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Valores en ascenso

El jugador, surgido en Náutico Hacoaj, superó dificultades económicas y a los 24 años alcanzó su mejor ranking, un logro que lo perfila como nuevo protagonista del tenis nacional. El exigente trabajo físico y los consejos de Juan Chela, ejes de su evolución.

Primera vez. El porteño, en Montecarlo, avanzó a los cuartos de final de un Master 1000. (Coatzaliouia/AFP/Dachary)

En el tenis argentino, el apoyo económico constituye un factor clave para el desarrollo profesional de jóvenes jugadores. Entre otras cuestiones porque, de no contar con recursos suficientes, las nuevas promesas suelen descuidar su preparación para concentrar sus energías en conseguir los fondos con miras a competir en el exterior. Un buen ejemplo de esto último es Diego Schwartzman, de 24 años, quien en el inicio de su carrera debió lidiar con algunos padecimientos financieros. Debido a la presión que sentía frente al esfuerzo realizado por su familia –y la necesidad de devolver el dinero recibido para participar de torneos de relieve–, le costó, y mucho, asentarse en la disciplina.     
Hoy, la situación del jugador surgido en Náútico Hacoaj es diametralmente opuesta. No solo por haber logrado estabilidad económica gracias a su perseverancia, sino también por los buenos resultados deportivos. Parte de una camada de jugadores albicelestes nacidos a principios de los 90 (entre ellos se cuentan Facundo Bagnis, Renzo Olivo, Guido Pella y Federico Delbonis) el «Peque» –como lo apodan por su baja estatura (1,70m)– comenzó a destacarse en distintos torneos, muchos de ellos prestigiosos como el Master 1000 Montecarlo (detrás de los Grand Slam, se trata de uno de los certámenes más importantes del circuito), donde llegó por primera vez a los cuartos de final. Tras encadenar varios buenos resultados, actualmente Schwartzman se ubica como el segundo mejor argentino en el ranking (ocupa el puesto 34°, su mejor posición), apenas debajo de la gran figura nacional en actividad: el tandilense Juan Martín Del Potro. «Estoy más tranquilo. Los argentinos solemos tener complicaciones en el arranque de la carrera. Poder tener un equipo grande que me ayuda y me acompaña es fundamental para mi crecimiento», sostuvo el tenista en el diario La Nación.
 
Enfocado
Claro que sus progresos se vinculan con haber mejorado notoriamente su juego. Sin la potencia de Del Potro ni la técnica del suizo Roger Federer, el porteño consiguió explotar al máximo sus propias virtudes, por caso el golpe con su derecha y la rapidez de movimientos para no dar ninguna pelota por perdida. Inciden, en ese plano, los cambios en su preparación. En diciembre del año pasado, Schwartzman comenzó a trabajar con Martiniano Orazi, ex preparador físico de Del Potro, quien le diagramó una exigente pretemporada. A ello se añade la incorporación del extenista Juan Ignacio Chela como entrenador en reemplazo de Hernán Gumy. Chela, quien llegó a ser 14 del mundo en la década pasada, lo ayuda especialmente en el plano mental, el otro aspecto clave en este deporte. «Trabajamos más en el manejo de situaciones tensas –en los cierres de sets y en cómo jugar los break points–, que en cuestiones técnicas», señala el ahora capitán.
Aún con varios años por delante en su carrera, Schwartzman se propuso dos metas a corto plazo. Por un lado, consolidar su juego con la obtención de un nuevo título. El año pasado consiguió su primer trofeo tras derrotar a Grigor Dimitrov, en Estambul, y llegó a la final de Amberes donde cayó ante el francés Richard Gasquet, mientras que en este 2017, como se dijo, cumplió una meritoria labor en Montecarlo al arribar a los cuartos de final (cayó ante el español Rafael Nadal, a la postre ganador del torneo). Por otro, aspira a sumar experiencia en la Copa Davis y erigirse como una alternativa confiable para el capitán Daniel Orsanic, teniendo en cuenta la serie ante Kazajistán que debe disputar el equipo nacional, en septiembre. Un encuentro trascendente dado que está en juego la permanencia de la Argentina en el grupo mundial.
Se trata de desafíos que dan cuenta de su evolución. Lejos de los apremios económicos, y física y mentalmente renovado, Schwartzman se perfila como un representante calificado para que el tenis argentino, luego del retiro de importantes figuras, siga siendo protagonista.