Opinión

Carlos Heller

Dirigente cooperativista

Un cambio de expectativas

Reunión. Massa, el embajador Jorge Argüello y la secretaria de Minería, Fernanda Ávila, con ejecutivos de una empresa de tecnología.

Foto: NA

El Gobierno puso en marcha en estos días el tipo de cambio de 200 pesos por dólar para que los productores agropecuarios liquiden la soja retenida. Esto se hizo en el marco de un acuerdo con las cámaras del sector, que se comprometieron a realizar ventas por unos 5.000 millones de dólares. Cabe aclarar que quienes participan en esta operatoria no reciben dólares sino pesos, mientras los dólares van a reforzar las reservas del Banco Central.
Esto generó de manera inmediata un cambio de expectativas y bajas en las cotizaciones de los distintos tipos de cambio especulativos, tanto legales como ilegales, lo cual demostró que no hay ninguna razón real para una devaluación de la moneda nacional.
En el mismo plano, las negociaciones que el ministro de Economía, Sergio Massa, está llevando a cabo en Estados Unidos, que incluyen la segunda revisión del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), también van a abrir el camino al ingreso de divisas.
Hay que recordar que la Argentina tiene que pagar las cuotas del crédito que firmó Mauricio Macri, porque si no caería en default. Pero a medida que el FMI aprueba cada revisión trimestral, junto a esos pagos otorga un nuevo crédito que se traduce en el ingreso de divisas.
También se destrabaron operaciones preexistentes con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que además abrió líneas crediticias por 1.200 millones de dólares de libre disponibilidad, lo cual es novedoso, porque habitualmente los préstamos del organismo están ligados a inversiones.

Capitales fugados
Otro tema no menor de la gestión que lleva adelante Massa en Estados Unidos es el de las conversaciones con el IRS (Internal Revenue Service, equivalente a la AFIP local) para avanzar en la implementación de un acuerdo ya firmado, pero aún sin reglamentación.
Lo que se procura es que haya un mecanismo de información automática, que le permitiría a nuestro país acceder a la base de datos de depositantes argentinos en Estados Unidos, por un monto estimado en 100.000 millones de dólares. Allí puede haber depósitos declarados, pero también plata que se fugó, que no cumplió con la ley argentina y no pagó los impuestos correspondientes. De allí la importancia de estas tratativas.
A estas cuestiones se suman los contactos que el ministro y su equipo llevan a cabo para atraer inversiones, particularmente en las áreas energéticas y mineras. Todo esto apunta a paralizar las expectativas devaluatorias, lo que permitiría un gradual descenso de la inflación.
Siempre hablamos de la multicausalidad del flagelo y queda claro que las causas tradicionales son hoy el «vagón» y no la «locomotora», ya que no son las que generan las alzas de precios. El salario, el tipo de cambio, las tarifas, se ajustan porque suben los precios. Estos, en realidad, están fuertemente influenciados por las expectativas, tanto las genuinas como las especulativas.
Entonces, todos los eslabones de las cadenas de formación de precios toman recaudos por lo que puede llegar a pasar, y así van retroalimentando el proceso.
Si el que importa deja de sobreimportar, porque ya no piensa que se tiene que apurar porque va a haber una devaluación; si el que stockea de más deja de hacerlo porque se da cuenta que no es necesario; si el negocio del barrio deja de remarcar para precaverse por el supuesto mayor precio de reposición de su mercadería es probable que podamos ingresar en un proceso de descenso inflacionario paulatino.
Lo que necesitamos es una escalera descendente: que el índice de agosto sea menor que el de julio; que el de septiembre sea inferior al de agosto; que el de octubre sea más bajo que en septiembre. Si las expectativas juegan a la baja, en unos meses podemos volver a niveles normales, y desde ahí seguir avanzando.