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Juegos mentales

En el certamen que reunió a representantes de 174 países, Argentina recuperó protagonismo con el meritorio desempeño de sus combinados femenino y masculino.  
41º edición. La competencia, que se realiza cada dos años, concitó gran interés. (Bertinussen/NTB Scanpix/AFP/Dachary)

Tromso, Noruega, fue la sede de la 41ª Olimpíada de Ajedrez, uno de los torneos más importantes de la disciplina, que se realiza cada dos años. Argentina participó del certamen y redondeó una buena actuación tanto en la categoría de varones como de mujeres, si bien quedó lejos de los primeros puestos. China se consagró campeón en la competencia masculina y logró quebrar el dominio de los países herederos del bloque soviético. Asimismo, en el torneo de mujeres el ganador fue el equipo ruso, que se tomó revancha precisamente de China, ganador en las últimas oportunidades. Para advertir la trascendencia del certamen, basta consignar que fueron 174 los países representados en esta edición de las Olimpíadas –con un total de 1.800 ajedrecistas participantes– y que más de 250 periodistas cubrieron el evento, una cifra alta para una disciplina que intenta recuperar el interés de otras épocas. Cabe aclarar que, si bien el ajedrez es reconocido como un deporte por el Comité Olímpico Internacional (COI), no es parte de los Juegos Olímpicos tradicionales, competencia a la que la disciplina pretende ingresar desde 2004, aunque todavía no fue aceptada por el COI. En el torneo masculino se destacó el conjunto chino, que tuvo a su vez al mejor ajedrecista del certamen a nivel individual, Yu Yangyi (los jugadores suman puntos para sus equipos, pero a su vez se contabiliza el score individual). Hungría, una potencia de este deporte, terminó en la segunda ubicación, mientras que India completó el podio tras una sorprendente actuación. Otro miembro del combinado asiático que deslumbró a todos fue Wei Yi, de tan solo 15 años, quien ganó 4 de las 5 partidas que jugó y se convirtió en el campeón olímpico más joven de la historia. Sobre el final del torneo se sucedieron una serie de hechos que empañaron el espítu festivo de la competencia: el fallecimiento de dos jugadores, ambos por causas naturales. Kurt Meier, ajedrecista suizo que representaba a las Islas Seychelles, murió en plena partida ante su par Alain Niyibizi, en tanto la policía noruega confirmó también el deceso de un representante de Uzbekistán, en su hotel. Entre los hombres, Argentina culminó el certamen en el puesto 18, su mejor ubicación desde 1996, cuando la Olimpíada se celebró en Erevan, Armenia, aunque lejos de sus mejores actuaciones, cuando consiguió tres medallas de plata consecutivas en la década de los 50. El equipo nacional estuvo integrado por los Grandes Maestros Fernando Peralta, Sandro Mareco, Rubén Felgaer, Federico Pérez Ponsa y Diego Flores, quien fue el argentino de mejor actuación. Argentina jugó un total de 11 partidas, de las cuales ganó 7, perdió 3 y empató una (ante India, que terminó tercera). Por su desempeño, el equipo nacional de varones finalizó como el major equipo de Sudamérica, y como el segundo mejor de América Latina por detrás de Cuba, que culminó en el séptimo puesto.   Trabajo en equipo Por el lado de las mujeres, Argentina terminó en el puesto 26, con un equipo integrado por las Maestras Internacionales Carolina Luján, María Florencia Fernández, Marisa Zuriel y Ayelén Martínez, y la Gran Maestra Claudia Amura, la mejor jugadora nacional en este torneo y que fue medalla de plata individual en las olimpíadas de Yugoslavia en 1990. Con esta performance, el conjunto femenino repitió su mejor ubicación en las olimpíadas (Bled, Eslovenia, 2002) y fue el mejor clasificado de Latinoamérica. En declaraciones periodísticas, Federico Pérez Ponsa –de apenas 21 años– resaltó la organización y la solidaridad que hubo dentro del equipo, a la vez que Carolina Luján destacó el apoyo de la Federación Argentina y la necesidad de seguir profesionalizando la disciplina. Como indican estos datos y hechos, la actuación del equipo nacional fue meritoria y abre esperanzas a futuro en una especialidad que en el país no es muy popular pero que ya albergó las Olimpíadas en Buenos Aires en los años 1939 y 1978. Bakú, capital de Azerbaiyán, será la sede del próximo certamen mundial en el que la delegación nacional intentará reafirmar los progresos exhibidos en Noruega. ---Germán Esmerado