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Rebelión proletaria

El líder de la Premier League combina elementos dignos de una novela: un equipo humilde que, ayudado por los millones de un empresario tailandés, se abrió paso a fuerza de talento y trabajo.  
Estrellas inesperadas. El equipo inglés relegó a los poderosos Chelsea, Liverpool, Manchester United y Manchester City. (McManus/Rex Shutterstock/Dachary)

Jamie Vardy tiene 29 años y hasta hace 5 tenía que trabajar en una fábrica de prótesis para ampliar su salario como futbolista. No se imaginaba por entonces, cuando jugaba en el Stocksbridge Park Steels de la séptima división inglesa y ganaba apenas 40 euros mensuales, que algún día sería el máximo goleador de la Premier League. Mucho menos lo imaginaba durante los días en que por orden de un juez –después de una pelea en un bar– tuvo que llevar puesta una pulsera electrónica y regresar a su casa todos los días a las 18.30. Vardy es el goleador proletario de un equipo de proletarios. Cuando Vardy era mitad obrero y mitad futbolista, el Leicester City vagaba por la tercera división del fútbol inglés. De algún modo, parecía lógico el encuentro, un tiempo después, cuando Vardy estaba en el Fleetwood Town y el magnate tailandés Vichai Srivaddhanaprabha compró el Leicester e invirtió 1,5 millón de euros en el jugador. Todavía faltaba para llegar hasta estos días en los que el Leicester –colado entre los poderosos– lidera la Premier League y Vardy ya es un hombre de la selección inglesa, goleador del torneo y una joya tasada en 30 millones de euros. Es cierto que el millonario de apellido impronunciable –que compró al Leicester a través de Asia Football Investment– no le escapa a la lógica de los magnates que abundan en la Premier. Srivaddhanaprabha es el propietario de King Power, patrocinador de la camiseta del Leicester, una cadena de free shops que se extiende por los aeropuertos asiáticos. Tuvo que armar una ingeniería de trucos financieros para que el equipo pudiera funcionar sin problemas económicos. Para sanearlo y cumplir con el fair play acordado en la Premier League (los equipos no pueden perder más de 120 millones de euros en las últimas tres campañas, incluida la actual), Srivaddhanaprabha realizó un canje de deuda por acciones. La maniobra –aunque válida– fue que su propia empresa tomó esa deuda. Se trató de un rescate que salió de un mismo lado del mostrador. Pero ni siquiera con las cuentas en orden se podía esperar que el Leicester, donde juega el argentino Leonardo Ulloa, moviera el tablero de la Premier, relegando al Arsenal, Chelsea, Liverpool, Manchester United y Manchester City. La temporada pasada estuvo a punto de descender a la segunda división. Lo salvó una seguidilla de seis victorias consecutivas sobre el final. Desde ahí, el fondo de la elite, despegó hasta hacer cumbre. Llegó el entrenador italiano Claudio Ranieri y el mesías tailandés invirtió 30 millones de euros en refuerzos, muy lejos de los 110 millones que desembolsó el Liverpool y los 109 millones que gastó el Manchester United. La revolución proletaria del Leicester parece un guiño romántico del fútbol, la idea de que los billetes a montones no garantizan el éxito y que lo impredecible todavía tiene lugar en el territorio de la pelota, incluso en el laissez faire inglés. Lo sabe el Chelsea, de presupuesto abultado gracias al ruso Roman Abramovich, que el año pasado tuvo que despedir a su técnico por los malos resultados. Nada menos que a José Mourinho. «En una época en la que el dinero cuenta para todo, nosotros hemos dado esperanzas a todos», le dijo Ranieri al diario Corriere della Sera. El italiano es considerado el líder de la rebelión de Leicester, una ciudad ubicada a unos 200 kilómetros al norte de Londres. Ranieri, a los 64 años, ya tuvo su experiencia en la Premier cuando dirigió al Chelsea. Ahora tomó en sus manos otro desafío. Sin fórmulas mágicas, el Leicester fue poniendo en fila a los grandes (es cierto que no pudo con el Arsenal, uno de sus perseguidores, que le ganó las dos veces que lo enfrentó), lo que tuvo su pico a principios de febrero con la victoria ante el City como visitante. Ese triunfo lo afirmó como máximo favorito a ganar la liga. Además de Vardy, el equipo que construyó Ranieri cuenta con una pieza esencial para su juego: el argelino Riyad Mahrez, que a los 24 años funciona como el gran titiritero del Leicester. También Mahrez escaló con el equipo desde la tercera división. Admirador de Zinedine Zidane, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, con la actual temporada ya le adivinan un futuro pase millonario. Menos vistoso, pero no menos importante en la estructura diseñada por Ranieri, es el defensor jamaiquino Wes Morgan, capitán del equipo. «Hablé con los jugadores y comprendí que tenían miedo a las tácticas italianas. Les dije que confiaba en ellos y que hablaríamos muy poco de tácticas. Para mí lo importante era continuar lo que habíamos hecho al final de la temporada pasada corriendo mucho», contó Ranieri, que en su elogio del correr llegó a decir que en el Leicester eran todos «como Forrest Gump». Cuando comenzó la actual temporada, los jugadores del Leicester no habían acordado un premio por ganar la liga. Así como no lo imaginaba Vardy, no lo imaginaba nadie. Las cosas cambiaron. Y hoy ya saben que tendrán un extra si consiguen el primer título grande en la historia del Leicester: un viaje a Las Vegas con todo pago. Para el nivel de la fastuosa Premier League, el premio equivale a una modesta luna de miel. ---Alejandro Wall