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Las vidas de Di María

El futbolista afianzó el idilio con los hinchas argentinos tras la obtención de la Copa América. De su infancia humilde y las finales perdidas al sueño mundialista.

Inolvidable. Protagonista en partidos clave, el jugador del PSG anotó el gol que le permitió al equipo albiceleste coronarse ante Brasil, en 2021.

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El artículo que Ángel Di María firmó en el sitio The Players Tribune se tituló «Bajo la lluvia, en el frío, de noche». Se publicó el 25 de junio de 2018, en medio del Mundial de Rusia, un día antes del partido decisivo contra Nigeria, el que evitó que la selección quedara eliminada en primera ronda. En la carta, Di María contó todo lo que había luchado para llegar a jugar al fútbol de manera profesional. Cuando todavía era un pibe en Rosario, la madre lo llevaba en bicicleta a las prácticas y los partidos bajo cualquiera de esas condiciones. En dos oportunidades quiso dejar de jugar, pero el aliento de su madre venció a la frustración.
Mientras se formaba como futbolista, ayudaba a su padre a repartir carbón. Esa carta de Di María también fue un grito: «Ven la final del Mundial, y todo lo que ven es un resultado: 0-1. Pero no ven todo lo que muchos de nosotros tuvimos que luchar para poder llegar hasta ese momento».
La selección quedaría eliminada de Rusia en octavos de final; contra Francia, que después se alzaría con la copa del mundo. Fue 4-3 con un show de Kylian Mbappé, compañero de Di María en el Paris Saint Germain. Fideo hizo esa tarde en Kazán el primer gol de la Argentina, un golazo. No alcanzó y lo que quedó fue la imagen de Mbappé jugando a otra velocidad. Lo que quedó también fue el caos de esa selección, la necesidad de un recambio generacional, una especie de «que se vayan todos» en el que hasta algunos periodistas incluían a Lionel Messi. Di María era uno de los símbolos de esa generación. No había estado en la final de Brasil 2014, la derrota con Alemania, aunque en ese mismo artículo cuenta cómo se plantó ante el pedido del Real Madrid –su equipo de entonces– para que no jugara. «Voy a jugar hasta que me rompa», le dijo a Alejandro Sabella. Quedarían otras dos finales, las de Copa América contra Chile, 2015 y 2016.
Toda esa historia debe haber retumbado en la cabeza de Di María la noche del 10 de julio del año pasado, otra vez en el Maracaná. Su golazo –tan a lo Di María– contra Brasil exorcizó los demonios de esas finales perdidas, le dio la Copa América a la Argentina y quebró 28 años sin títulos para la selección mayor.
No fue sencillo –nada parece sencillo para Di María– llegar hasta ahí. Salvo en el primer partido –derrota con Colombia– partió desde el banco en los encuentros de la Copa América 2019. Y no fue convocado para la primera doble fecha de Eliminatorias, contra Ecuador y Bolivia. «No le encuentro explicación, no tengo palabras», se quejó esa vez. «¿Con 32 años estoy viejo?», se preguntó en una entrevista. Lionel Scaloni, que todavía era discutido como entrenador de la selección, lo tranquilizó también públicamente: «No le cerramos la puerta a él ni a nadie».
Fue cuestión de tiempo. Di María volvió a la selección en noviembre de 2020, la segunda doble fecha de Eliminatorias, aunque otra vez para entrar desde el banco contra Paraguay y Perú. Tenía que pelearla, pero había una nueva vida para él en la selección. «La vieja guardia», como los llamó Messi a él, Nicolás Otamendi y Sergio Agüero, los cuatro sobrevivientes al recambio, mientras posaban con la Copa América. Era la foto del fútbol dando revanchas. Messi era la estrella, el que lo valía todo, al que todos miraban y todos rodeaban, pero el resto de sus compañeros también lo vivieron como su reivindicación. 
Ocurrió con todos ellos durante los años de las finales perdidas. Brillo en sus clubes europeos, sabor amargo en la selección. Además de Messi, Di María y Agüero, estaba Gonzalo Higuaín. «Los cuatro fantásticos», les decían. Hasta que llegaba la derrota. Estaba también Javier Mascherano. Di María era uno de los que más sufría ese contraste. Llevaba una carrera luminosa desde su aparición en Rosario Central y su mudanza al fútbol de Europa, un recorrido impresionante: Benfica, Real Madrid, Manchester United y PSG, su última estadía, la que ahora comparte con Messi. Con un hit en la Argentina, su gol a Nigeria en los Juegos Olímpicos de 2008 que valió una medalla de oro. Y parecía que nada alcanzaba, como en otros momentos, como cuando le hizo el gol a Suiza en Brasil 2014, que lo mostraba en un gran tránsito, hasta su lesión frente a Bélgica en el siguiente partido.

El grito sagrado
Ese gol con Nigeria en Beijing 2008 fue el espejo del gol contra Brasil en la Copa América, pero su resultado era diferente. No por una comparación entre lo que significaba cada título sino por el efecto que generaría en la vida futbolística de Di María. Lo iba a saber dos meses después, cuando la Argentina jugara contra Bolivia en el Monumental, en el regreso del público a las canchas, algo impedido hasta ahí por la pandemia. Esa noche fue la celebración de la Copa América y Di María tuvo su festejo personal, su premio: la ovación de los hinchas. Estaba todo saldado. Lo dijo el mismo Di María, así: «Haber pasado tantas cosas malas, tantas lesiones y finales perdidas es difícil de olvidar, pero haber ganado la última en Brasil, en el Maracaná, es algo único, inesperado, algo que seguramente ni soñando se iba a dar como se dio. Escuchar el “Fideo, Fideo” de la gente es algo que soñaba hace mucho tiempo para mí, para mi familia. Es algo único y lo disfruto muchísimo».
El 14 de febrero, Di María cumplió 34 años. Lo celebró en París, una fiesta sorpresa que le organizó su mujer junto con dos de sus compañeros argentinos del PSG, Messi y Leandro Paredes. A esa edad, Fideo arranca su desafío de llegar a Catar. No se sabe qué puede ser de su futuro en el PSG, pero su horizonte es la selección, lo que él llama «lo máximo». En la última doble fecha, sin Messi, Di María tomó la cinta de capitán por segunda vez bajo la conducción de Scaloni. Otra reivindicación. Con ese cargo, hizo el golazo que abrió la cuenta con Chile, lo que terminó 2-1. Y después vino el triunfo frente a Colombia. Di María se volvió a París con 22 goles encima con la camiseta de la selección. Las estadísticas dicen que es el décimo anotador histórico de la Argentina. Lo que no dicen es que hizo goles que tienen un valor especial. Para los hinchas y para él. ¿O cómo cuenta el gol contra Brasil en el Maracaná? Para Di María debe contar como ese gol en el que terminó de sentir que valió la pena ir en la bicicleta de Graciela, su madre, bajo la lluvia, en el frío, de noche.


Alejandro Wall