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Simeone, un equipo

El argentino sumó este año el octavo trofeo con Atlético Madrid. Liderazgo, espíritu grupal, mentalidad ganadora, el manual de un técnico que rompe los esquemas.

Liga 2020-2021. El plantel festeja junto al entrenador, luego del triunfo ante Valladolid que le dio el campeonato local a los Colchoneros, en mayo. (Javier Soriano/AFP)

En pleno festejo de la Liga en el estadio Metropolitano, Diego Simeone les pregunta a sus hijas Francesca y Valentina, de cuatro y dos años: «¿Qué somos?». «Un equipo», responde Francesca. «Un equipo», repite Valentina. Y se largan a cantar el himno del Atlético Madrid: «Jugando/ ganando/ peleas como el mejor/ porque siempre la afición/ se estremece con pasión/ cuando quedas entre todos campeón». En diciembre próximo, Simeone cumplirá diez años como entrenador del Atlético. Con la Liga 2020/2021, su octavo título, superó a Luis Aragonés y se convirtió en el DT más ganador en la historia del club. Pero el valor real de Simeone se mide más allá de los títulos: el Cholo, quien había sido campeón como futbolista de la Liga 1995/1996, le impregnó una identidad propia al Atlético. Año tras año, el club se parece cada vez más a Simeone, profundiza la transformación, extrema el protagonismo hasta el último aliento. Expone su ADN, un legado histórico: ante todo, ser un equipo.
Cuando Simeone llegó a finales de 2011, el Atlético merodeaba los puestos de descenso. En las nueve temporadas como entrenador, el Atlético no bajó de los tres primeros puestos. Es, de hecho, el único equipo que rompió dos veces la hegemonía de Barcelona (10) y Real Madrid (5) en las últimas 17 Ligas, ya que la primera vez que la ganó fue en la 2013/2014. Los números de Simeone en el Atlético abruman: 64% de efectividad, 411 triunfos, 177 empates, 144 derrotas, una Copa del Rey, una Supercopa de España, dos Ligas, dos Europa League y dos Supercopa de Europa. Hay entrenadores más ganadores que Simeone, por más que se lo presente ante todo como un ganador. Y aunque le pese, la cultura es lo que perdura: después de que el Atlético fuera eliminado el 6 de enero de la Copa del Rey por el Cornellà de la tercera división de España, Simeone les indicó a los empleados del club que recibieran a los jugadores cada mañana con una frase en lugar de un buen día: «Vamos a salir campeones». Salieron.
«Casi siempre ganan los poderosos –dijo Simeone en la cena de celebración de la Liga, ante sus futbolistas–, pero a veces el esfuerzo paga su recompensa». Simeone, en concreto, es el entrenador mejor pago del mundo. Y el Atlético manejó un presupuesto de 252 millones de euros en la última temporada. Es cierto, es poco más de la mitad de los dineros de Real Madrid (468 millones de euros). Pero si el Atlético es «el más humilde», que le sigue al Real y al Barcelona (382 millones), es gracias a Simeone: el equipo quintuplicó el presupuesto en buena medida por las dos finales de Champions League que perdió ante Real Madrid (2014 y 2016). La historia, sin embargo, marca el camino. «Este año ha sido complejo, con amigos y familiares que murieron, con hinchas fallecidos –dijo el Simeone líder, apuntando al horizonte–. Ganar esta temporada fue difícil, como nuestra historia. Siempre nos costó mucho. Era uno de los mejores años para ser campeón. En un año difícil para el mundo, aparece el Atlético, y no es casualidad». Hay, sí, un punto de apoyo en la realidad: de los 11 títulos de Liga que ganó el Atlético, diez fueron en la última fecha.

Con su sello
Simeone ha sido etiquetado como defensivo. Con y, sobre todo, sin razón. Pero las etiquetas pesan toneladas, sobre todo las autoimpuestas: Simeone goza del juego dialéctico, a veces ataca más con las palabras que en la cancha. No siempre, porque en la Liga 2020/2021 le adosó a su equipo mayor protagonismo, más ambición: fue la de mayor promedio de posesión (51%) en sus nueve años como DT del Atlético. «Procedemos de escuelas opuestas, él bilardista y yo menottista, pero estoy muy lejos de satanizarlo –escribió Jorge Valdano en El País–. Sé reconocer a aquellos que piensan distinto, pero hacen las cosas bien, y Simeone es un caso indiscutible de liderazgo. Hay una conquista definitiva de la que es el principal responsable: cambió la historia del Atlético. Le puso su sello y le dio una exitosa continuidad. En la tabla de clasificación, en el imaginario colectivo y en la psicología más profunda». El último título de Liga del Atlético sin el apellido Simeone, en efecto, es de la temporada 1976/1977.
En 2021, la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol lo nombró como el mejor entrenador de la década (2011-2020), por encima de Pep Guardiola y Jürgen Klopp. «Los partidos –suele decir Simeone– no los ganan los que mejor juegan, sino los que están más seguros de lo que hacen». «En el fondo –escribió el periodista Felipe de Luis Manero en la revista Contexto–, y esto es difícil de comprender desde la superficie, esa armadura esconde una ambición silenciosa pero desbocada, la de aquel que, sabiendo perfectamente que no es el mejor, se va a dejar el alma para ganar». Simeone –106 partidos en la selección, tres mundiales jugados, ganador de dos Copa América– dijo que convertirse en el entrenador de Argentina «sucederá», aunque no sabía cuándo. Habrá que darle crédito. En 2016, cuando publicó su historia en primera persona en un libro, lo llamó Creer. Podría haberse llamado, también, equipo.


Roberto Parrottino