estamos en la punta de la pirámide, vamos a trabajar duro. Me gustaría que tuviéramos mujeres en el cuerpo técnico. Esto es calidad, performance, rendimiento, capacidad. Darle un lugar a una mujer por ser mujer y no por capacidad no creo que sea bueno, tampoco por las mismas chicas, que se merecen que quien las dirija sea de lo mejor. Aspiro a formar entrenadores y que haya mujeres que se dediquen full time a la profesión. Es parte del proyecto: estimular nuevas generaciones de coaches con cursos de alto rendimiento. Tenemos que generar parámetros de altísimo nivel.

–¿Cuál es tu opinión sobre el vóley argentino?
–La argentina es una liga que produce jugadores para el medio interno y para exportar. Mientras tengamos una liga competitiva, estaremos dando un paso enorme. Pero vivimos en un país en crisis y el vóley no es una isla. Desde hace rato digo que quienes están en Argentina tal vez no se dan cuenta de lo que logran.
–¿En qué sentido?
–Una vez un ministro polaco me preguntó cómo hacíamos: «Tienen todo. Son competitivos en fútbol, vóley, handball, hockey, tenis». Fijate la mirada que tienen en el mundo de nosotros. Solemos quejarnos; y obviamente que faltan muchas cosas, infraestructura, presupuesto, pero el nuestro es un país con una pasión enorme y una estructura de club envidiable en el mundo. Con padres que cada fin de semana suben a sus chicos al auto y los sacan a jugar, a vender alfajores, a hacer sorteos. Ese es tal vez nuestro sello: podemos hacer cosas aunque no haya plata. Y si tenemos que jugar en un gimnasio sin techo, jugamos en un gimnasio sin techo. Eso es invaluable. Lo que le dije a ese funcionario es que lo nuestro es la pasión, que no esperamos a tener las cosas, las vamos a buscar. Por otro lado tenemos a los clubes de barrio, a las organizaciones, colegios. Eso en Europa no lo tienen.
–¿No existe el club de barrio en Europa?
-Lo que hay son sociedades, emprendimientos: abro una escuela, pongo un arancel y cobro a los chicos. Todo privado. Nuestros clubes son sociales, sin fines de lucro. Donde hay un club de barrio seguro se arrancó con un baldío, después dos arcos, después la pileta, luego la cancha de voley y así. El club es una célula fundamental para nuestro deporte.
–¿Cómo hacés para actualizar conocimientos frente a nuevas generaciones?
–La única manera de adaptarse es estudiando, seguir leyendo libros, haciendo cursos, preguntando. Veo que los nuevos técnicos tienen otra cabeza, otra mirada. De eso también aprendo. Tengo la cabeza abierta para aprender constantemente. Los pibes hoy son más frescos, más frontales, con menos vueltas. Hay que ser espontáneos, claros con ellos. Tienen, sí, alguna dificultad con la inmediatez, que es el doble clic. Se acostumbraron a tener todo ya. Pero el deporte es un proceso que lleva tiempo. Eso a veces los frustra. Lo otro son las redes sociales, que son muy peligrosas por el like. Cuando es like, se sienten bien, pero cuando reciben agresiones algunos tienen dificultades. Es el fenómeno actual con el que hay que trabajar.
–¿Te enseñó algo el seleccionado de fútbol?
–Me gustaron muchas cosas de Scaloni. Vi un video en el que (Cuti) Romero hacía un pique y Scaloni le dice: «Dije que quería que el pique sea al máximo. ¿Este es tu máximo? No. Bueno, hacelo al máximo». Eso es exigencia. La exigencia tiene que ser «todos los días dame tu máximo». A veces se confunden las maneras de liderar. Cuando vamos a entrenar es exigencia pura más allá de amistades. «Más, más, quiero más». Uno no debe ser sargento ni amigo. Ser sargento es algo viejo y ser amigo da para malentendidos. Scaloni tenía empatía y comunión con los chicos, pero si tenía que sacar a un titular lo sacaba y si lo tenía que poner a los dos partidos lo ponía. Ese mensaje de que primero es la exigencia, el sistema, me hace sentir que manejó bien las dos cosas. Creo que terminaron en su mejor versión. En eso se nota la mano del coach
–Qué es una selección nacional para los deportistas?
–A quienes pasaron por selecciones nacionales en Argentina les queda algo diferente. Pasar por la selección de tu país es la gloria. El dinero va por otro lado. Es un sello que te queda.


Alejandro Duchini