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Golpe en ascenso

Cuarto en el ranking mundial, el austríaco exhibe un tenis potente en distintas superficies que desafía al denominado «Big Three». El cambio de mentalidad impulsado por su nuevo entrenador rumbo al gran reto: conquistar un Grand Slam por primera vez.


Australia 2020. El jugador de 26 años cayó en la final pero deslumbró con su juego. (Khan/AFP/Dachary)

esde hace más de una década, el tenis masculino exhibe tres nombres en el anhelado podio. Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovik siguen siendo los principales favoritos a ganar los torneos más importantes y protagonizan una competencia histórica para liderar la tabla de máximos ganadores de Grand Slam (GS). Con Andy Murray y Juan Martín Del Potro asediados por continuas lesiones, las posibilidades de desbancar en lo inmediato al denominado «Big Three» (los tres grandes) se tornan difíciles. Acaso Federer, por edad y problemas físicos, pueda ceder terreno. Sin embargo, y en base a triunfos y grandes rendimientos, un exponente de la nueva generación, el austríaco Dominic Thiem, amenaza con situarse en lo más alto.
Ubicado cuarto en el ranking mundial, Thiem parece haber encontrado la regularidad necesaria para mostrar su juego y no temer a sus oponentes. Un dato: en los últimos cuatros años venció a Federer y a Djokovic en todas las superficies, y a Nadal en polvo de ladrillo y cemento. A los 26 años, podría decirse, Dominic es el mejor representante de una camada que suele defeccionar en los grandes escenarios, aunque por ahora no pudo conquistar un Grand Slam. La derrota reciente en la final de Australia frente a Djokovic, le dejó un «sabor amargo». Como nunca, el austríaco estuvo cerca de vencer al número uno del mundo e incluso el serbio, después del partido, lo llenó de elogios al afirmar que su oponente ganará «más de un Grand Slam».
Ese pronóstico de Djokovic no parece exagerado. Thiem muestra atributos de jugador de élite, con un tenis basado en la potencia y versatilidad para adaptarse a todas las superficies. Entre ellas, polvo de ladrillo, el suelo en el que Nadal lo venció en las finales 2018 y 2019 de Roland Garros, pero que comienza a ser la preferida de Dominic. Alcanza con repasar que venció tres veces al mallorquí en arcilla y que conquistó el año pasado los ATP de Barcelona y de Kitzbühel. El 2019, sin ir más lejos, fue su mejor año teniendo en cuenta otros hitos:  ganó su primer Masters 1000 (Indian Wells), el torneo más relevante luego de los GS, al superar a un Roger Federer en plenitud y más tarde se consagró campeón de los ATP de Beijing y Viena. Los logros potenciaron sus virtudes, de ahí que hoy Thiem aparece como candidato a ganar los certámenes más relevantes.

Abajo y arriba
«Recibo energía desde afuera y los entrenamientos van muy bien, por supuesto es muy importante mantener un buen estado anímico», dijo Thiem en el comienzo de temporada, reconociendo el trabajo de su entrenador desde el año pasado: el chileno Nicolás Massú, extenista que llegó a ubicarse entre los primeros 10 del ranking y cuya característica principal como jugador era no dar por perdida ninguna pelota. Reconocido por él mismo, la razón por la cual Thiem tardó tanto en instalarse entre los top ten se vincula con el factor psicológico. Más allá de sus virtudes técnicas, el austríaco no conseguía grandes resultados, aminoraba su nivel y perdía partidos que debía ganar. La llegada de Massú lo ayudó a Thiem a estabilizarse emocionalmente y confiar en su talento en los momentos decisivos. Tan palpable fue la injerencia positiva del chileno que, en 2019, el austríaco fue el jugador con mejor porcentaje ganador en sets decisivos (cuando llegan empatados al último parcial). A ello se suma el apoyo de su familia y el cambio en la preparación física, con un entrenamiento riguroso que incluye levantar troncos de hasta 25 kilos.
La labor de Massú será clave para la actual temporada, especialmente luego del mal paso de Dominic en Río de Janeiro (con una molestia, perdió en cuartos de final frente a un jugador situado fuera del top 100), antesala de Indian Welles y de Miami. Pese a ello, Thiem y su cuerpo técnico saben que el camino hacia la conquista de un Grand Slam presenta altibajos y demanda mucho esfuerzo. Ni hablar si enfrente hay jugadores de leyenda, todavía ajenos al inexorable paso del tiempo. Es por eso que Roland Garros, en arcilla, asoma como el objetivo central de la ascendente carrera del austríaco.