Deportes | LA CARRERA DE MIGUEL SÁNCHEZ

Memoria que corre

Atleta desaparecido, el argentino es homenajeado cada año con una competición que lleva su nombre. La cita de Roma y su legado más allá de la pista.

Largada. En la capital italiana, 6.500 participantes le dieron color a la edición 2022, el 25 de marzo.

PRENSA LA CORSA DI MIGUEL

En los bordes del río Tíber, Miguel corre. Y en la entrada al estadio más olímpico de Italia entera, Miguel corre y corre. Y sobre el suelo más que mítico de Roma, Miguel corre, corre y corre.
Corre y corre y corre Miguel Benancio Sánchez, que si la eternidad existe es atleta hasta la eternidad, y que es tucumano, argentino, laburante bancario, migrante con su familia hacia un rincón bonaerense emplazado en Berazategui, poeta desde las vísceras, militante para modelar una realidad distinta. Y que es un desaparecido, uno de 30.000, uno de 30.000 mutado en un estandarte que atestigua que desde el deporte es posible expresar memoria y expresar verdad y expresar justicia.
Corre y corre y corre Miguel, que está desaparecido pero sobre todo está. Corre en Roma porque cada año en Roma, casi desde el comienzo del siglo XXI, se efectúa La Corsa di Miguel y, entonces, lluvias y soles de personas hacen aceleraciones y hacen tributos con las zapatillas envueltas por una comprensión y por un sentimiento que suelen desparramar lo mejor de la condición humana.
Miguel corre el lunes 25 de abril de 2022 en los bordes del río Tíber, en la entrada al estadio más olímpico de Italia entera y sobre el suelo más que mítico de Roma no solo porque esa ceremonia se repite una vez por temporada sino por el peso especial de la fecha. Otro 25 de abril, el de 1945, Italia se sacó de encima al fascismo y al nazismo, o sea que es una fecha que honra a la liberación. En el mundo de los justos y de las justas, ¿hay una combinación que tenga más lógica y más estremecimiento que la que entrelaza la recordación del fin de una época horrible con el homenaje a los desaparecidos de la Argentina?
A Miguel lo secuestraron el 8 de enero de 1978 en su casita de Villa España, siempre Berazategui, una semana después de poner el alma en la Corrida de San Silvestre, en Brasil. Muchos de los 6.500 participantes en La Corsa di Miguel de 2022 conocen esa historia. Muchos de esos muchos oyeron cómo la narra Valerio Piccioni, periodista en La Gazzetta dello Sport, generador de esta prueba que transita la edición 22, un tipo comprometido en cada causa en la que interpreta que el deporte puede contribuir a mejorar la estructura social y política. Muchos de esos muchos oyeron cómo la detallaba, con la piel y con la voz, con el corazón y con la sangre, Elvira Sánchez, la hermana de Miguel que motorizó cada paso que cada corredor del planeta dio y da por Miguel y por los desaparecidos que dejó el genocidio argentino, alguien que murió en enero de este año sin aflojar ni un segundo en esa pelea.
Muchos entre los muchos no solo oyeron quién es Miguel y por qué iba para adelante sino que encontraron el modo de expandir ese relato. En estos días, por ejemplo, una escuela romana esparció una pancarta blanca sobre la que, con letras azules y rojas, fue estampado uno de los versos de «Para vos, atleta», el poema escrito por Miguel Sánchez que acaso revela de manera más honda sus esperanzas: «Para vos atleta, que desprecias la guerra y sueñas la paz».
En la Argentina, la Carrera de Miguel se despliega en Buenos Aires, en Bariloche, en Berazategui, en otros sitios, a veces con un vigor ideológico que sacude las veredas, otras veces con organizadores que pasteurizan ese vigor aunque no logran impedir que las voces de los y las «miguelistas» (un término acuñado por Piccioni) suenen y truenen. Este marzo, en la convocatoria porteña, hubo un intento de que no fuera escuchada la intervención de Martín Sharples, un deportista de involucramiento alto y consecuente que desandó las calles por Miguel en un montón de geografías. Esos cercenamientos, en general, fracasan, y la vida de Miguel, contextualizada en la vida de 30.000 que son y serán 30.000, desemboca en otras miles de vidas que merecen conocer todo lo que cabe al mover las piernas en el nombre de ese atleta.

Ahora y siempre
En Roma, para esta ocasión, hubo algo así como una carrera dentro de la carrera para pronunciarse contra el racismo, tan latente y tan vigente sobre demasiadas superficies de Europa. Y hubo mensajes, fuertes también, alusivos a la guerra escenificada en el costado este del continente. Y hubo murales en cada kilómetro del itinerario dedicados a individuos a los que los organizadores consideran campeones y campeonas de los derechos humanos y lo deportivo. Y hubo, por ejemplo, una fondista de Rímini, Gabriela, que sudó el recorrido completo con sus piernas largas y rítmicas y con el cuerpo enfundado en una camiseta de la selección argentina.
En el territorio del país que Miguel quiso que fuera un país de igualdades y sin opresiones, hay calles y bibliotecas, remeras y documentales, reconocimientos y sitios de competición que se llaman Miguel Sánchez. Cada vez más. Pero quienes compartieron con Miguel las respiraciones de las pistas y el pulso del hogar convergen en admitir que nada lo hubiera representado tanto como la gente que corre. Porque Miguel, que sabía del valor de los afectos primarios y de la necesidad de la política, que se esmeraba en que las palabras se tornaran en literatura y se esmeraba además en el esfuerzo cotidiano por ganarse el mango, era exactamente un atleta.
Era y es porque, como se afirma y se continuará afirmando en inagotables ocasiones, está presente, muy presente, ahora y siempre. Y, por eso mismo, ahora y siempre, ahora y siempre, en La Corsa di Miguel, en Roma bajo un día especial o en el momento que sea, corre, corre y corre. Corre Miguel y va a seguir corriendo.


Ariel Scher