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Otra vez River

Conducido por Marcelo Gallardo, el club de Núñez obtuvo el torneo continental después de 19 años. Claves de un éxito que consolida la recuperación deportiva de la entidad.  
Monumental. Los jugadores riverplatenses celebran en el campo de juego la tercera Libertadores en la historia del club. (Télam)

Todavía está fresco en la memoria aquel cimbronazo del 26 de junio de 2011. En el Estadio Monumental, y ante la perplejidad del mundo del fútbol, River sufría el inédito descenso a la B Nacional tras empatar 1 a 1 con Belgrano de Córdoba. Una caída impactante y muy dolorosa para sus hinchas, motivada por las malas administraciones durante ese período de alegrías en cuentagotas y escándalos internos al por mayor. Cuatro años después el escenario es diametralmente opuesto. La obtención de la Copa Libertadores reafirma el rápido proceso de reconstrucción deportiva, teniendo en cuenta la cantidad y calidad de los logros alcanzados en un breve lapso: un torneo local, la Superfinal Argentina, la Copa Sudamericana, la Recopa Sudamericana y la citada Libertadores. Los dos primeros títulos los consiguió con Ramón Díaz en el banco, el director técnico más ganador de la institución, quien decidió alejarse de modo sorpresivo en junio de 2014. Los otros, bajo la conducción de  Marcelo Gallardo, uno de los grandes artífices de este ciclo que se inscribe en la mejor tradición riverplatense. En ese marco, la reciente consagración constituye uno de esos hitos que serán recordados una y otra vez con el correr de los años. No solo porque para los hinchas permite cicatrizar, en buena medida, los pesares del pasado inmediato, sino también por la envergadura y el prestigio de un torneo siempre reñido y difícil.  Para dimensionar aún más la conquista, basta consignar que River no ganaba el certamen desde 1996, un período que coincidió –para colmo– con continuos triunfos de Boca, su clásico rival. Se añade que se trata de una competencia históricamente esquiva para los millonarios (si se considera que disputaron la copa en 30 oportunidades, son el club argentino con más participaciones y solo 3 campeonatos). En esta última edición, que marcó el regreso a la Libertadores tras 6 años, River estuvo a punto de engrosar su larga lista de frustraciones dado que debió sufrir, y mucho, para conseguir la clasificación a octavos de final. Recién en la última jornada de la fase de grupos, el conjunto argentino selló el pasaje a la siguiente instancia, beneficiado por el triunfo de Tigres de México sobre el modesto Juan Aurich de Perú. De ahí en adelante crecieron el ánimo y la confianza para ir derribando complejos obstáculos. Así, el equipo del Muñeco Gallardo volvió a eliminar a Boca de una competencia internacional –cabe señalar que en el segundo partido ante el clásico rival se produjo una brutal agresión a los jugadores de River, hecho que obligó a suspender el segundo tiempo del cotejo–,  y dejar atrás a un adversario calificado del continente como Cruzeiro de Brasil, con un categórico 3 a 0 en el imponente Mineirao. Ya en las instancias finales, y pese a sufrir importantes bajas, el conjunto millonario mostró temperamento e inteligencia para prevalecer ante dos rivales peligrosos, de gran rendimiento a lo largo del torneo, aunque con escasa historia copera: Guaraní de Paraguay y Tigres. Liderazgo de la casa En ese recorrido de menor a mayor sobresale la figura de Gallardo, el hombre formado en las inferiores millonarias. Además de sumar un logro importante en su carrera al consagrarse como jugador y técnico –un lauro también conseguido por otros 4 argentinos (José Pastoriza, Humberto Maschio, Roberto Ferreiro y Nery Pumpido)–, el entrenador forjó un equipo ambicioso y de gran carácter, dos atributos indispensables para lidiar con éxito en el plano internacional. Los números devienen elocuentes: de los 26 partidos que dirigió Gallardo en torneos internacionales, River ganó 15, empató 9 y solo perdió 2). A estas cualidades se agrega su capacidad para potenciar jugadores que ya estaban en el plantel, por ejemplo Rodrigo Mora, Carlos Sánchez, Matías Kranneviter y Jonathan Maidana, y acertar en la contratación de refuerzos. En esta última etapa se destaca la confianza depositada en Lucas Alario, quien llegó proveniente de Colón y se convirtió en uno de los símbolos del equipo campeón al anotar 2 goles clave. Pero no basta el liderazgo de Gallardo y el aporte de varios jugadores para explicar el gran presente millonario. La actual conducción de River delineó un sólido proyecto futbolístico a fin de reposicionar a la entidad, con Enzo Francescoli –otro símbolo millonario– como actor central, desde su cargo de manager, a la hora de tomar decisiones. Fue el uruguayo, sin ir más lejos, el que promovió el arribo del Muñeco a la institución, pese a algunas resistencias debidas al breve curriculum como técnico del elegido. Decisiones y políticas que le permitieron al club regresar al primer nivel local e internacional. En este sentido cabe mencionar un hecho significativo: Gallardo y Francescoli forman parte de una lista de retornos que completan Pablo Aimar, Javier Saviola, Lucho González y Fernando Cavenaghi, este último titular en la final ante Tigres y uno de los más aclamados en la consagración donde anunció su partida del club. Con miras al futuro, la próxima gran escala para River será  el Mundial de Clubes, a disputarse en diciembre en Japón. Allí existe la chance de observar el duelo entre el equipo de Gallardo y el mismísimo Barcelona de Lionel Messi.  Un sueño  lejano 4 años atrás, una meta posible en este tiempo que tiene otra vez a River como protagonista estelar de las ligas mayores. ---Pablo Provitilo