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Otra vez Nadal

El español de 30 años dejó atrás su lesión y en base a un cambio de estrategia recuperó protagonismo con nuevas conquistas, entre ellas convertirse en el jugador más ganador en torneos de polvo de ladrillo. Renovadas expectativas por llegar a la cima del ranking.

Sólido. Nadal frente al belga David Goffin durante los cuartos de final del Abierto de Madrid. (EFE)
Cuando Rafael Nadal se ubicó por primera vez entre los mejores diez tenistas del mundo, el prestigioso top ten, tenía apenas 19 años. Hoy ya tiene 30 y nunca salió de ese selecto grupo. Y va por más: está atravesando un resurgir en su carrera luego de las temporadas 2015 y 2016, donde no mostró su mejor rendimiento y sufrió lesiones que parecían marcar el inicio de una curva descendente tras once años en la élite. Pero, al igual que Roger Federer, el español demostró que tiene mucho por dar luego de su prometedor inicio en 2017.
Nacido en Mallorca en 1986, Nadal rápidamente comenzó a demostrar las habilidades que lo llevaron a lo más alto del tenis mundial. Empezó a jugar de la mano de su tío y posterior entrenador, Toni Nadal, y con apenas 15 años ya se había transformado en el español más joven en ganar un partido oficial de la ATP, la Asociación de Tenistas Profesionales. En 2004 dio muestras de su potencial cuando debutó en los torneos de Grand Slam con auspiciosos resultados (ganó en las primeras rondas de Wimbledon y del Abierto de Estados Unidos). De ahí en adelante, el mallorquín no paró de cosechar éxitos hasta alcanzar el primer lugar del ranking en tres ocasiones. Entre sus logros se cuentan 16 torneos de Grand Slam, 71 de ATP y 30 Master 1000, a los que se añaden la obtención de la Copa Davis (en cuatro oportunidades) y dos medallas olímpicas. Es por eso que su presencia sigue generando expectativas en el circuito, si bien parecía difícil que recuperara el brillo de otras épocas.
Para sorpresa de todos, Nadal desmintió las especulaciones sobre el posible declive de su carrera. Luego de un descanso en el último tramo de 2016, en el inicio de este año asombró al mundo deportivo al arribar a la final del primer torneo grande de 2017, el Abierto de Australia. Allí perdió con Federer, quien unos meses más tarde lo volvió a derrotar en la final del Master 1000 de Miami. Más allá de que los títulos se le venían negando, Rafa disputó todos los torneos, sumó puntos en el ranking y empezó a escalar posiciones. Así toco su techo hace menos de un mes, cuando obtuvo tres campeonatos en el inicio de la temporada de partidos sobre polvo de ladrillo: ganó en Montecarlo, Conde de Godó (Barcelona) –ambos por décimo año seguido– y en el Abierto de Madrid, y así superó a Guillermo Vilas como el máximo campeón en torneos jugados sobre la superficie naranja.

Claves
Vilas, la gran figura del tenis argentino, el que popularizó un deporte en un país donde manda el fútbol, tenía el récord de 49 títulos, una marca que Nadal había igualado al imponerse en Barcelona 2016 y que ahora superó cómodamente al alzarse consecutivamente con los mencionados torneos europeos que lo dejan con 52 coronas en polvo de ladrillo.  A raíz de su recuperación, se impone una pregunta: ¿qué cambió realmente? Principalmente la cabeza y, también, su salud. Es que después de dos años difíciles, en esta temporada finalmente está logrando tener más continuidad y menos dolor, sobre todo en su muñeca izquierda. También, a los 30 años, Rafa decidió empezar con un cambio de estrategia que terminará de materializarse a fin de año: después de toda una vida, dejará de contar con los consejos de Toni Nadal como entrenador. Por ahora Rafa sigue trabajando con él, pero hace meses sumó al equipo al legendario extenista español Carlos Moyá, quien tomará las riendas junto a otro coach que trabaja con él desde hace años, Francis Roig.
Así, Nadal está ahora enfocado en mantener su nivel para los próximos compromisos, entre ellos uno inminente en polvo de ladrillo: Roland Garros, el segundo Grand Slam de la temporada. Ubicado en el quinto lugar del ranking, el español apunta a un objetivo difícil pero de ninguna manera imposible: acercarse lo más posible al número uno del mundo. En virtud de su talento vigente, de su mentalidad ganadora y de su capacidad de recuperación, no parece una meta descabellada.