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Ruidos de VAR

El sistema de asistencia arbitral por video genera controversias debido a su confusa utilización para jugadas polémicas. El partido entre Lanús y River por la Libertadores, un caso emblemático que renueva debates sobre la conveniencia de la tecnología.

Recurso en marcha. Dos asesores supervisan la nueva herramienta en el estadio granate. (DYN)
Si al sistema lo conociéramos por su sigla en castellano, AAV, quizá sería hasta difícil de ponerlo en palabras. Pero es más sencillo: Árbitro Asistente de Video se dice, en inglés, Video Assistant Referee, y todos lo conocemos como VAR, su variante globalizada, llevada hasta el paroxismo con el grito de Enzo Pérez en el entretiempo del último superclásico: «¡Inventaron el VAR!». River, pocos días antes, había sido una de sus víctimas, al menos la más famosa de este lado del mundo.
El VAR entró al fútbol argentino por la aduana de la Conmebol. Lo hizo de repente, en semifinales de la Copa Libertadores, y anunciado por el organismo antes de esos partidos. Previamente, en setiembre, se había comenzado con la capacitación para los árbitros. Se usará también en la final. El proveedor del servicio, después de una licitación, es el Grupo Mediapro.
La utilización de herramientas tecnólogicas para resolver fallos dudosos fue discutida con intensidad en los últimos años. La FIFA parecía negarse, hasta que le abrió la puerta. El VAR comenzó a expandirse. Su paso accidentado por el Mundial Sub 20 de Corea del Sur mostró que no sería tan sencilla su aplicación. En un Italia-Zambia, el árbitro ecuatoriano Roddy Zambrano marcó un penal para la selección africana, pero pidió enseguida la ayuda de la tecnología. Al rato, decidió que no solo no era penal, sino que había ocurrido una falta previa en ataque. Y echó al autor de la supuesta falta. Pero mirando la jugada, más que una ayuda fue un enemigo para el árbitro, lo hizo equivocarse. A la Argentina también le tocó, aunque con menos debate: en un partido contra Inglaterra, Lautaro Martínez se fue expulsado luego de que el juez observara que había pegado un codazo a un defensor rival.

Bajo sospecha
El protagonismo del VAR como un ruido en los partidos de fútbol, casi una piedra en el zapato, explotó con el partido entre River y Lanús, que incluyó una remontada épica del equipo de Jorge Almirón, con cuatro goles en media hora para levantar una serie que ya parecía liquidada en su contra. Aunque la explicación de ese resultado no se quede en el uso de esa herramienta, para River resultó fatal, sobre todo por su utilización descompensada: el árbitro colombiano Wilmar Roldán no pidió el VAR para una mano de Iván Marcone que hubiera sido penal para River, pero sí dibujó en el aire un cuadrado –un televisor, una pantalla– con sus manos (las señas para pedir la asistencia) que confirmó un gol de José Sand. Pero el responsable del VAR era el uruguayo Andrés Cunha, que ya había ocupado ese lugar en el mundial juvenil de Corea del Sur, y que lo hará en el Mundial de Clubes.
River repartió quejas mediáticas, incluso deslizando sospechas en off the record. «La tecnología se usó para un solo lado», tuiteó Rodolfo D’Onofrio, presidente del club. Aunque enseguida aclaró que no iba a realizar ninguna presentación en la Conmebol, un organismo con el que tiene los vínculos bien aceitados.
Así como Cunha seguirá su camino, más lejos, en la Bundesliga un escándalo terminó con la salida de Hellmut Krug, el jefe del VAR Center en Colonia. La Federación Alemana de Fútbol lo acusa de haber influido en que se cobrara un penal a favor del Schalke 04, del que Krug es hincha, y no se marcara otro en contra de ese equipo. El nuevo coordinador del área, Michael Frölich, no tendrá contacto con los árbitros asistentes. «Será un proceso más transparante», dijeron en esa federación.
El uso de la tecnología para determinar fallos llegó al fútbol también como una forma de terminar con ciertas sospechas o arbitrariedades. Un sector lo aplaudió. Otro cree que en el fútbol también se juega con la imprecisión humana, que los errores del árbitro son parte del juego. El VAR, hasta ahora, enseña que más allá de cualquier recurso, lo que impera es el ojo del árbitro, sus decisiones, sus aciertos y equívocos. Siempre la tecnología queda en las manos de hombres y mujeres. Como el martillo, el VAR puede servir para clavar el clavo o para romperse un dedo. Depende de cómo se lo use.