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Golpe a golpe

A los 27 años, el tandilense retornó a las canchas con el objetivo de dejar atrás la seria lesión de su muñeca izquierda y reencontrar el nivel que lo llevó a la cima.  
Nuevo saque. Del Potro volvió a jugar luego de 11 meses en el torneo de Delray Beach, donde cayó en semifinales ante Sam Querrey. (Getty Images)

Todos los días, durante los últimos tres años, Juan Martín Del Potro se levantó pensando en su muñeca izquierda. Además de los dolores que tuvo que soportar –dolores que se hicieron cotidianos–, lo que obsesionó al tenista de Tandil en ese tiempo que pareció eterno fue recuperar la capacidad de daño de su revés, el juego articulado con la muñeca derecha y su extensión, la raqueta. Nada menos que ese asunto crucial fue lo que puso a prueba Del Potro durante febrero, cuando participó del ATP de Delray Beach, en el estado de Florida, Estados Unidos. Más allá de los resultados, lo que importaba en su regreso era medir el dolor. Iba a pensar en la muñeca –como cada día– pero ahora dentro de la cancha, en cada saque de 200 kilómetros por hora que tuviera que recibir.   Buenas señales Del Potro no jugaba desde hacía 11 meses aunque arrastra su lesión desde 2012. En el último año, solo había participado de dos torneos de ATP (Sydney y Miami) en los que jugó apenas 4 partidos. Y la novedad –lo que le sacó sonrisas en su regreso al país– fue que después de tres operaciones, una más compleja que la otra, la mano le respondía con firmeza. A eso se le agregaron las buenas actuaciones, con resultados que lo llevaron hasta las semifinales del torneo, 100 puntos cosechados que le permitieron crecer en el ranking mundial del ATP: subió esa semana 622 escalones hasta ubicarse en el puesto 420. Pero con el Masters 1000 de Indian Wells en el horizonte –que comenzó en la segunda semana de marzo–, lo que menos le importa a Del Potro por estos días es sacar cuentas de su ranking. Si alguna vez llegó a ubicarse en el cuarto lugar entre los mejores del mundo, hoy navega en una zona marginal, aunque con ranking protegido y el privilegio de las invitaciones. Sin puntos por defender, todo es suma para el gigante tandilense, que acumulando buenos resultados puede dar largos saltos quizá hasta promediar el puesto 100. Sin embargo, ni Del Potro ni quienes trabajan con él gastan un segundo en hacer esas cuentas. No se trata de una pose sino de la pura realidad: el balance del año no se desprenderá de ese dato; será el resultado de la respuesta de su muñeca cada vez que salga a la cancha. Eso explica que el tandilense se haya entusiasmado tanto aun después de haberse quedado a las puertas de la final en Delray. «Hay muchas cosas por mejorar en la mano. Estabilidad, fuerza, control, flexibilidad. Pero eso es todo lo que gané esta semana», dijo Del Potro. Es cierto: todavía falta mucho. El tandilense mostró en Delray un revés provisorio, la transición para regresar algún día a su golpe de dos manos. Tampoco desespera, aunque sabe que recién ahí podrá decir que la recuperación está completa, cuando finalmente juegue a su gusto. Más allá del golpe, la cuestión también es física. A los 27 años, después de tanta inestabilidad, el cuerpo muestra sus límites. Antes de viajar a Miami, donde se preparó para su regreso, no había jugado sets de entrenamiento. Eso se notó en la semifinal, donde cayó con el local Sam Querrey, actualmente 61º. Si bien había ganado los tres primeros partidos en dos sets cada uno, al cuarto encuentro el desgaste era notorio y terminó en la derrota.   Cuestión mental Al no usar para el revés la mano izquierda, que es la que solventa todo el movimiento, Del Potro fuerza más la derecha –en Delray se lo vio tirar con mucho slice–, algo que le hace perder potencia y control en los partidos. Y cuando no saca bien, se obliga a correr, lo que lo desgasta aún más. Todos aspectos que están marcados en la planilla mental de mejoras que llevan Del Potro y sus colaboradores. En su entorno aseguran que trabajan mentalmente el paso a paso, la conciencia de que no se debe adelantar el ritmo de los tiempos. El tandilense tiene claro que de esta situación se sale con competencia, midiéndose con el resto del planeta. Pero sin apurar nada: por eso no juega dos torneos seguidos, por ahora. En el equipo del tandilense sostienen que, cuando tenga bien el revés, podrá dominar de ambos lados y también correr menos. «Sufría como cualquier ser humano que se levanta con un dolor y me costaba mucho no hacer lo que siempre hice. Con un yeso hasta el hombro y no saber qué hacer. Era mucha incertidumbre», dijo Del Potro –que suele ser más bien reservado a la hora de hablar con los medios– en una entrevista con Radio Mitre. Si bien le dolía todo el cuerpo después de su regreso, también sentía satisfacción. El sueño de Del Potro es austero: dejar de pensar en la mano izquierda. Eso significaría poder jugar al tenis sin problemas. Sin lesiones. Para el campeón del US Open 2009 la batalla de este año pasará por ahí. Ahora no se levanta mirándose la mano, pero sí está pendiente de lo que responda, tratándola de sentir al golpear y a la espera de que no le duela en el saque. Tiene un largo camino por recorrer. En esa travesía por el tenis superprofesional intenta guardar el dolor en algún lugar lejano de la memoria. Y que sea pasado. Todavía –ya llegará el momento– no se discute sobre su participación en la Copa Davis y tampoco se lo mide según los triunfos. Todavía es temprano, es el momento de despegar. ---Alejandro Wall