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Un milagro entrerriano

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Alejandro Duchini

Campeón del certamen, Patronato se quedó con una fortuna en premios y un lugar en Libertadores 2023. Todo, a semanas de descender al Nacional.

Mendoza. Los jugadores del equipo de Paraná celebran con el trofeo en el estadio Malvinas Argentinas. Es el logro más importante en la historia del club.

Foto: NA

Patronato de Paraná entró en la historia grande del fútbol argentino. El trofeo que conquistó –el primero de su historia en torneos AFA, a la que está afiliado de manera indirecta– al ganarle la final de la Copa Argentina a Talleres de Córdoba, lo pone en una situación de privilegio. Porque acaba de descender al Nacional y sin embargo jugará la Copa Libertadores de 2023 –máximo torneo continental– y la Supercopa ante Boca, partido que iba a desarrollarse en Abu Dhabi (Emiratos Árabes) en enero pero cuya sede se cambiará por un estadio argentino. Lo positivo no se termina ahí. Patronato acumuló más de 36 millones de pesos en ganancias por la Copa Argentina y otros 470 (unos 3 millones de dólares) por ingresar a la Libertadores.
Hay más para destacar: el buen nivel de juego que demostraron tanto el campeón como Talleres. Aunque en los 90 minutos los cordobeses fueron superiores, se sabe que con eso solo no alcanza. Para ganar, para ser campeón, hay que hacer más goles que el rival. Hay que tener ese «algo» que no se puede explicar. A veces, por caso, basta con contar con un golpe de suerte, como le pasó a Patronato. Ocurrió a los 32 del segundo tiempo cuando Tiago Banega, una pieza clave del conjunto entrerriano, se tiró al piso para trabarle una pelota a Gastón Benavídez. La pelota se levantó tanto que sobró al arquero de Talleres Alan Aguerre y se metió en el arco. Un gol increíble, también épico. «El gol fue un reflejo de nuestro año: lucha, garra», rió Banega tras finalizar el partido. Nadie lo puede explicar mejor. Tiene 23 años, hasta hace poco trabajaba de albañil y ahora deberá volver al club dueño de su pase, Racing.
Fue también el primer título para Facundo Sava en su rol de entrenador. En julio, y a raíz de un grosero incidente entre sus jugadores y la policía, originado en el arbitraje de Jorge Baliño en el partido ante Barracas Central había dicho que le daban ganas de no dirigir más. Menos mal que fue una bronca del momento. La Copa Argentina, el viaje a Abu Dhabi y la Libertadores que se vienen justifican con creces sacarse la bronca y seguir adelante. El tema es si renovará su contrato con Patronato, que vence a fin de año.

El mata grandes
Patronato eliminó nada menos que a River y a Boca, el gran campeón del fútbol argentino de los últimos torneos. No es un dato menor que también le hizo partido a Talleres, el finalista de la edición anterior que perdió por penales ante Boca. Tiene 4.500 socios. Casi todos viajaron a Mendoza para ser parte de la ilusión. Esto no lo olvidarán jamás los hinchas del club entrerriano fundado en 2014 bajo conceptos católicos. Club Atlético Patronato de la Juventud Católica, su nombre original. Con este título, testigos y herederos se aseguran una historia que pasará de generaciones. No es lo mismo ser hincha de un club del interior como Talleres, Godoy Cruz o Atlético de Tucumán que ser hincha de un club del interior casi sin pasado en Primera. Tal el caso de Patronato. Las diferencias también se vieron en las tribunas. Al menos 25.000 cordobeses coparon el Malvinas Argentinas.
La victoria roja y negra tuvo sabor a revancha. Porque el club de Paraná no descendió por su última campaña si no por las anteriores. El promedio de descenso no deja de ser una herramienta injusta. Sumó 40 puntos en el último torneo (décimo) y 50 en la tabla anual. Además de eliminar a River y a Boca en la Copa Argentina, en la Primera también le ganó a Boca, 3 a 0; y a Independiente 3 a 1; a San Lorenzo 3 a 2, y a Huracán 3 a 2.
Su arquero, Facundo Altamirano, llegó a Entre Ríos en silencio y se convirtió en un símbolo. Fue clave en todo el año, pero ante los cordobeses se lució. Lidió contra los delanteros rivales y un poco con sus compañeros de defensa, que no tuvieron un buen partido, sobre todo en el primer tiempo. Le atajó tres penales a Boca en la semifinal de esta Copa y tapó varios disparos en la final. Tiene 26 años. Casi deja el fútbol porque sentía que las cosas no le salían. La Pulga Rodríguez, Matías Suárez y Óscar Romero son apenas algunos de los jugadores a los que les atajó penales. Marcelo Estigarribia es un delantero de 27 años nacido en Villaguay, figura de Patronato y goleador. Es junto a Jesús Dátolo (Banfield) el goleador de la Copa Argentina con cuatro goles. Dos a Gimnasia y Esgrima La Plata, uno a River y otro a Boca.
Más allá de perder, a los cordobeses les tendría que quedar el aliciente de saber que son un equipo con futuro. Vienen mostrando sutiles diferencias con la mayoría. No tienen el presupuesto de los grandes y sin embargo no les deben envidiar nada. Para empezar, tienen en Aguerre a un arquerazo. Desde ahí hacia adelante, nadie desentona. Defiende bien, ataca mejor. Michael Santos y Gonzalo Álvez jugaron más que bien. Pero fue el colombiano Diego Valoyes quien desequilibró. Le faltó algo imprescindible: jugar más en equipo, pensar en sus compañeros al momento de pasar la pelota. En el banco hay un DT con enorme futuro: se dice que Javier Gandolfi dejaría Talleres para sumarse al cuerpo técnico de Martín Demichelis en el que caso de que asuma en River. Se dice, también, que los cordobeses redoblaron la apuesta: Demichelis tendría que ir a Córdoba como ayudante de campo de Gandolfi.
Estos son tiempos en los que debe haber show antes y después de los 90 minutos. Fuegos artificiales, bailes, luces, humos de color. El fútbol argentino cada vez se parece más al showbol de Estados Unidos. Sin embargo, y afortunadamente, todavía sobrevive el juego. Los espectadores tuvieron la suerte de que, al menos en esta final, Talleres y Patronato jugaron muy bien. El partido fue de los más lindos del año en el marco de un fútbol argentino que se nivela hacia abajo.
En un mundo en el que los poderosos son cada vez más poderosos, no deja de caer bien que un club humilde, pequeño, y hasta descendido, sea el campeón. El fútbol a veces funciona como metáfora de la realidad, como una forma de decir «no nos vencieron; la seguimos peleando».

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