Mundo | El cruce de un límite

Cinco claves sobre el ataque a Venezuela

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Néstor Restivo

La violación de la soberanía venezolana rompe las reglas del orden internacional, expone la crisis interna de Washington y deja a Latinoamérica más fragmentada y vulnerable.

La Guaira. La ciudad portuaria fue uno de los blancos de los bombardeos estadounidenses.

Foto: Getty Images

Pocos hechos recientes motivaron tantos comentarios como el ataque de Estados Unidos a Venezuela del 3 de enero. Se entiende: fue la primera agresión estadounidense de la historia contra una capital sudamericana, dentro de una saga bicentenaria de intervenciones de todo tipo. Y sus consecuencias son mundiales.

Para repetir lo menos posible cosas seguramente ya leídas, este análisis sugiere cinco ideas: 1) EE.UU. rompió todas las reglas del orden internacional y abrió un escenario muy incierto y peligroso. 2) No logró un cambio político en Venezuela. 3) La crisis interna de EE.UU. es el factor que más puede alterar el escenario actual y explica parte de la desesperación de Trump. 4) América Latina fragmentada y con mayoría de Gobiernos reaccionarios. 5) A nivel global, no hay un escenario de guerra por «zonas de influencias»: el único imperialismo es el de EE.UU.


1. Del desorden global a la anarquía
La decisión de Trump viola todo tipo de normativa internacional. Ya lo venía haciendo hundiendo barcos en el Caribe sin argumentos legales ni creíbles. Irak en 2003 es un antecedente, pero la acción del 3 de enero quebró una línea roja. Su gran aliado, Israel, da cátedra en ese sentido hace años ignorando a la ONU y al derecho internacional, en la causa palestina o en su matanza selectiva de líderes árabes o iraníes. La operación «quirúrgica» (pero con decenas de muertos) contra el presidente Nicolás Maduro siguió el patrón que bien han trabajado el Mossad, la CIA o el MI5. Lo de Venezuela es el cruce definitivo de un límite que habilitaría a cualquier país del mundo (obvio, el más fuerte contra el más chico) a hacer lo que se le antoje atribuyéndose derechos sobre otros más contra todo argumento legal. Siendo Venezuela un jugador fuerte en hidrocarburos (exportador a China y a Rusia) y con la mayor reserva mundial de petróleo, una interrupción del comercio de crudo por la política naval de EE.UU. vulnerando toda normativa, ensombrece más el conflicto mundial, con escenario imprevisible.

2. La coyuntura
Tras la agresión, ciertos análisis indagaron internas y especularon por demás. Aunque negociaciones y aun traiciones existen desde la antigüedad cuando de poder se trata, en el caso venezolano se dijeron varias cosas irresponsables o muy especulativas antes que lo principal: la violación de la soberanía y el secuestro ilegal de un jefe de Estado por otro país. El presidente hoy sometido a un juicio circense en Nueva York, donde entre otros cargos lo acusan (¡EE.UU.!) de poseer armas… (ya no de integrar el supuesto Cartel de los Soles, pues era muy evidente su invención fantasiosa), puede motivar todo tipo de comentarios, simpatías o críticas. En procesos electorales más que polémicos (Noboa en Ecuador, Asfura en Honduras) nadie ha pedido ningún acta electoral. Contra el sistema electoral bolivariano se siguen reclamando. Previsor ante el cuadro que se venía, Maduro dejó un Decreto de Conmoción Exterior que restringe algunos derechos, una obviedad cuando hay una agresión extranjera, y que motivó el mismo 3 de enero la reunión urgente del Consejo de Defensa. Dos días después juró la nueva Asamblea Nacional para 2026-2031 y el 10 de enero la vicepresidenta en ejercicio, Delcy Rodríguez, dará su mensaje anual correspondiente a 2025 y pautas para 2026. Hay una institucionalidad en curso y el mandato de la vicepresidenta ha sido avalado en forma compacta por todo el Gabinete e incluso por la familia Maduro. Hay también calle, respaldo popular, fuerzas policiales y militares sin fracturas hasta ahora (salvo cambios en la cúpula del área de contrainteligencia, donde fue destituido y arrestado el mayor general Javier Marcano Tábata). Todo, pese a la extorsión del agresor, el país militarmente más poderoso del mundo.
Que EE.UU. no haya conseguido cambiar el Gobierno implica que no logró de momento apoderarse del petróleo y otros recursos, tampoco que no vaya a haber negociaciones bilaterales donde jueguen las empresas estadounidenses que siguen operando en el territorio.

3. Crisis al norte del Río Bravo
EE.UU. atraviesa una descomunal descomposición interna. Muchos indicadores socioeconómicos (en salud, vivienda, empleo, migraciones, educación) lo muestran. Y desde que Trump juró este mandato hace un año, sus candidatos perdieron elecciones en Nueva York, Nueva Jersey, California, Seattle, incluso Miami, entre otros, al tiempo que crece en la oposición un ala contestataria contra el establishment de los nuevos megamillonarios, los que de veras mandan. Acelerar su expansionismo en América Latina, atacar a Nigeria (el gran productor petrolero de África, en ese caso con una excusa de «persecuciones religiosas») o pretender, insólitamente, quedarse con Groenlandia o Canadá denotan la desesperación del magnate inmobiliario de la Casa Blanca por lucir presuntas conquistas externas para mantener la llama interna de sus adeptos nacionalistas.

Trump ya no puede ser reelecto. A su reloj le queda poca cuerda, con la parada de noviembre clave en las elecciones de medio tiempo. Por eso apura todo lo que puede su capacidad de destrucción.

Vicepresidenta a cargo. Delcy Rodríguez saluda al hijo homónimo de Nicolás Maduro.

Foto: Getty Images

4. América Latina en una hora oscura
EE.UU. atraviesa un repliegue mundial, el mundo unipolar con que soñó tras la caída del Muro de Berlín duró poco en tiempos históricos. Ese repliegue es mala noticia para América Latina, porque es a su costa, soberanía y recursos. El Gobierno de Trump lo dijo clarito: «El hemisferio Occidental (las Américas) nos pertenece», y buscará «echar» a cualquier otro que quiera ingresar (China). El reciente documento de Estrategia de Seguridad del país norteamericano habla de un «corolario Trump» de la Doctrina Monroe y lo aplica sin vueltas.

El escenario pesimista se completa con que, en paralelo, crecieron Gobiernos de derecha y muy reaccionarios (Milei el que más, el más incondicionalmente atado a la suerte de Trump, pero también los citados Noboa y Asfura, el paraguayo López, el boliviano Paz, el salvadoreño Bukele, pronto el chileno Kast).

Recientes procesos integracionistas (Unasur, Consejo de Defensa Sudamericano, Celac) están desaparecidos o inoperativos en su esencia por boicot de Argentina y sus aliados. De la OEA no cabe esperar nada. Incluso instancias subregionales como Mercosur son dinamitadas por el seguidismo a Washington. Brasil, ante tal coyuntura, está más volcado a construir con Asia y África que con la región. Y una alianza como podría ser la de los Gobiernos de Lula con el de Petro en Colombia y Sheinbaum en México (tres líderes que se han manifestado solidarios con Venezuela) no ha cuajado, si es que alguna vez se intentó. Así, la ofensiva de EE.UU. contra Venezuela tiene más campo libre de acción, con ese país hoy por hoy solo ayudado, en lo regional, por el humanitarismo y compromiso latinoamericano de Cuba y poco más.


5. La aldea global
Las teorías acerca de una guerra inter-imperialista como en la previa a la I Guerra Mundial, o de nueva Guerra Fría como en el post 1945, son equivocadas, narrativas occidente-centristas. Lo de EE.UU. es un regreso al imperialismo puro y duro. Y ciertamente arriesga a una tercera guerra mundial caliente. Pero Rusia y China, por citar los dos grandes adversarios del «Occidente» que pintan los Trump o Milei, están en otro juego, aunque desde luego se preparan para un escenario bélico si llegara el caso. Los Brics, de los que ambos países son parte sustancial, no quieren bloques, sino un internacionalismo donde primen la diversidad, la soberanía, la no injerencia, el consenso, la paz, la diplomacia y el multipolarismo.

Sobre Venezuela, Rusia y China han jugado sus cartas en la ONU, en el Consejo de Seguridad, con declaraciones muy firmes y apoyos de todo tipo al Gobierno de Maduro. No van a ir más allá, salvo que el cuadro se agrave globalmente porque Trump acelere en llevar al caos general en medio de su propia debacle.

La construcción de un nuevo orden donde el Sur Global pueda hacerse escuchar es una tarea larga. En esta noticia en desarrollo, el siglo XXI refleja una transición caótica y peligrosa.

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