Humor | Por Santiago Varela

Todo junto

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Santiago Varela

–Ay, querido, qué problema, me quedé corta con el pan rallado para las milanesas… ¡Qué desastre!
–Papá, se me salió la cadena de la bici, no llego al partido… ¡Qué desastre!
–Papi, le presté la planchita a Cata y no me la devolvió… ¡Qué desastre!
Estos son desastres cotidianos, reales, que cuando ocurren causan gran preocupación. A esto se le puede sumar que la guita no alcanza, que la lechuga está más cara que una botella de vino bueno, que en época electoral todo el mundo habla hasta por los codos prometiendo cosas que, sabemos, simplemente por los años vividos, no van a cumplir. Todos son desastres, todos reales.
Pero si uno quiere enterarse de más desastres solo tiene que prender el televisor o los millennials, el celular. Lo único que verán en los noticieros son crímenes, tiroteos, cámaras de seguridad mostrando cómo un chorro asalta a una viejita y le afana el changuito, movileros que le preguntan a la madre del chico asesinado que es lo que siente. Todo el día así.
Pero si quiere ir un poco más a fondo en esto de los desastres que se nos presentan cada día, podemos hablar del cambio climático que provoca que en el norte a la gente se le congelen hasta las pestañas y los osos polares usen bufanda, mientras que en el sur, el señor del pronóstico anuncie que la temperatura, por un rato, descenderá a 38 grados. También podemos ver que hay países enteros que viven inundados, mientras que en otros la sequía hace que los peces levanten polvareda. Y lo que es así en una estación del año, se invierte en la próxima… o no, lo cual es peor.
Pero los problemas siguen. Media humanidad pasa hambre y como la población crece en forma vertiginosa, esa media humanidad cada vez es más numerosa, casi el total de la humanidad que éramos ayer, cuando éramos menos.
A todo esto le podemos sumar las migraciones, las pandemias y los pocos que cada vez tienen más y no quieren largar nada. Pero, por si todo esto pareciera poco, tenemos las guerras. En plural. La cantidad de guita que se gasta en armamentos súper sofisticados para hacer repelota al prójimo es tan, pero tan enorme que, con toda esa plata, se podría solucionar la mayoría de los problemas anteriores.
Pero no, la humanidad prefiere seguir haciendo lo que está haciendo. Nos vamos al carajo en tobogán y los líderes de los países sonríen para la foto. Reitero, la raza humana, por lo que produce, es un error en la evolución que, supongo, en algún momento ella misma va a corregir. Como escuché decir en un medio: «Mire usted el mundo que le vamos a dejar a Mirtha Legrand».

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