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Selección para armar

Con Germán Portanova como DT y la vuelta de Estefanía Banini, Argentina busca reconstruirse para llegar al mundial. El torneo local, un espejo del presente.

Estadio Mario Kempes. Figura del ataque, Banini deja atrás a una jugadora chilena, en el amistoso disputado en la provincia de Córdoba.

TÉLAM

La selección femenina de fútbol busca en este 2022 su 2023. Colombia es la escala necesaria hacia Nueva Zelanda y Australia, la doble sede oceánica del mundial del próximo año. Si bien para el equipo que conduce Germán Portanova la Copa América que se jugará en julio se puede tomar como una medida del lugar que ocupa en la región, el gran objetivo es conseguir la llave más deseada, la mundialista. El torneo entrega tres plazas directas y dos para el repechaje. Hacia esa meta se dirige la Argentina.
La misión, de hecho, comenzó en julio del año pasado cuando Portanova asumió como nuevo entrenador de la selección. Con 48 años, el técnico llegó a Ezeiza con tres títulos locales al frente de la UAI Urquiza. Era su respaldo, mucho más que su carrera como jugador: Chacarita y Tristán Suárez, Cerro Porteño (Paraguay), Rangers (Chile), y el fútbol regional de Italia y España. Pero lo que más aportó la llegada de Portanova fue aire fresco. Se trató de una renovación necesaria después de 23 años de Carlos Borello al frente del equipo, lo que acumuló desgastes y conflictos internos.
La historia tiene sus años. Es previa al Mundial 2019 que se jugó en Francia. La contó en detalle la colega Ayelén Pujol, una de las periodistas que cubrió el certamen. Aquella vez eran varios los reclamos de las jugadoras, que además de pedir mejores condiciones entendían que el ciclo de Borello ya estaba agotado, que necesitaban otra gestión para estar a la altura de rivales con mayor jerarquía, con otros métodos de trabajo. Las referentes fueron las que alzaron la voz. La Argentina tuvo una gran actuación en Francia, empate épico frente a Escocia por 3-3 con una gran remontada, que no alcanzó para la clasificación pero demostró que había fuerza y talento para ir por más. A partir de los reclamos, Borello dejó de citar a jugadoras clave de ese plantel, Estefanía Banini, Ruth Bravo y Belén Potassa. En solidaridad, se bajó Florencia Bonsegundo. 
«Ni descanso, ni lesiones, ni permisos de mi club. ¡Ganas sobran de estar en la selección! ¡Desde los 5 años entrenando para defender la celeste y blanca! ¡Luchando desde mi lugar la igualdad sin discriminaciones! El cuerpo técnico decidió dejarme afuera. Ellos son los únicos que cobran, ellos que por tener diferencias han decidido darle un punto final a mi sueño de defender a la (camiseta) más linda», escribió Banini, la futbolista más influyente de la Argentina, actualmente en Atlético de Madrid, integrante del once ideal que la FIFA presentó durante los últimos premios The Best.
Casi tres años después, ahora con Portanova de entrenador, Banini pudo regresar. «No sé por qué no me llaman de la selección, yo solo reclamé para mejorar. Las únicas personas que saben por qué no estoy son las que toman la decisión», le había dicho Banini a ESPN. Portanova demoró la convocatoria con el argumento de que primero debía consolidar el grupo que venía jugando. Hasta que llegó el momento. Estefanía volvió a ponerse la camiseta celeste y blanca durante los dos amistosos de la ventana de abril, contra Chile (derrota 1-0 en Córdoba y triunfo 1-0 en San Luis).

Señales del futuro
El retorno de Banini a las convocatorias ya era una noticia saludable para la selección. También lo fue haber ganado el primer encuentro de la era Portanova (hubo también un triunfo en octubre pero frente a Chivas de Guadalajara). Y todo se produjo en medio de un buen marco de público tanto en el Mario Alberto Kempes cordobés como el Juan Gilberto Funes puntano. Es lo que demuestran los partidos de la selección con el hito en el encuentro de repechaje frente a Panamá, en la cancha de Arsenal, donde Argentina obtuvo la clasificación a Francia 2019.
Pero la radiografía que entregan estos partidos es que todavía falta mucho para conformar un equipo con identidad. Es la tarea de Portanova, que evita ponerse tiempos para «buscar una idea y un funcionamiento». «Cuesta bastante –le dijo al diario Olé– cuando hay jugadoras de todos los clubes con diferentes estilos, y que desde hace mucho tiempo juegan de una manera. Eso implica no solo mucho trabajo, sino también un convencimiento». «Estas chicas –siguió Portanova– han logrado un montón de cosas. Se viene la Copa y ya estamos en una mezcla de poder quedarnos en una zona de confort dentro de la cancha y el juego que queremos. Lo importante es jugar siempre de una manera inteligente. Sueño con tener una Argentina que sea protagonista, que pueda tener el balón, recuperar rápidamente, y volver a tenerlo y jugar en campo rival. Hoy en día cuesta un poco más, pero es un proceso». Y eso también va de la mano con desarrollar los trabajos que se hacen en las categorías menores. Hay señales porque hay jugadoras con futuro, aunque la sub 20 y la sub 17 quedaron afuera de sus respectivos mundiales.
A la selección argentina le tocó el Grupo B en la Copa América, a disputarse entre el 8 y el 31 de julio en tres sedes: Armenia, Bucamaranga y Cali (en esta ciudad se disputará la final). Debutará el 9 de julio nada menos que ante el campeón defensor, Brasil. El resto de los rivales son Venezuela, Uruguay y Perú. Brasil está muy por encima. Es presente y también historia. Ganó todas las ediciones, excepto la de 2006, que precisamente se la quedó Argentina como local. Ahora se suman otros equipos fuertes de la región. «Ecuador con la técnica brasileña; Venezuela, con la italiana; Chile, con ese funcionamiento sólido; y Colombia, con su juego. Uruguay tiene jugadoras jóvenes muy rápidas, siempre con su juego aguerrido. Paraguay va a ser durísimo y Brasil, siempre en los puestos de arriba», analizó el propio Portanova frente a las periodistas Cecilia Cinelli y Catalina Sarrabayrouse.
Hasta instalarse en la concentración de Armenia, Colombia, donde se preparará para la Copa América, el entrenador podrá tener otras pruebas en la ventana de mayo. Hasta el cierre de esta edición no estaba definido quién sería el rival aunque se evaluaba entre dos ofertas que tuvo la Asociación del Fútbol Argentino. Una es por Costa Rica, que también busca un lugar en el Mundial de Nueva Zelanda y Australia. El otro rival que está sobre la mesa es más fuerte y con peso en la escena internacional. Se trata de Suecia, que terminó tercera en Francia 2019 después de ganarle a Inglaterra. Y en la actualidad está segunda en el ranking de la FIFA. El equipo sueco aparece tentador por su nivel, pero a la vez las diferencias pueden ser demasiadas para la preparación que requiere la Argentina. Mientras se resuelve por dónde ir, la Argentina piensa en la Copa América. Y sobre todo en seguir construyéndose. Porque todavía es una selección para armar.


Alejandro Wall