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Selección juvenil: objetivos de fondo

La participación del seleccionado sub 20 en el Sudamericano de Ecuador arrojó señales de debilidad que exigen un serio replanteo de la dirigencia. Más allá de haber logrado la clasificación para el Mundial de Corea del Sur, el equipo nacional padeció la desorganización que afecta al fútbol argentino. Alcanza con mencionar el escaso tiempo de preparación que tuvo el conjunto juvenil para afrontar la competencia, a causa de que la dirigencia demoró diez meses en nombrar un entrenador. Recién en octubre, la Comisión Normalizadora (CN) que interviene la AFA designó a Claudio Úbeda. Una decisión controvertida teniendo en cuenta que el nombre de Úbeda no estaba dentro de los 44 proyectos que recibió la CN para elegir a un conductor.
En medio de tantas desprolijidades, el seleccionado tuvo, de modo previsible, un rendimiento discreto al ganar apenas tres partidos de los nueve que disputó, sin mostrar un buen funcionamiento e incluso dependiendo de resultados ajenos para ir al Mundial. Solo hubo dos aspectos dignos de destacar: la garra del plantel en tramos clave del certamen y los promisorios desempeños de algunos futbolistas (Santiago Ascacibar, Brian Mansilla y Lautaro Martínez).
Existen causas de fondo que explican la acentuada crisis de los juveniles. La más importante fue la decisión tomada por la AFA de desarmar el proyecto que encabezaron José Pekerman y Hugo Tocalli entre 1994 y 2007. En ese lapso, el seleccionado no solo sobresalió por los resultados (obtuvo cinco títulos mundiales con el sub 20, entre otros logros) sino también por forjar una identidad de juego, potenciar a grandes talentos y exhibir una conducta deportiva ejemplar.  De ahí que se torna necesario recuperar las bases de aquel ciclo, con un plan a largo plazo a cargo de profesionales idóneos, que priorice  la labor formativa y nutra al seleccionado mayor sin intervenciones ajenas.