Mundo | AGRESIÓN A VENEZUELA

Doctrina Monroe recargada

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Manuel Alfieri

La Casa Blanca secuestró al presidente Maduro, prometió un cambio de gobierno y amenazó con nuevas operaciones militares. Reacciones internacionales dispares.

Halcones. Trump en su presentación en Mar-a-Lago junto a Marco Rubio.

Foto: Getty Images

Después de meses de amenazas, Donald Trump cumplió con lo prometido. En la madrugada del sábado 3, 150 aeronaves de las Fuerzas Armadas estadounidenses perpetraron un brutal ataque militar contra Venezuela, que incluyó una lluvia de misiles sobre distintas ciudades, la captura del presidente Nicolás Maduro y una advertencia de extrema gravedad: la Casa Blanca aseguró que se «quedará» en territorio bolivariano el tiempo «que sea necesario».
Así lo afirmó el propio Trump pocas horas después de iniciada la operación militar, que se desplegó sobre la capital, Caracas, y los estados de Miranda, Aragua y La Guaira. «Vamos a manejar el país hasta que haya una transición ordenada. Estamos ahí ahora y nos quedaremos en Venezuela lo que sea necesario (…) No tenemos miedo de poner las botas en el terreno», dijo el jefe de la Casa Blanca, rodeado de sus principales asesores políticos y militares. Luego lanzó una amenaza directa a las autoridades bolivarianas: «Todas las figuras políticas de Venezuela tienen que entender que lo que le pasó a Maduro les puede pasar a ellos (…) Estamos listos para hacer un segundo ataque mucho más fuerte si es necesario».

Minutos antes de que Trump iniciara su conferencia, los medios internacionales ya difundían la primera imagen de Maduro tras su captura: esposado, con ropa deportiva y los ojos cubiertos, dentro de un helicóptero militar. El presidente venezolano fue secuestrado junto a su esposa, Cilia Flores, en Fuerte Tiuna, el mayor complejo militar de Caracas. El operativo estuvo a cargo de la unidad de elite Delta Force, asistida por agentes encubiertos de la CIA. La imagen de Maduro remitió de inmediato a la del panameño Manuel Noriega, también capturado un 3 de enero, aunque de 1990, por fuerzas estadounidenses.

La Guaira. El puerto venezolano con el impacto de las bombas estadounidenses.

Foto: Getty Images


Como un show
Según informó Trump, Maduro fue trasladado al buque militar USS Iwo Jima y desde allí será enviado a Nueva York, donde enfrentará cargos por narcotráfico y conspiración. Exultante, el magnate republicano relató que siguió el operativo desde su residencia en Mar-a-Lago «como si estuviera viendo un show de televisión». Al referirse a los motivos de la intervención, no apeló a eufemismos: «Nos quitaron nuestros derechos petroleros. Teníamos mucho petróleo allí. Expulsaron a nuestras empresas. Y queremos recuperarlo». La Doctrina Monroe –rebautizada por el propio presidente como «Trumproe»– reaparece así con renovada crudeza.
Tras la captura de Maduro, el Gobierno venezolano quedó provisionalmente al mando de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien afirmó que el mandatario «continúa siendo el presidente» y exigió su inmediata liberación. Además, denunció el «uso brutal de la fuerza» por parte de Estados Unidos para «apropiarse de los recursos naturales» del país y aseguró que no existe posibilidad alguna de negociación después de «tamaña agresión». «Estamos listos para defendernos».

Pese a las internas que atraviesan al oficialismo venezolano, por el momento solo hubo muestras de cohesión política. Dos figuras centrales del chavismo, el ministro de Defensa Vladimir Padrino López y el ministro de Relaciones Internacionales Diosdado Cabello, respaldaron públicamente a Rodríguez, condenaron la agresión militar y convocaron a la población a movilizarse para frenar lo que definieron como una nueva avanzada imperialista. Ambos coincidieron en que el objetivo de Washington es imponer un «cambio de régimen», en alianza con sectores de la oposición local liderados por María Corina Machado.

La dirigente opositora –reciente ganadora del Premio Nobel de la Paz y cercana a referentes de la ultraderecha local y regional– difundió un comunicado pocas horas después del operativo estadounidense, en el que utilizó un lenguaje casi calcado al de la Casa Blanca: habló de la llegada de «la hora de la libertad», reclamó el inicio de una «transición democrática» y aseguró estar preparada para «tomar el poder». Sin embargo, el propio Trump le bajó el pulgar, al afirmar que «no tiene el respeto ni el apoyo suficientes» para hacerse cargo del país.

Condenas y festejos
La ofensiva militar desató una ola de reacciones internacionales. Rusia y China impulsaron una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. Moscú calificó la captura de Maduro como un «secuestro internacional» y exigió su liberación inmediata, mientras que Beijing denunció un «comportamiento hegemónico» y una grave «violación del derecho internacional». Irán condenó «firmemente» el ataque y la vulneración de la soberanía venezolana.

En Europa, las críticas a Washington fueron, en el mejor de los casos, moderadas. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, reclamó una desescalada y el respeto al derecho internacional. Más alineado con EE.UU., el mandatario francés Emmanuel Macron celebró la «liberación de la dictadura» y llamó a una «transición pacífica y democrática».

En América Latina, las posiciones quedaron marcadamente divididas. Desde Brasil, Lula da Silva advirtió que los bombardeos y la captura del presidente venezolano «traspasan una línea inaceptable» y constituyen una grave afrenta a la soberanía regional. El colombiano Gustavo Petro rechazó la agresión y pidió la convocatoria urgente de la OEA y la ONU. En el mismo sentido se pronunció la mexicana Claudia Sheinbaum. En tanto en La Habana, Cuba, ante miles de personas, el presidente Miguel Díaz-Canel denunció «terrorismo de Estado» y reclamó una reacción inmediata de la comunidad internacional.

Desde Argentina, y en una nueva muestra de sumisión ante la Casa Blanca, el presidente Javier Milei celebró la operación estadounidense: «Es la caída de un dictador, de un terrorista y de un narcotraficante que quiso aferrarse al poder». Otros referentes de la ultraderecha regional, como el presidente ecuatoriano Daniel Noboa y el expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, también festejaron la agresión contra Venezuela.

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