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Goles contra el olvido

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Ariel Scher

A 48 años del golpe de Estado, los clubes reafirman su compromiso por Memoria, Verdad y Justicia. La restitución de carnets de socios desaparecidos, lucha y creatividad en tiempos de negacionismo.

Estadio Florencio Sola. Daniel Santucho Navajas, el nieto 133 recuperado por Abuelas de Mayo, recibe una plaqueta en el homenaje que le hicieron Banfield y Vélez.

A Marcelo Guazzardi no le alcanza tanta voz para narrar tanto deslumbramiento ni le resulta suficiente tanto deslumbramiento para abarcar tanta emoción. «Una de las que torcieron la historia de este país estuvo ahí», dice. Una y ahí. Flor de una y flor de ahí. O mejor con mayúsculas: flor de Una y flor de Ahí. Una: Norita Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, una dama que es exactamente eso que Guazzardi enuncia con la emoción, con el deslumbramiento y con la voz. Ahí: Temperley, un club, su club, un lugar de la gente, un estandarte construido, golpeado y vuelto a construir a partir de la identidad popular. Una y ahí fueron un solo corazón el 23 de febrero del bravo 2024, en un anochecer en el que, como detalla Guazzardi, «la gente acompañó e hizo un montón de preguntas, lo que significa que todavía somos muchos los y las que nos paramos de este lado». Y eso resultó posible porque siempre hay lucha y porque siempre hay sueños. Y porque, en los últimos años, esa lucha y esos sueños conquistaron sitios institucionales en muchos Ahí como Temperley, o sea en muchos clubes.
Temperley posee el Departamento de Derechos Humanos del que es parte Guazzardi desde 2018. La cantidad de áreas semejantes se multiplicó en un contexto paradójico: mientras en la Argentina se propagaban discursos negacionistas sobre el genocidio que asoló al país desde mitad de la década del setenta, debajo de las tribunas y en el centro de los gimnasios, en sedes sociales y cerca del aroma de más de un césped, clubes y más clubes revalidan que el escenario político y el escenario deportivo no transcurren siempre divorciados. Entonces, expresaron de distintas maneras que la dictadura cívica y militar los había atravesado y forjaron referencias como no había ocurrido desde el retorno de la democracia en 1983. Ejemplo entre los ejemplos de ese contraste, el 7 de diciembre de 2021, la actual vicepresidenta Victoria Villarruel, garganta notoria de los discursos negadores y relativistas, juró como legisladora nacional justo en las horas durante las que Racing poblaba su estadio para reponerle la condición de socios y de socias a 46 desaparecidos, en un acto en el que se entrelazaron decenas de familiares con, entre otros y otras, figuras de los planteles de fútbol de varones y de mujeres. Se trató de un acontecimiento masivo que hoy puede ser leído desde diversas claves políticas. Por ejemplo, Mariano Cúneo Libarona, entonces dirigente de la Academia y hoy ministro nacional de Justicia y –precisamente– Derechos Humanos, no asistió.
En el decenio posterior a la partida de los dictadores, hubo poca expresión sobre la gravitación del horror en el territorio del deporte, salvo muy buenas e inaugurales indagaciones en torno del Mundial 78. Recién desde los noventa, brotaron clubes que expulsaron de sus filas a los jerarcas de la represión y solo al final del siglo veinte comenzó a transparentarse que había centenares de desaparecidos que eran deportistas federados. Aun con estas mutaciones, la prolongada tradición del «apoliticismo deportivo», como lo denominó Jean Meynaud a mitad de los sesenta, continuó posponiendo que los clubes encararan una labor sistemática sobre el tema. Al revés, persistieron silencios. No debería extrañar: ahora mismo, mucho show periodístico ni menciona que la mayoría de los clubes, en el curso del último mes, regó sus redes sociales digitales con adhesiones a las históricas campañas de las Abuelas de Plaza de Mayo en busca de sus nietos.

Contra el silencio
En 2019, Banfield se erigió en el primer club en reincorporar a sus padrones a sus socios desaparecidos, un gesto que marcó una ruta. Sergio «Cherco» Smietnansky, motor de ese hecho fundacional, integra la Subcomisión de Derechos Humanos de Banfield, generada en 2021, y mira hacia atrás y hacia adelante: «Nuestro caso es bastante curioso, ya que las actividades más destacadas que tuvo el club en materia de derechos humanos sucedieron en 2019, es decir dos años antes, cuando primero se hizo el acto de restitución de la condición de socias y socios a los desaparecidos del club y luego se realizó la firma del convenio con Abuelas y la presentación de Teatro por la Identidad por primera vez en un estadio de fútbol. Es decir que en materia de derechos humanos en Banfield primero hicimos y después fuimos. Sin lugar a dudas, una manera hermosa de empezar a hacer y de empezar a ser». Igual, nada se frena: en el segundo de los lunes del marzo de 2024, Banfield recibió a Vélez y la Subcomisión homenajeó a Daniel Santucho Navajas, el Nieto 133. Estremecedora síntesis: Santucho Navajas es alguien nacido en el cautiverio de su madre desaparecida en un centro ilegal de detención en Banfield y es alguien, a la vez, con fibras futboleras muy de Vélez.

Temperley. Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, en una actividad reciente organizada por el Departamento de Derechos Humanos del club.

Una mirada al ciclo expansivo de los derechos humanos en los clubes certifica que departamentos, subcomisiones y comisiones surgieron, y surgen, a partir de la potencia de minorías intensas que articulan su pertenencia institucional con sus convicciones políticas, sociales y culturales. Lo verifica el floreciente desarrollo de Argentinos Juniors, según testimonia Mariel Alonso: «Dentro del club, entramos a trabajar como subcomisión en 2020, apenas antes de la pandemia. Todavía no estábamos oficializados, pero sí funcionábamos activamente. Estaba el antecedente de la comisión por la memoria La Paternal no Olvida, que había pintado un mural con los desaparecidos de Argentinos en una de las paredes del estadio y que, en 2013, había logrado la colocación de una placa en el bajo tribuna, donde se ingresa al museo. Y más atrás, por supuesto, el intenso movimiento para expulsar al genocida Suárez Mason como socio, cosa que se votó por unanimidad en 1999. Ya en diciembre de 2021, nos transformamos en Comisión de Derechos Humanos y, en el marzo siguiente, hicimos el acto de restitución de los carnets de los desaparecidos al club. Cuando sucedió eso, publicamos un libro con las historias de esos compañeros, un libro que aglutinó todo el trabajo de investigación que veníamos realizando. En ese camino, nos encontramos que uno de nuestros desaparecidos, Gregorio Nachman, jugó en las Inferiores del club. Que lo mismo pasó con Tucho Feldman, desaparecido de La Paternal. Eso significa que, más allá de lo hecho, nos queda mucho por hacer».
La lista de clubes con espacios formales para los derechos humanos se fue volviendo conmovedoramente extensa. Más organizaciones se sumaron a edificaciones pioneras como las de San Lorenzo, Ferro o Defensores de Belgrano. El 24 de marzo de 2018, en plena marcha por el aniversario del Golpe de 1976, miles de manifestantes se sorprendieron al detectar a un grupo nada menor que, enfundado en camisetas de fútbol, elevaba carteles con los nombres de desaparecidos. Había nacido la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino, el núcleo que terminó de evidenciar que algo novedoso estaba pasando. Ahora la Coordinadora invita a la Marcha del 24, en un punto alto de una semana que opera como una sucesión de llamamientos: el tributo de River a sus socios desaparecidos, la placa de Comunicaciones para uno de los suyos, la charla en Boca sobre deporte y dictadura del periodista Gustavo Veiga, experto en el tema, la determinación de la gente de derechos humanos de instituciones del conurbano sur para viajar en el mismo tren rumbo a la plaza de la memoria.

Nunca más, en voz alta
Los resultados de tamaño movimiento son múltiples. Acaso, entre los principales, se incluya que los clubes asuman que, en la medida en que tuvieron y tienen detenidos y desaparecidos, fueron víctimas de la dictadura. O que, para cualquier tiempo y en especial para este tiempo, el deporte se vigoriza como una posibilidad diferente para contarles lo que sucedió a sectores y a generaciones que respiran más lejos de los caminos más clásicos con los que todo eso fue contado, o sea para contar que nunca más y, seguro, mucho más que nunca más. Y, desde luego, otro efecto consiste en lo que, desde la comprensión y desde la piel, propone Enrique Kobla, de la muy vital Subcomisión de Derechos Humanos de Gimnasia y Esgrima La Plata, conformada en agosto de 2022: «Y está nuestra emoción al volver a visibilizar las historias de vida de los detenidos desaparecidos, su condición de hinchas, de socios, de deportistas de Gimnasia. Ver desde su nacimiento, sus estudios, sus trabajos, sus militancias políticas y, ni hablar, su pasión por los colores del club. Todo eso que nos agradecen sus familias y sus amigos».
Y porque la Memoria, la Verdad y la Justicia son todo lo que la Argentina dijo y, cada vez con más firmeza y cada vez con más creatividad, deberá seguir diciendo. Y, a veces, hermosas veces, son todo eso y, también, son un golazo.

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